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Manipulando el Nudo de 4 ¿Cómo anuda el padre-síntoma-una mujer?

Jorge Chapuis / Inés Rosales
Jornadas de los Colegios Clínicos (IF-EPFCL) en Tarragona, 30 mayo 2015

Desde hace cuatro años venimos trabajando cuestiones borromeas en dos carteles sucesivamente; y en diversas conversaciones entre ambos –informales o formalizadas para esta ocasión– nos han ocupado varias preguntas, sobres las cuales trataremos de ensayar algunas respuestas o hipótesis. Un breve ejemplo de la clínica también nos ha iluminado algunas ideas.

Las cuestiones –que no agotaremos ni responderemos en este orden– son:

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1. ¿Cómo y por qué pasa Lacan del nudo borromeo de 3 (en adelante NUBo3) donde articula sus 3 registros (Real, Simbólico e Imaginario), al Nudo borromeo de 4 redondeles o consistencias tóricas (en adelante NuBo4)?

2. Dado que Lacan atribuye a Freud un NuBo4, donde llama realidad psíquica al 4º que anuda, NombredelPadre, Edipo, etc. ¿por qué adosa esta cuarta cuerda anudadora a la consistencia de lo Real?

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3. Dado que luego Lacan adopta esta cuarta consistencia para su NuBo4 a la que acaba llamando Sinthome; y viendo que ese sinthome sigue siendo el NombredelPadre (aunque pueda suplirse con otra nominación), ¿por qué siempre en su nudo neurótico Lacan adosa el sinthome a lo Simbólico?

4. ¿Dónde se ve, en el breve ejemplo clínico de neurótico en análisis, esa equivalencia entre SíntomaPadreUna mujer? y ¿qué luz nos arrojó sobre el supuesto Nudo de Freud?

5. ¿Qué del sinthome al final de un análisis?

 

Recordemos que Lacan descubre el NuBo3 durante su Seminario “….o peor”, 1971/72, pero recién lo utiliza para anudar sus 3 registros RSI en 1973/74 en Les non dupes errent. 

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En “La tercera” y al comienzo de su Seminario RSI (1974-75), coloca sobre el Nudo aplanado gran parte de las estructuras que están en juego en la subjetividad: cuerpo, sentido, síntoma, todas las formas de goce, etc., y por supuesto el objeto a, apresado entre los 3 registros. 

También ha situado en el nudo el trio freudiano como intrusiones, desbordamientos o efectos de un registro en otro: La Inhibición como de lo Imaginario pero desbordado sobre lo simbólico; el Síntoma como de lo Simbólico produciendo efectos en lo Real, y la Angustia de lo Real intrusionando sobre lo Imaginario. Pero al tiempo que Lacan se sirve del Nudo para mostrar la diferencia entre lo RIS, cómo se inmiscuyen entre sí y lo que cada uno comparte o no, va viendo también que topológicamente el nudo borromeo mínimo, NuBo3 de 3 elementos, por su propia construcción (2 superpuestos y un 3º que anuda) es absolutamente homogéneo: una vez hecho no se diferencian la cuerda anudadora de las anudadas… Sin embargo él insiste en que bastan 3 para mostrar cómo se articulan sus 3 registros.

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Pero el 14-enero-75, Lacan atribuye a Freud un nudo de 4 cuerdas. Explica que Freud “tenía una sospecha” de los 3 registros, pero los piensa independientes aunque superpuestos uno sobre otro. Lacan habla de “una disyunción concebida como originaria”, por lo cual se le hace necesaria la “realidad psíquica” –Edipo, DiosPadre, etc., lo cual, dice Lacan: «no debe rechazarse» y «está implícito en mi nudo de 3»– para mantenerlos unidos borromeicamente. Dibuja este NuBo4 supuesto en Freud de modo que el Edipo se entreteje encabalgado sobre el Real, pasando alternadamente por encima y por debajo, de las otras 3 cuerdas. No encontramos que Lacan explique explícitamente porqué precisamente sobre lo Real. Esta es nuestra 2ª pregunta, sobre la que ensayaremos alguna hipótesis.

Durante un corto tiempo Lacan se resiste a abandonar su NuBo3 como estructurante; sin embargo, interesa ver que en la clase siguiente (21-enero) se ocupa del síntoma como de lo S desbordándose en lo R, diciendo que lo que no cesa de repetirse del síntoma “salvajemente es escritura… letra”; y sitúa al Padre como el síntoma del sujeto neurótico, y a Una mujer como síntoma del Padre, que a su vez hereda el hijo. De tal manera que ahora son equivalentes: Padre/Una mujer, ambos síntoma del S/ porque son “algo en lo que se cree, en tanto ellos pueden decir algo”

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Aquí traemos el ejemplo clínico: Un joven llega con una fuerte angustia (pánico, sudores y palpitaciones) a causa de unos pensamientos que él mismo califica de absurdos: una ex novia sueca podría estar embarazada de él, aún sin saberlo ella, pues lo niega; hecho que lo dejaría prisionero de un vínculo por paternidad no deseada. Otra, escocesa, que no acepta haber roto con él, podría acusarlo falsamente de maltrato físico, lo que implicaría su encarcelamiento. Lo más absurdo es que le han sobrevenido en su momento más feliz: ha roto con todas porque ha encontrado a su Una mujer; también extranjera, de Honduras. Pero “ella es maravillosa, guapa y tan sabia…es tan profundo lo que dice!”. 

El tiempo y las sesiones juegan a su favor, y sus miedos causados por aquellas mujeres ceden. Mientras tanto su relación con la elegida se ha consolidado. Pero teme presentarla a sus padres por ser muy diferente del modelo esperado… Sin embargo, cuenta que en su día su padre rompió durante un tiempo con su propia familia, por no aceptar a su madre, de clase social más baja. 

Se asombra del gran amor que la madre inspiró a su padre, a quien dio 6 hijos. “Para él nunca ha habido otra mujer; y cómo iba a haberla, si mi madre ha vivido a través de él, siempre tan dependiente! Lo ha atrapado en sus redes!”. De la risa a la sorpresa, empieza a entender algo de su síntoma, que ahora se dice mejor: miedo a quedar aprisionado por causa de una mujer. Y también del momentoen que aparece: cuando él, como su padre, ha elegido a Una entre todas. Él, dice, ama a su padre, aunque no se ocupaba mucho de los niños, siempre en su despacho; de pequeño solía decir “mi padre trabaja de firmar” (“Un padre no tiene derecho al respeto sino al amor, lo cual conlleva el pago al padre…hecho de una mujer-la madre-objeto a minúscula”). El progreso en el análisis le permitirá situar su síntoma en Una mujer, la suya, de la que dirá que la ama mucho, pero a veces su relación se torna inconfortable…ella es demasiado femenina, yal no tener aún amigos propios ni ejercer su profesión, depende demasiado de él. Él en cambio tiene un buen trabajo, dinero y amigos. Ahora entonces la idea absurda que lo angustia es: “ella siente envidia de todo lo que yo tengo y ella carece”.

Dejamos aquí el ejemplo, casi literal del Síntoma Padre/Una mujer, en los que se cree que pueden decir algo (¡más si es algo “profundo”!). 

Prosiguiendo con Lacan, en la clase del 11-Febrero, vuelve sobre el NuBo4 atribuido a Freud, y, decididamente se queda con esa tétrada; donde a esa 4ª consistencia que a la vez une y discrimina los 3 registros llama ahora Función del Padre o NdelPadre: a veces en plural, ya Real, Simbólico e Imaginario son nombres que da el padre, siendo ese acto denombrar, la función del Padre. Pero de ese cuarto elemento –NdelPadre– con más o menos ambigüedades sobre si es indispensable o no, dice aquí que es “suplencia”. ¿Suplencia de qué? De la relación sexual que no hay entre Uno y el Otro sexo (Recordemos que, una condición del NuBo es que nunca dos redondeles están enlazados entre sí). 

Este 4º, suplente y luego también suplido, era necesario para que los 3 registros dejaran de ser homogéneos, para introducir a la vez la unión y la diferencia, los nombres de cada uno, los nombres de las cosas. Función de nominación, semejante a la de Dios, al crear nombrando. Por eso a esa «realidad psíquica» que el Padre crea, Lacan le llama también realidad religiosa. Pensamos que también es religiosa por tratarse sólo de una creencia, una construcción de neurótico: un artificio. ¿En qué consiste este artificio del neurótico? En hacerse un Padre, un Edipo que una/nombre los 3 registros donde se mueve su experiencia subjetiva, supliendo lo que en verdad no se une: un sexo con el otro. Pensamos que a este nivel de descreimiento no llegó Freud, o al menos no llegó a teorizarlo de forma tan contundente como Lacan.

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A partir de aquí Lacan ensaya una y otra vez la topología del NuBo4. Y a raíz de que en uno de esos ensayos se equivoca al trenzar y se le deshace, parece comprender que, la ventaja del NuBo4 es, precisamente, no apilar sus 3 registros de cualquier manera; porque si bien desde el punto de vista topológico, el nudo es el mismo donde se ponga cada uno (es tan convencional como ponerle colores), sin embargo es necesario que Lacan dé su intención, su valor a cada uno. Y ahora su intención será hacer cabalgar el 4º (NombredelPadre/ Función de nominación) sobre lo Simbólico. S debajo, I arriba y R en medio.

¿Por qué? Porque lo Simbólico es agujero. Recordemos lo que decía de entrada: Lo Imaginario se caracteriza por la Consistencia, lo Real es la ex-sistencia y lo Simbólico es el Agujero: la palabra agujerea la Cosa, horada lo Real al extraerlo; y el Padre como Nombre y como nombrante es pura función vacía, puro agujero, y como tal simbólico, que agujerea todo lo que nombra. A ese agujero,NombredelPadre que anuda al nombrar, en la clase del 15-abril le llama “prohibición del incesto”, de lo cual dice que “se propaga por el lado de la castración” (podríamos decir: es lo que agujerea el Goce) Por todo esto se dice que el 4º elemento viene a reduplicar lo Simbólico

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Sobre el final del Seminario RSI (13-mayo) vuelve al trio freudiano y se pregunta si podría haber una nominación imaginaria como Inhibición, una simbólica como Síntoma, y una real como Angustia; las cuales serían otros NombredelPadre, y podría pensarse en un NuBo6.

Al año siguiente, 1975-76 en el Seminario 23, El Sinthome, no desarrolla esas otras nominaciones (por la Inhibición de lo Imaginario, ni por la Angustia de lo Real); sino que parece quedarse con la nominación por el síntoma adosado a lo Simbólico para el neurótico, que ahora llama Sinthome, con su nueva grafía. Sinthome será entonces ese 4 elemento que anuda Real, Simbólico e Imaginario, al mismo tiempo que sigue siendo para él equivalente al NombredelPadre; es decir, tal como lo intuía en aquella clase del 21-enero en que hablaba del Padre-Síntoma-Una mujer, y donde situaba el Síntoma en lo Simbólico desbordado sobre lo Real. 

En la primera clase de El sinthome lo dice así: “Digo que hay que suponer tetrádico lo que hace al lazo borromeo –que perversión sólo quiere decir versión hacia el padre–, que en suma el padre es un síntoma, o un Sinthome”. Es interesante ver que, mientras que en RSI va construyendo su teoría a medida que dicta el seminario, en El Sinthome parece tener bien claro cómo empieza y cómo acabará: sabe que su progreso será partiendo de Joyce. 

No trataremos aquí esta cuestión

Solo decir que será Joyce quien le permitirá hacernos saber: que el NuBo4, de cuatro consistencias, donde la cuarta que anuda es el NombredelPadre adosado a lo Simbólico, sólo es neurótico; mientras que el Nudo que Joyce conseguiría anudar (para que su Imaginario no se suelte) también mediante una 4º consistencia a la que también considera como un sinthome y lo llama ego corrector. Se consigue así un anudamiento pseudoBorromeo porque cuenta con Real y Simbólico encadenado entre ellos, lo cual contradice la condición borromea de que 2 nunca se anudan entre sí. Aquí veríamos a este 4º elemento joyceano o ego corrector, ejercer su función como suplencia de la suplencia: si el NombredelPadre era suplencia de la relación sexual que no hay, el nombre de Joyce (o su escritura) sería suplente de ese suplente. Finalmente, esto nos lleva a pensar el funcionamiento de algunos sujetos por un lado sin esa Función del Padre-Una mujer y también sin un nudo propiamente borromeo.

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Ahora queremos volver a nuestra 2ª pregunta y a la escritura de NuBo4 que Lacan atribuye a Freud, donde el 4º que anuda –Edipo, Realidad Psíquica– lo adosa a lo Real (y no a lo Simbólico, como luego hizo él con su propio NuBo4). Lacan no da razones sobre esto, pero planteamos una hipótesis basada en tres observaciones: 

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1- Lo que hemos dicho sobre las otras nominaciones posibles: además del Síntoma que proviene de lo S, hay la Inhibición que provendría de lo I, y también la Angustia que provendría de lo R (que no dejan de ser 3 formas clínicas de manifestarse el malestar del Sujeto). 

2- Cuando L en esta misma clase (RSI) habla de la posibilidad de la nominación desde lo Real (Angustia), dice que esa función no la haría “el Padre como Nombre”, sino tal vez “el Padre en tanto Padre”, o sea en el Padre Real. ¿Y cuál era el Padre Real de los “tres tiempos del Edipo”?: el padre terrible, agente de la castración; aquel que provoca la “angustia de castración” al Sujeto, por lo que debe resignar el gozar de la madre. Y 

3- Algo contenido en el fragmento del caso: el malestar de ese sujeto se manifiesta por estados de angustia, causados por Una mujer (herencia paterna), cuya supuesta envidia –del pene– provocaría en el Sujeto la angustia –de castración–. Si lo pensamos desde aquí, en ese momento esa Una-mujer no habría alcanzado aún el estatuto de Síntoma como nominación adherida a lo Simbólico, sino de Angustia, como nominación de lo Real. 

Hipótesis:Freud, visto desde Lacan, situaría al Padre en tanto Padre –otro NombredelPadre– que consigue prohibir el incesto/anudar, nominar desde lo Real de la angustia. De ahí la posición del 4º elemento.

Para terminar, decir cómo nos representamos algunos tiempos lógicos del Sujeto, y del Sujeto en análisis en relación a su síntoma-sinthome:

Tiempo 0: de mítica unión que nunca fue;el tiempo del Goce que no hay.

Tiempo 1: por la marca del lenguaje no hay relación entre 2 (no hay relación sexual); un tercero la borromeiza, pero no es suficiente para ponerlo en evidencia.

Tiempo 2: se produce una ficción que enlaza R, I y S, un artificio en el parlêtre: un NombredelPadre que en el acto de nombrar une y separa. El Padre se reduce a un sinthome, una suplencia.

(Y dos tiempos más, suplementarios y posibles para el Sujeto en análisis):

Tiempo 3: El Sujeto construye y deconstruye muchas veces su proceso borromeo, pero aquí ya empezaría a operar otra suplencia, otro sinthome: es el llamado Analista-Sinthome, en posición de SSS, a través del cual el analizante cree en lo que construye-deconstruye.

Tiempo 4: El 4º que anuda es sí un sinthome pero ya no es el NdelP ni el analista, sino un nuevo nombre que él se ha inventado, partiendo de lo que fue su síntoma, declinado… de aquel síntoma que, lógicamente habrá perdido su goce inicial, quedándose con el resto que pueda. 

 

 

Notas 

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Así como el NudoBorromeo de 3 es único, hay solo dos nudos borromeos de 4 cuerdas correspondientes a las nominaciones por lo Simbólico (Σ) y por lo imaginario (Ni). Las 2 posibles «nominaciones por lo Real» corresponden a 2 Nudos borromeos diferentes productos de las dos únicas maneras de encabalgar la cuarta cuerda sobre R. Una de ellas (Nrs) es equivalente al Σ (sinthome) encabalgado sobre lo Simbólico y la otra (Nri) es equivalente a la Ni asociada a la Inhibición y encabalgada sobre lo Imaginario.

Bibliografía

J. Lacan. Seminario 19, …o peor (1971/72). Buenos Aires: Paidós, 2011.

J. Lacan. Seminario 21, Les non dupes errent. (1972/73 inédito). Hay varias versiones en francés y castellano en copias dactilográficas y/o localizables en la red.

J. Lacan. Seminario 22, RSI (1974/75 inédito). Hay varias versiones en francés y castellano en copias dactilográficas y/o localizables en la red.

J. Lacan. Seminario 23, El sinthome (1975/76). Buenos Aires: Paidós, 2006.

El niño y su relación con los otros. Lo que los niños eligen

(Desarrollado en el marco de un Seminario sobre Psicoanálisis y Educación, en Soria, curso 2009-10)

Temas:

  • ¿Qué y cómo los niños eligen y los eligen?
  • ¿Qué queda en el adulto del niño que fue?
  • Concepto de neurosis infantil en el adulto y neurosis en el niño
  • Manifestaciones sintomáticas más frecuentes

– Lo primero que he pensado es que estábamos en un Seminario de Psicoanálisis y Educación, y que por eso tendría que decir algo sobre la relación entre ambos términos, aunque seguramente los colegas que estuvieron antes ya lo hablaron; pero yo quiero reflexionar brevemente a mi manera, sobre porqué el introducir conceptos del psicoanálisis puede servir a personas que tienen a su cargo la educación de los niños (y de las niñas; todo lo que diga vale, lógicamente para ambos, salvo cuando se expliciten las diferencias); encuentro al menos dos razones:

1ª) Porque un niño, ciertamente es a la vez objeto y  Sujeto de la enseñanza y del aprendizaje, y como tal tiene derechos y deberes. Pero también, como ya habréis visto, es un Sujeto del Inconsciente; esto quiere decir que tiene un Inconsciente, que es la principal hipótesis del Psicoanálisis, permanentemente contrastada en la clínica y en la vida cotidiana. Qué quiere decir que el niño tiene un Ics.? En primer lugar quiere decir que, como todos, está dividido: o sea que una parte de él puede querer una cosa, pero otra parte de él puede que desee lo contrario. Cuando un mal alumno dice: “Sí, este trimestre quiero portarme bien, hacer los deberes, estudiar…”, es verdad…sólo que otra parte de él quizá no lo desea (con un deseo inconsciente, que apunta a su verdad más íntima, y que tendrá que ver con lo que tenemos que hablar luego, sobre las elecciones de los niños). A veces eso que le pasa constituirá una inhibición (no poder aprender, o no poder encarar el estudio) y/o un síntoma (algo que finalmente le cree malestar a él mismo). Bien, en este caso tenemos que intentar saberlo para poder ayudarlo (Volveremos sobre la cuestión del Inconsciente)

2ª) Otra razón de la utilidad de los conceptos psicoanalíticos en relación a la Educación es: que entre los profesores y los alumnos se establece un vínculo de saber (ya sé que el saber del profesor está decaído, subestimado en nuestra época para muchos escolares, pero no para todos, o en todo caso habrá que apostar cada vez por revalorizarlo y porque el enseñante se haga merecedor de ello…) Digamos que al profesor se le supone que sabe o que no sabe (sabe o no su materia, transmitirla, etc.) Y muchas veces, ligado a esto, se establece también un vínculo de amor…o de odio, que es su contrapartida. Y bien, en Psicoanálisis saber y amor son los elementos de la Transferencia, concepto psicoanalítico fundamental. La Transferencia es suponer que el analista sabe lo que me pasa. De modo que el sujeto que se psicoanaliza le transfiere al analista el propio saber de su inconsciente. Por eso le ama…y a veces le odia. Pero sin esa Transferencia o suposición de saber no puede haber análisis. Creo que en la Educación, si bien se trata de una modalidad diferente de Transferencia, y de una modalidad distinta de saber, también hace falta que el niño crea y confíe que el maestro sabe, para querer aprender y aprehender  ese saber del maestro.

Saber que esas dos cuestiones se ponen en juego en el trabajo con los alumnos (que son Sujetos del Inconsciente, y que se establece un modo de Transferencia con el profesor) puede ser de gran utilidad. En todo caso podemos decir que, ciertamente el psicoanálisis no puede ofrecer una respuesta suficiente o total a las cuestiones de la educación. Pero si es posible pensar en ella con el psicoanálisis. Es decir, se trata de colaboración. Gracias al psicoanálisis, los maestros pueden reflexionar conceptos fundamentales, en sus alumnos y en ellos mismos, que estaréis viendo en este Seminario: teorías sexuales infantiles, libido, transferencia, inconsciente, pulsión…, lo cual implica una preparación apropiada del educador.

 

– Vamos a adentrarnos a pensar, entones, en el niño como Sujeto del Ics., y ya dentro de nuestro tema: ¿Qué es lo que un niño puede elegir, o de qué elecciones se trata en el Sujeto, desde que viene al mundo?

Las elecciones de las que os voy a hablar, evidentemente no son las elecciones conscientes: elegir un juguete, una ropa, ni siquiera un amigo…éstas en todo caso se derivarán de las que nosotros vamos a tratar, que son unas elecciones primarias, inconscientes, e incluso, aunque parezca contradictorio, elecciones forzadas, como decía Lacan. Entonces, otra vez nos topamos con el Ics. Ya lo habréis visto, pero repasémoslo para verlo desde nuestro tema.

¿Qué es? Decimos dos cosas del Ics.: que es el discurso del Otro y que está estructurado como un lenguaje. Las 2 fórmulas son equivalentes, porque quieren decir que nuestro Inconsciente está hecho de lo que el Otro nos ha hablado desde que llegamos al mundo humano, que es sobre todo un mundo de lenguaje (nuestra principal diferencia con los animales) Por eso el Ics. tiene estructura de lenguaje. Y lo que caracteriza al lenguaje, a la palabra, al significante, es que, dependiendo del contexto de la frase, una palabra puede querer decir una cosa, pero en otro contexto quiere decir otra cosa (ej. si digo “ven a mi casa”, casa es hogar. Pero si digo “eso no casa con mi forma de ser”, casa quiere decir concuerda…) Por eso lo que decimos ante el psicoanalista, quiere decir también otra cosa, que es lo que se escucha en el dispositivo analítico: el paciente dice una cosa, y el analista en ocasiones, escucha otra: es el fundamento de la interpretación. Y es esa propiedad del lenguaje (que una palabra remita a más de un significado), lo que provoca la división del  sujeto que tiene un inconsciente; en el ejemplo veíamos: que una parte del niño quiera cumplir con sus deberes, y otra parte se niegue a hacerlo, por otras razones más íntimas, más inconscientes, menos sabidas…pero que seguramente tienen que ver con algo del lenguaje, con algo que se ha dicho de él, con algo que se decía de sus padres, etc., etc. Por ejemplo, la fuerza o la debilidad que en esa familia tome la palabra deber, deber ser, tú debes ser tal cosa o tal otra… Puede que esa palabra tome una fuerza o una presión insoportable para el niño; o por el contrario, que nada signifique si está en una familia poco adaptada a las normas… En fin, si el niño fuera a un analista, eso se trataría de averiguar…

– Entonces, preguntarnos de qué forma comienza un niño a ser Sujeto del Inconsciente (o a tener un Ics.) es lo mismo que preguntarnos de qué forma se hace hablante; y esto nos dará la pauta de lo que es: la primera elección que todo niño hace. Vamos a tratar de explicarlo:

Cuando un niño nace, tiene un montón de necesidades confusas, que él no discrimina: no sabe si es hambre, frío, caca, nada, porque no tiene ninguna experiencia anterior, no tiene palabras para nombrar lo que siente, entonces no sabe qué es. Él solo llora, grita. Pero quien le recibe (llamémosle la Madre, puede ser otro), al grito del niño le va dando valor de mensaje y de pedido (Demanda), o sea, le va interpretando esas necesidades, y le va poniendo nombres, palabras: ahora lloras porque tienes hambre y te doy ñam-ñam, o leche; ahora lloras porque tienes caca y te cambio; ahora frío y te tapo. Le habla y le da, pero también le pide (también ella le demanda): come, déjate alimentar…  Y al hablarle y al darle y pedirle, a esas necesidades primitivas que él no discriminaba, las está transformando en Demandas. Al cabo de un tiempo el niño sí sabrá que tiene hambre, y que si llora será  la forma de pedir lo que después ya dirá ñam-ñam, teta, bibi o lo que sea…Aquellas necesidades primitivas, ya no serán puras, confusas como eran, porque se han convertido en demandas, es decir, en palabras, y el niño se estará convirtiendo en un sujeto de lenguaje.

Ésta es, pues, la primera elección que tiene que hacer el niño: elegir al Otro con su lenguaje; elige y acepta que sea el Otro quien decida qué es lo que él quiere cada vez (aunque no sea seguro que sea eso… da igual, él se entrega a ese Otro que es la madre); elige y consiente hacer de su llanto un pedido, una demanda de algo cada vez, y elige y acepta a su vez el pedido de la madre, que es, según el momento: come, haz caquita aquí en el orinal, etc.…Esta elección primera se resume en: elegir al Otro y al lenguaje que viene de él, y que Lacan la llama la “alienación al Otro”.

También desde el psicoanálisis se dice que el niño o la niña, en esa posición, es como el falo de la madre… es decir, es lo que viene a cubrir una falta sentida así desde la sexualidad infantil de la madre, según Freud.

Bien. Pero ¿podría el niño haber elegido otra cosa distinta? ¿Podría no haberse “alienado” al Otro, podría negarse a llenar la falta de la madre y a hacer él mismo de falo de la madre?, ¿podría negarse a ser hablado?  Dijimos que esta elección primera era una “elección forzada”. En este momento de su vida, elegir otra cosa, sería más que la psicosis, creo yo; sería casi la muerte del niño (a veces, por suerte muy rara vez, pero ocurre que el recién nacido no se deja alimentar, no responde a lo que se le ofrece, y puede que muera enseguida de nacer…) Pero para que el niño elija la vida en el sentido del lenguaje del otro, hace falta que el niño a su vez sea elegido por el Otro para empezar a hacerlo un Sujeto que habitará el lenguaje. Aunque esa elección del Otro, ya estaba incluso antes que el sujeto naciera, desde el mismo momento en que se empieza a hablar de él.

Entonces, este es un tiempo necesario de alienación al lenguaje del Otro, donde ambos, madre e hijo se hallan unidos en una especie de unidad ideal, unidos y hasta con-fundidos: cada uno cree que lo que él desea es lo que el Otro le pide y viceversa. Es la época en que la demanda de la madre hace que el niño libidinice objetos y partes de su cuerpo: así aparecerá el objeto oral (la boca o el pecho de la madre, o cualquier otro objeto que se chupe), el objeto anal (el culito, la caca, o todo lo que ensucie) como objetos propios de la sexualidad infantil, promovidos por la madre a través de lo que le pide al niño (que coma, que haga caca…)

Es una época de unión tal con el bebé, que muchas mujeres después recordarán como confusa, con una sensación de que no se podían despegar, algo entre el placer y el displacer… Y parece como si algo se supiera de esa necesidad de producir una salida, una separación de esta unidad, porque el mercado de trabajo manda que al cabo de 3, 4 meses, la madre se reintegre en su trabajo. Porque, efectivamente, de esta alienación necesaria en un momento, el niño deberá poder salir en otro momento.

Salir (o no) de esto que Lacan llamó también: “El circuito infernal de la demanda”, será la siguiente o segunda elección del niño (Fijaos en algo interesante: la primera elección es entrar, la segunda es salir, separarse) Pero, ¿cómo se sale, y qué estaría eligiendo el niño al elegir salirse de esta trampa del otro?

Se sale a través de una estructura que Freud nos enseña a reconocer, y que él llamó el Edipo. ¿Cuál es la verdad del Edipo? Que el niño se enamore de la madre y que desee la muerte del padre, eso es el mito. Pero lo que este mito nos deja como estructura, la verdad que arroja, es lo que a nosotros nos va a servir para pensar cómo el niño escapa de esa prisión con la madre. Esa estructura edípica es sencilla: en un momento dado del desarrollo del pequeño en que madura su percepción, él advierte que entre  él y la madre se introduce algo; percibe que la madre no sólo lo mira a él, sino que mira o se interesa también por algo que está más allá de él… comienza a percibir que la madre tiene otro interés, otro deseo que no es sólo él: Se da cuenta de la existencia de un tercero. Este tercero, generalmente es el padre y nosotros vamos a llamare así. Aunque en las familias monoparentales, donde sólo está la madre, este lugar tercero, esta función simbólica que llamamos “función paterna”, puede estar ocupado por otra persona o por otra cosa… a veces por ejemplo por la profesión de la madre, por la que ella vuelve a interesarse, y que cumple con esta función de separar un poco esa unión confusional entre madre-hijo.  Bien. Al ver entonces que la madre desea otra cosa o persona fuera de ellos dos, es como si el niño interpretara que él ya no es el falo de la madre. Y que si la madre desea algo, entonces es que a la madre le falta algo… y a él también, porque ya no la llena, ya no se completan mutuamente. Y esto, por un lado, es como un momento depresivo para el niño. Pero al mismo tiempo, si todo va bien, el niño se apoyará en ese deseo de la madre que ahora descubre que tiene,  y comenzará a desear él también otra cosa fuera de la madre… lo que hay más allá de la madre, y que Lacan dirá que el niño o niña comenzará a desear el falo (como aquello que representa tener un deseo propio). Si hay padre, comenzará a interesarse por el padre, o por la persona que sea, además de la madre. En última instancia, podríamos decir que esta segunda elección del niño, que consiste en salirse de la Madre (con mayúsculas) implica al mismo tiempo elegir al Padre (como equivalente a lo que está fuera de la madre y le permite separarse de ella): es lo que Lacan formaliza como “Metáfora paterna”.  Más tarde, cuando comience la Escuela, si todo va bien, el interés o el deseo, o la elección del niño se dirigirá a los otros niños, a los aprendizajes, a la cultura en general…En este sentido la Escuela tiene una función muy importante, aunque no siempre se sea consciente de ello: la de apuntalar esa separación necesaria de la madre, o de lo edípico, o de lo familiar en general

Pero en otro orden de cosas, en un orden más íntimo de la realidad psíquica de ese sujeto, al elegir salirse del circuito infernal de la Demanda con la madre, y comenzar a tener un deseo propio, también estará comenzando a elegir dos cosas más, vinculadas entre sí:

1- Estará eligiendo no ser psicótico: si el niño se queda alienado con la madre, no accederá tampoco a un lenguaje propio, que tenga un sentido para poder relacionarse con los otros… Se quedará con un lenguaje, sí, porque hasta ahí lo entró la madre; pero será el lenguaje incomprensible de los psicóticos: que usan frases sin sentido y neologismos en vez de usar las palabras pactadas en cada idioma, en cada lengua materna. En cambio, si elige no ser psicótico, es decir, abandonar la unidad ideal con la madre, entonces no tendrá más remedio que elegir esa división que produce el lenguaje, que dijimos que era el mismo inconsciente; pero esto es equivalente a elegir ser neurótico. Esta elección es lo que se llama la Neurosis infantil. Y esto- aunque suene extraño- es lo contrario de la Psicosis. Por eso, cuando vemos un paciente adulto o adolescente “límite”, de esos que es difícil saber si se trata de un psicótico o un neurótico- grave pero neurótico al fin-  lo primero que tratamos de investigar es si hubo o no “neurosis infantil”; es decir, si él nos puede o no dar cuenta, de alguna manera, de que no se quedó apresado; que tiene recuerdos de su infancia, es decir, que tuvo lenguaje y deseos propios, incluso que tuvo síntomas de pequeño… Por eso, los psicoanalistas hablamos de que la estructura común a la mayoría (casi seguro, a todos los presentes) es la normal-neurótica. Porque, tal como lo hemos ido explicando, todos estamos divididos por el lenguaje que dice lo que dice, pero también dice otra cosa… que nos hace querer una cosa, pero tal vez desear otra que es a veces lo contrario. Y que hace que, en algún momento de nuestra vida, todos hagamos un síntoma.

Pero, al elegir ser neurótico, también estará empezando a elegir en qué tipo de neurosis se decantará, o se decantarán sus síntomas cuando aparezcan… ¿Histeria? ¿Neurosis obsesiva? En general, es más frecuente que las mujeres se inclinen hacia la histeria, y los hombres hacia la neurosis obsesiva. Pero lo más frecuente es que los pequeños, niños o niñas  tiendan a hacer fobias…Quien más quien menos, de niño ha tenido algún miedo poco justificado: a la oscuridad, a los extraterrestres, o simplemente a algún animal; o bien ha tenido conductas evitativas, exceso de timidez, ganas de huir de determinadas situaciones. La fobia es la neurosis propia de la infancia. Incluso el llamado TDAH, cuando va acompañado de no poder estar el niño en un mismo lugar, resulta muchas veces una modalidad de fobia, de huída permanente del espacio donde le toca vivir, de temor a permanecer…Lo cual se habrá de ver en cada caso de qué escapa ese niño con sus movimientos imparables…Me trajeron a supervisión el caso de un niño con ese diagnóstico (del que nosotros creemos que se abusa, y que además no constituye una “estructura clínica” como la psicosis o las neurosis… más bien podría ser sí un síntoma de cualquiera de esas estructuras) Y precisamente tenía una madre tan tremendamente absorbente, tan controladora, tan descalificadora del padre, que sin duda el niño, con sus movimientos hiperactivos, vivía tratando de escapar, de evitar, podríamos decir,  volver a quedar atrapado en el “círculo infernal de la Demanda” de esa madre…Y también el llamado “fracaso escolar”, muchas veces tiene igualmente como trasfondo una fobia: a lo escolar, a dejarse prender en la relación transferencial con el maestro, etc.

Entonces, si la fobia es la neurosis infantil por excelencia, en un momento dado, hará de “plataforma giratoria” que decantará al sujeto hacia la histeria o hacia la neurosis obsesiva, que ya serán entonces, las neurosis del adulto, con el tipo de síntomas propios de cada una, etc.

2- Y la otra cosa que estará eligiendo el niño al salirse de la madre y comenzar a vislumbrar un deseo propio, es una elección de objeto, como le llamaba Freud. Y esto a su vez en dos sentidos: a) Según Freud, cuando el niño o la niña  resuelven su Edipo, de forma inconsciente ya se habrá producido su elección  por un objeto heterosexual o por un objeto homosexual (aquí entendiendo por objeto a la persona que elija) y b) También habrá elegido, entre los objetos libidinales de su cuerpo, aquellos que la madre libidinizaba con su demanda, uno de ellos como preferente para gozar con él ¿cuándo? Ya en su etapa infantil habrá mostrado su preferencia, por chupar, o por interesarse por su caca, o por mirar los genitales de otros niños, o hacerse mirar, etc. Pero luego, al poder hacer otro uso de su sexualidad, a partir de la pubertad y sobre todo en la edad adulta, será ese el objeto preferido de su fantasma ¿Qué quiere decir? Que los neuróticos necesitan fabricarse un fantasma erótico (tener una fantasía sexual) para poder relacionarse con el otro sexo. Porque, al haberse hecho hablante, el sujeto ha perdido el instinto animal. Por eso, ni un hombre puede acostarse con cualquier mujer ni una mujer con cualquier nombre. Cada uno puede con algunos…¿con quiénes? Con los que creemos que tienen un rasgo común entre ellos, que consuena con nuestro fantasma que, como hemos dicho, contiene un objeto preferente (oral, anal, algo de la mirada o de la voz), que es un objeto elegido o fabricado desde la infancia, aún cuando no siempre el sujeto sea consciente de ello. A su vez, esto generalmente estará relacionado con la neurosis elegida: en las histéricas el objeto preferencial es más bien oral (de ahí que los problemas con la alimentación suelen ser más frecuentes en las chicas) y en los obsesivos el objeto preferente suele ser más bien el anal. Esto sería lo que queda en el adulto del niño que fue.

Cuando un sujeto elige esta estructura -la más frecuente- entre normal y neurótica, también elegirá querer o no querer saber sobre él mismo, sobre el porqué de sus síntomas o de sus malestares cuando los tenga… Eso hará que el sujeto sea más o menos afín a su inconsciente; más o menos afín a un posible trabajo analítico. A veces, este rehusamiento del niño a querer saber lo que le pasa, puede hacer que lo extienda a no querer saber nada, y que rechace también el aprendizaje y cualquier otro saber que le puede otorgar la escuela…

TÚ ADOLESCES – Creces, cambias, sufres…

Extraído del libro: HABLANDO CON ADOLESCENTES, de Manuel Baldiz y M. Inés Rosales. Editorial Biblioteca Nueva. Capítulo 1.

 

Ya irás sabiendo hasta qué punto los psicoanalistas nos ocupamos de las palabras: son nuestro instrumento de trabajo porque el inconsciente de cada cual está hecho de lenguaje, es decir, en tu caso, de todo lo que se dice y se ha dicho de ti, incluso desde antes de que tú nacieras…

Entonces, como te decíamos en la Introducción, vamos a pensar en las palabras adolescencia y adolescente. Y lo vamos a hacer desde la etimología y desde el sonido (Intentaremos ser breves, y tú un poco paciente. Te interesará)

Etimológicamente provienen del latín: adulescentia y adulescent o adolescent, que a su vez derivan del verbo adolescere, que significa crecer.  Pero gráfica y fonéticamente (por las letras y por el sonido) este verbo, que traducido sería adolescer, se escribe y suena muy parecido a  adolecer, que significa padecer de algo,  o carecer de alguna cosa. Y ambos contienen la partícula dol que remite a dolor. Adolescencia entonces, parece conllevar crecimiento, cambio, dolor y falta (¿Sientes que podrías estar de acuerdo, así, a primera leída?) Las definiciones que dan los diccionarios de la lengua castellana destacan la vertiente de tránsito, de pasaje, entre la niñez y la edad adulta: “Edad que sucede a la niñez, y que transcurre desde la pubertad hasta el pleno desarrollo”                                                                        

Utilizando el verbo como se hacía en latín podríamos conjugar: “tú adolesces”, que querría decir: “tú creces”. Y es verdad, no sabemos si fue recientemente o hace ya algunos años, pero es posible que hayas pegado un buen estirón ¡Y cuántos cambios en tu cuerpo! Además de ganar en altura, peso, masa muscular (con el consiguiente aumento de tu fuerza física), han cambiado tus proporciones: puede que se hayan alargado tus piernas, que se hayan redondeado tus caderas y crecido los pechos si eres una chica, y que tu espalda se haya puesto más cuadrada y te haya salido barba si eres un chico; y fundamentalmente tu aparato genital ha tomado la forma, el tamaño, la anatomía y la fisiología del adulto.

Y como el YO de cada uno está ligado a la imagen del cuerpo propio en el espejo (te contaremos más de esto en otro capítulo), entonces, al mirarte allí y ver qué diferente estás…  empiezas a sentir que tu YO también ha cambiado, y es posible que comiences a preguntarte ¿quién soy?, y a constatar que el niño o niña que eras, irremediablemente se ha perdido; se ha perdido para ti, y también para ellos, tus padres (cuestión sobre la que también volveremos en otro lugar). Posiblemente éstos sean momentos de adolecer, sobreviniendo sentimientos de falta, de pérdida, de inseguridad y de dolor…

 

TÚ CAMBIAS, ÉL CAMBIA…

Pero además están los otros chicos y chicas, tus semejantes, que también funcionan como espejos: tú te miras en ellos, que, al igual que tú, también han crecido y han cambiado. Algunos de los jóvenes de ambos sexos que escuchamos en nuestras consultas, creen que los otros están mejor que ellos ¿Quizá les ven más altos, más fuertes, más delgadas o mejor formadas, con proporciones casi perfectas, o facciones más delicadas o más recias, según el gusto o mejor dicho el ideal de cada uno?  Entonces, si es así, puede que a veces no se gusten tanto y sueñen con ser diferentes o con modificar alguna parte de su cuerpo; y hasta es posible que lo piensen con reiteración, y que miren a los demás y se comparen con insistencia…También en este punto ellos y ellas se duelen, y sienten que adolecen de lo que querrían tener, de lo que creen que el otro o la otra tiene más y mejor.

No sabemos si en algunos momentos esto te pasará a ti, pero, si es así, te vamos a confesar un secreto: Casi podemos asegurarte que ese íntimo amigo o amiga con quien te comparas y que crees que siempre sale ganando, también piensa que quien tiene las cosas (sean físicas o de otro tipo) que a él le faltan, de las que adolece, ¡precisamente eres tú! ¿Por qué pasa esto?

El Psicoanálisis nos enseña que lo que se desea nunca está del todo disponible, no se encuentra, está como perdido para cada uno… Entonces, se tenga lo que se tenga (belleza, dinero, gran inteligencia, etc.), nunca es suficiente para el sujeto, porque nunca es eso que busca sin cesar, y que supone (pero sólo supone) que quizá el otro sí  tenga la suerte de poseerlo. Y aunque se vayan obteniendo cosas, lo que en un momento se cree que es el verdadero objeto deseado ¡va cambiando constantemente! y va tomando diferentes nombres ¿Has visto que a veces piensas que lo que a ti te falta es tal o cual cosa, y, después de obtenerla empiezas a pensar que lo que en realidad quieres es lo de más allá?  Bien, esto es así; lo cual no significa que no intentes conseguir lo que te gusta, ni mucho menos. Pero sí está bien poder pensar que lo que se va consiguiendo nunca es todo, porque todo no puede tenerse, ya que siempre habrá esa impresión de que lo deseado está precisamente más allá; y eso vale para ti y para el más admirado o (¿por qué no decirlo?) envidiado de tus amigos y amigas

Pero no sólo el espejo y tus semejantes en los que te miras te indican que has cambiado. También los adultos te miran y te ven muy diferente de como lo hacían hasta hace unos años. Y si las cosas van más o menos bien, ellos te dan más derechos; pero también ¡te piden más responsabilidades! Y eso es así no sólo en casa y en el colegio (que ahora es enseñanza secundaria). También en lo social en general se te toma muy en cuenta. Fíjate: aunque no gusta pensar en esto, en muchos países la llamada “responsabilidad penal” comienza en la adolescencia. Y en otro orden de cosas, la misma publicidad te tiene muy en cuenta: jóvenes como tú (o tú mismo, vaya a saber…) salen como protagonistas en muchos anuncios; y en todo caso, muchos de estos reclamos van dirigidos a ti. Y es que se te considera un potencial comprador, y muy importante, ¡un consumidor hecho y derecho! Y claro, te quieren vender de todo, porque de alguna manera ellos también saben que tú buscas y no cesas de buscar esos objetos de deseo que, como decíamos, van cambiando constantemente…La ropa de moda, el móvil de última generación, ¡a veces la moto! (¿a que has tenido no pocas discusiones por ella con tus padres?)

No sé si te habrás dado cuenta que esta nueva mirada de los adultos hacia los adolescentes, no siempre es confiada. En ocasiones, a algunos mayores los más jóvenes les resultan un poco intranquilizantes…Y es que, de la misma forma como tú eres visto de una forma distinta, también tu mirada hacia ellos ha cambiado: ya no les ves ni tan grandes (a muchos tú les has sobrepasado en altura, posiblemente), ni tan poderosos (tú ahora tienes ganas de desobedecerles y lo haces a menudo). Tú les desafías de diferentes formas más de una vez, y casi seguro te gusta un poco descubrir que ellos van con más cuidado cuando se dirigen a ti. Pero a veces, este juego de miradas y de mutuas desconfianzas, puede agrandar las distancias que tu crecimiento ha hecho en cierto modo inevitable, causando dolor a ambas partes, a ti y a ellos; y más dolor aún cuando esos adultos son tus padres (tema que trataremos especialmente). ¿Ves? Aquí también se arma la serie: crecimiento – cambio – dolor.

 

PREGUNTEMOS A FREUD

Bueno, pero hay algo más, y muy fundamental que está contenido en los significados posibles de la palabra adolescencia que hemos ido apuntando. Es decir, algo que también y sobre todo tiene que ver con el crecimiento y con el cambio en el cuerpo; con lo infantil de lo que te estás separando; con algo que falta y que se pierde; y con el sufrimiento; pero a la vez, con una forma inédita de gozar: de gozar tu cuerpo y también, cuando eso ocurre, y por algunos momentos, el cuerpo del otro. Nos estamos refiriendo a la nueva sexualidad que este crecimiento te ha aportado; esa que posiblemente traiga ligado (¿o desligado?) al amor… Pero este tema sí que merece un capítulo aparte ¿No lo crees?

No obstante, te vamos a adelantar de qué forma Sigmud Freud (como ya sabes, el creador de la teoría y de la práctica psicoanalítica) concibió a la adolescencia.

Él hablaba de pubertad, que en el diccionario se define como: “Época de la vida en que comienzan a manifestarse los caracteres de la madurez sexual”. Y llama específicamente a uno de sus escritos: “Metamorfosis de la pubertad” (1).

Freud también ponía el acento en el cambio para explicar esta edad; en aquel  que se produce en la sexualidad. Lógicamente a ese cambio sexual lo vinculaba a algo muy real, como es un cuerpo que madura genitalmente hasta hacerse apto para la reproducción.

Pero ¿en qué otra cosa consiste ese cambio en materia sexual? Porque si se dice que la sexualidad del adolescente cambia, es en tanto se supone que antes de la pubertad o de la adolescencia lo sexual ya estaba, aunque de otra manera (¿lo habías pensado o experimentado acaso?).

Pues sí, para Freud hay una sexualidad infantil; y aún más, lo sexual se hace presente desde que el cachorro humano viene al mundo. ¿Cómo es esto? Bueno, eso puede pensarse así porque Freud dejó muy claro que la sexualidad es algo más amplio que la genitalidad (que es la posesión y el uso de los órganos genitales, masculinos y femeninos, ya maduros para poder reproducir)

Una vez hecha esta distinción, podemos entender que Freud hable de diferentes etapas de la sexualidad infantil, a las que también llama fases libidinales (a la energía sexual la llama libido). Te las contaremos brevemente.

Dice que luego del nacimiento, el bebé, niño o niña, concentra todo su placer, su energía, su libido, en la boca y en el objeto que chupa; porque mamar o chupar es su principal fuente vital: por donde consigue el alimento y el placer de succionar, y por donde empieza a conectarse con algo que el pequeño más tarde comprenderá que está fuera de él: la madre o quien la sustituya. Él ama el pecho o el biberón que le da la madre y hasta su propia boca o sus labios, más allá del alimento. Y con su llanto pide más satisfacción aún cuando ya haya saciado su hambre; y se duele cuando el otro no responde, y él siente que su objeto preferido se halla  perdido. Toda su sexualidad (¡ojo!, recuerda: no sus órganos genitales) está puesta en esa zona corporal y en esos objetos que le dan placer cuando los tiene, y dolor cuando se alejan de él. Esto es lo que Freud llama: “Etapa (o fase) oral”

Pasado un tiempo, la madre o quien lo cuida, empieza a exigirle a la niña o niño que sea más higiénico: que controle sus esfínteres, y que haga caca o pipí en el orinal, y ya no en los pañales. Esto le trae un poco de conflicto (y también a los padres), pero cuando consigue hacerlo donde su madre le pide, ¡oh!, ella se pone muy contenta, y le dice “¡muy bien, cuánta caquita!”, etc. etc. (¿Verdad que lo has olvidado? Aunque quizá te suene…). Entonces el niño o la niña descubre un gran placer en soltar su caca en el orinal cuando la madre se lo pide, por amor a ella; o en retenerla, para luego volver a dejarla en los pantalones…¡por odio a ella! Claro, el pequeño ya está aprendiendo que a veces se siente amor, y otras odio (o los dos sentimientos al mismo tiempo ¡qué lío!)Y también probablemente ya ha descubierto que su caca, tan aplaudida y tan bonita, resulta que luego esa misma persona que la alaba ¡la tira al W. C.! ¿Qué pasa aquí? Lo cierto es que, por todo eso, casi toda su libido, sus sensaciones placenteras o su sexualidad infantil está puesta en el ano y en los esfínteres que él hace (¿has observado que algunos niños pequeños, si los grandes se descuidan, son capaces de ponerse a jugar encantados con su caca?). Bien, a esta época corresponde lo que Freud llama: “Etapa (o fase) anal”

En otro momento, ya menos interesado por los placeres que le da su boca o su ano, si es un niño descubre su pene, con las sensaciones que esa parte de su cuerpo le produce. Cuando ve que las niñas y su madre no tienen lo mismo que él, primero intentará negarlo, dice Freud. Luego creerá que la niña lo ha perdido, quizá por haberse portado mal (quizá un adulto la ha castigado de esa manera) y teme que a él le pase lo mismo. (Freud dice que el niño temería en este sentido a su padre, por rivalizar con él por el amor de su madre). Es lo que Freud llama en el niño “Complejo de castración”. ¿Y qué piensa la niña cuando ve la diferencia sexual? Pues…según Freud ella también cree que debería tener pene como los niños…Que quizá se lo han sacado, o tal vez le crezca cuando pase el tiempo…Parece ser que ambos, niño y niña, temen o creen en una posible pérdida.

En fin, resulta un poco mítico todo esto; y es posible que lo sea. Es decir, que no necesariamente se constata tal cual así en la historia infantil de cada uno. Pero a nosotros los psicoanalistas nos sirve para entender algunas fantasías, o algunos síntomas de los sujetos, hombres y mujeres, quienes con frecuencia parecen evocar recuerdos o producir sueños que hacen alguna referencia a esto que dice Freud, y que para él constituye la tercera etapa de la libido o de la sexualidad infantil, a la que llama: “Etapa (o fase) fálica”, tanto para el niño como para la niña.

Antes de continuar, te vamos a contar a propósito de esto, el recuerdo que nos contó un adolescente: Nos dijo que, cuando él estaba en Párvulos a los cuatro años, tenía una banda de niños que se dedicaban a perseguir a las niñas (nadie se hacía daño, ni había conductas agresivas, y todos, chicos y chicas, parecían divertirse) Cuando las niñas, en razón del mismo juego, les decían tontos o les hacían burlas, los niños les respondían: “¡Si vosotras sois unos niños que os han cortado el pitito!”. Y te aclaro que el chico que nos lo contó, no era para nada machista, ni había tenido una educación sexista, sino todo lo contrario: tanto sus padres como el colegio donde asistía se caracterizaban por ser muy progresistas, en el sentido de no establecer ninguna supremacía ni el mínimo privilegio por pertenecer a un sexo biológico o a otro; que es, por otra parte lo que corresponde. Pero, te repetimos, no todos los sujetos pueden dar cuenta con esa claridad de esa etapa, tal como Freud la describe.

Bueno, y después de esas tres fases ¿Qué caminos toma la sexualidad? Freud dice que, pasado ese tiempo que te hemos descripto, el niño entra en la escuela, sus intereses sexuales infantiles se desvían hacia otros intereses superiores como los aprendizajes, hacia sus maestros, sus amigos y sus juegos; y hay como un tiempo de silencio de la sexualidad, al que llama: “Etapa de latencia” (aunque aclara que no se trata de un silencio total…muchos niños y niñas siguen investigando en su propio cuerpo o en de los compañeros… ¡jugando a médicos!)

Pero el tiempo pasa, las gónadas sexuales maduran…Y se produce el despertar de la sexualidad. Y según Freud, todos los objetos que habían estado sexualizados en la infancia (los objetos orales, anales, fálicos), despiertan, si, pero ahora al servicio de la nueva genitalidad, que a su vez, estará dispuesta para la reproducción. Bueno ¿Qué te parece? Contado así parece muy lógico, muy natural: el chico crece, maduran sus órganos genitales y tiende a unirse a una chica. La chica crece, hace el mismo proceso y se encuentra con él. Pasado un tiempo, pueden ser padres de un bebé. Pero el mismo Freud se da cuenta que no todo es tan sencillo en los humanos… ¿Verdad que no? Continuaremos este tema en otro capítulo.

 

Y ¿CUÁNTO DURA?

Así, en abstracto, es imposible determinar cuándo empieza y cuándo acaba la adolescencia; cuáles son sus hipotéticos límites temporales, por abajo y por arriba. Varía mucho según las épocas, según los sujetos y según los criterios que se utilicen para considerar que alguien ya, o aún… adolesce.  Dicho de otro modo: hay tres tipos de variaciones que si te parece, podemos ver algo de cada una, para entenderlas mejor:

1 – Las variaciones históricas. Piensa en la actualidad: Se ha producido algo así como un fenómeno de inflación o de ensanchamiento de la adolescencia, de modo tal que, en general, se inicia más pronto pero también se tarda más en abandonarla ¿Has visto que a algunas niñas de 11 o 12 años  ya les gusta maquillarse y vestirse como chicas mayores? ¿Y qué me dices de muchos chicos que casi llegando a los 30 años siguen viviendo con sus padres? Pensando en ir a la disco, vistiendo y hablando una jerga muy adolescente; o bien no pudiendo situarse en ningún oficio o profesión (más allá o más acá de los problemas reales que se producen en algunos momentos y lugares para encontrar trabajo y que por supuesto hay que reconocerlo para saber dónde empieza la responsabilidad subjetiva, de ese joven, lo cual conecta con el punto que sigue)

2- Las variaciones individuales. Son las que dependen de los rasgos particulares de cada caso. Es decir, que, más allá de la influencia de la época, tanto un chico o chica que adelanta la adolescencia como otro que la retrasa, están respondiendo a cuestiones propias, subjetivas, de su historia individual, que lo llevan a querer ser mayor más pronto o más tarde…

3- Las variaciones conceptuales. Son aquellas que hacen referencia al modo en que entendemos qué es eso de la adolescencia. Según lo que entendamos como más característico o específico de la edad adolescente, situaremos su inicio o su final en un momento u otro de la evolución psicológica; y hasta sería factible en algunos casos hablar de adolescencia perpetua, inacabable.

Los anglosajones utilizan un término que casi seguro conoces: teenagers. Y aquí incluyen las edades comprendidas entre los trece y los veinte, que son las cifras que en inglés terminan en la partícula “teen”: thirteen, fourteen, fifteen seventeen, eighteen, nineteen. Pero comprenderás que es algo bastante arbitrario…aunque no deja de tener cierto interés. Porque la cifra de los 13 tiene su gracia. En muchas chicas esa edad suele coincidir con la menarquia, es decir con el inicio de la menstruación. Pero además, el número 13 tiene leyenda, tradición…Digamos que es un número difícil (¡Oh! Eso también se dice de los adolescentes!) Y a veces hasta es, para algunos supersticiosos, un número maldito, de la mala suerte… ¡Esto sí que no! No es ninguna mala suerte convertirse en adolescente (Bueno, a veces la “mala suerte” es para algunos padres en los momentos en que sus chicos adolescentes se les ponen rebeldes…) ¡Y lo de malditos es pura calumnia! Aunque, entre nosotros… ¿Verdad que alguna vez cierta viejecita cruzó la calle para no toparse contigo y con tu banda? Es que veníais casi arrasando. Tanta energía y  tanta vitalidad, según como y a quien puede dar temor. ¿A que te habías dado cuenta?

Bueno, basta de bromas y pasemos a los 20. Es la cifra que se pone en el otro extremo ¿Sabes que a algunos jóvenes les cae mal cumplir 20 años? Cuando ya han pasado realmente muchos años más resulta incomprensible ese sentimiento. Y sin embargo alguna vez eso ocurre, y el chico siente como que ha concluido algo, como que debe despedirse, hacer el duelo de alguna cosa…

Como medida del fin de la adolescencia, la edad de los 20 es igualmente arbitraria. No obstante evoca el fin de una década, un cambio de dígitos; en definitiva, un salto simbólico ¿Será por eso que da un poco de tristeza?

Fíjate que el origen del sistema decimal se basa en el hecho de que los seres humanos empezamos a contar con las manos, y con ellas podemos contar hasta diez. De ahí  que los cambios de década siempre tengan un valor simbólico muy fuerte. Y aunque el pasaje de la adolescencia a la edad adulta no tiene por qué coincidir con el momento de los 20 años (¡hay veinteañeros muy poco adultos!), puede resultar una cifra adecuada para representar algo de una especie de acabamiento o de final. Un equivalente imaginario de un cuerpo completo con sus veinte dedos de las manos y los pies.

Pero… ¿No nos estamos adelantando demasiado, hablando de un posible final de la adolescencia, cuando recién vamos por el primer capítulo?

Adopción, filiación y adolescencia

Os voy a transmitir primero algunas ideas sobre la adopción en general, que he ido recogiendo a través de años de escucha a padres y a hijos de diferentes edades o momentos evolutivos, y de búsquedas y contrastaciones con otros colegas y con la propia teoría (en mi caso, es la teoría psicoanalítica la que me ayuda a pensar).

De entrada, una breve reflexión que trato de hacer siempre con los padres que esperan adoptar un hijo, y que, creo, es el fundamento de todo lo que vamos a decir: ¿Qué es filiar? Según el diccionario es: reconocer a un hijo como propio; inscribirlo con los apellidos, recibirlo, criarlo…En fin, podemos decir que es desear que ése sea su hijo. Estas definiciones tanto valen para pensar la filiación del hijo biológico como la del adoptado. Ya que, de acuerdo a esto, filiar no depende de un proceso natural; y eso puede ser la razón de posibilidad de la adopción. Es decir: hay padres biológicos que deciden (quizá forzadamente) no filiar al hijo nacido de ellos, y puede haber padres adoptivos que consigan filiar y amar como propio al hijo no nacido de ellos. Ya sea que filiemos al hijo del cuerpo propio o del ajeno, en ambos casos se tratará de un acto simbólico de reconocimiento, de nombre, y por lo tanto de amor.

En el animal se da un continuum entre acoplamiento macho-hembra y el nacimiento y crianza de los cachorros, porque allí: instinto sexual = instinto de reproducción = instinto maternal (hembras). Es todo un mismo hecho natural. En el humano en cambio, se ha producido un corte, una cierta pérdida de ese hecho natural por causa de la humanización o del lenguaje. En nosotros, todo esto está regido por el deseo y por el  lenguaje. Así, el deseo de hacer el amor, suele ser distinto del deseo de reproducir, y este puede ser distinto del deseo de filiar, es decir, de criar al niño que se ha tenido. En síntesis diremos que se ha producido un corte entre coito y filiación.

Pasemos a pensar en el niño/a adoptado.

Se ha dicho y he corroborado en mi práctica que no hay un perfil psicológico específico, del niño adoptado. Él/ella, como los otros, podrá ser un sujeto entre normal y neurótico- la mayoría de la población lo es; y quizá una minoría, como en cualquier otro caso, tendrá otra estructura más compleja, como psicosis o autismo, pero que no dependerá del hecho adoptivo en sí, sino de muchísimos avatares (claro que, entre esos avatares se cuenta eso que pasó en ese primer tiempo de la llegada al mundo de un infante…pero es difícil por no decir imposible saber con seguridad algo de ese tiempo)

Sí podemos decir que habrá situaciones vividas comunes a muchos adoptados, por lo cual habrá una serie de palabras que tendrán una especial resonancia para él/ella (y también para sus padres adoptivos); que sentirá que esas palabras lo nombran, hablan de él: abandono, o renuncia, no deseado por unos, muy deseado por otros, a veces maltratado. En algunos casos: negro, chino o cualquier otra denotación de una diferencia.

Y lo recuerde o no, esas palabras formarán parte de su lenguaje más íntimo. Claro que una palabra sólo tiene sentido cuando se combina con otras palabras. Por lo tanto dependerá de cómo se combinen estas palabras tan cargadas de sentido que trae consigo el niño adoptado, con las nuevas que le irán aportando los que serán sus padres que le han filiado, los familiares y amigos, que podrían así resultar unos efectos u otros: en los casos más desafortunados esas palabras podrían cobrar significado traumático o crear malestares o síntomas; o bien (en la mayoría de los casos) le permitirán reparar o modificar esas primeras heridas o marcas, e integrar su diferencia. Claro que, lo que acabamos de decir, es así…aunque no todo; hay que saber que siempre habrá algo particular de cada uno (niño), que escapará a lo que reciba del otro (de sus padres o del medio), algo que será solo de él; porque él es único, distinto de cualquier otro, como cada quien.

Por eso el psicoanálisi nada puede decir a priori. Sólo si el sujeto que ha sido adoptado, hace algún síntoma (malestar psíquico) en un momento (todos hacemos alguno, en alguna etapa de nuestras vidas) y recurre a un terapeuta, entre los dos podrán construir algunas hipótesis sobre la vida anterior a la adopción y la relación posible con sus malestares actuales (Serán sólo hipótesis pero tendrán una función terapéutica). Este saber que él construya, como en cualquier otro niño, tomará la forma de un relato individual, ya que la verdad histórica está perdida para todos.

Pero interrogarnos por nuestros propios orígenes es común a todos, porque queremos saber por qué vinimos, por qué nos quisieron traer, en fin: qué deseo nos ha constituido. Por eso cada uno inventa su “novela familiar”, que para Freud tiene más o menos esta estructura: cuando los padres dejan de ser los ideales de la primera infancia, el niño/a tiende a imaginar que podría tener otros padres mejores o más encumbrados, que algún día podría reencontrar. Moisés, Superman y hasta Jesucristo son, como Edipo, héroes con dobles padres. Y si bien esto no es literalmente así en todos, si es verdad que la mayoría de nosotros, cuando nos hemos enfadado o decepcionado de nuestros padres, hemos pensado que los padres de tal o cual amigo eran mejores, más comprensibles, más pudientes, etc. etc.: es decir, hemos soñado con tener “otros padres”

Para Freud esta división tiene como finalidad recuperar, en los otros padres imaginados, la parte idealizada que se ha perdido de sus únicos padres. Y es también la forma que el pequeño encuentra de negar el lazo sexual entre los padres, esa “escena primaria” que le causa desazón (si yo he nacido de otros, ellos, los de casa, no han tenido que hacer el amor!)

Y volviendo al niño adoptado ¿Cómo vive su “novela familiar”? Como todos, él también desdobla a sus padres. Sólo que este desdoblamiento tiene alguna coincidencia con la realidad. Él nació de unos padres más pobres, y si ya no era un bebé cuando iba a ser adoptado, también soñó con otros padres ricos que un día vendrían a buscarlo al centro. Y en su caso así ocurrió y lo hicieron su hijo legítimo.

Y si las cosas van bien, el niño convivirá durante tiempo con ese desdoblamiento, que le sirve para ver a sus papás que le han adoptado como completos e ideales; también él se sentirá completo.

Pero los ideales caen para todos, también para él. Y cuando crece y deja de ver a sus papás tan poderosos como los veía, y se enfada o se decepciona, es posible que intente invertir la cuestión: que empiece a pensar y tal vez a idealizar ahora a aquellos otros padres, casi seguro que desconocidos, pero que ahora tal vez diga “los verdaderos”, los padres biológicos, y hasta puede que piense en ir a buscarlos. En ese momento él intenta restituir el mito de la sangre, y tal vez apele a la relación natural o biológica entre padres e hijos, olvidándose de la evidencia de que, si hubo primero la renuncia de unos y la filiación por parte de otros, es que lo natural ya no manda allí. Sólo que él intenta pasar de una idealización a otra. Momento difícil, pues, sobre lo que volveremos.

Hasta aquí, esas ideas generales que os quería transmitir sobre la adopción.

Pero, si nos situamos en la clínica, escuchando a sujetos adoptados o padres adoptantes, oiremos a veces cuestionamientos y dificultades que parecen contradecir algunos de los postulados presentados:

Cuando trabajamos con ellos, si nos hacemos la pregunta: ¿Va de suyo filiar a un hijo, y este a unos padres de cuyos cuerpos no se procede? Sí, en la acepción de “inscribirlo con sus apellidos, nombrarlo”; no tanto ni siempre, en la acepción de “reconocerlo como hijo/padres”. Esto es sumamente complejo. ¿Por qué? ¿No decíamos que el imperio de la sangre es un mito, que ya no rige el instinto en los seres parlantes, sino sólo el deseo? Si, y es cierto. Pero, paradójicamente, esas  palabras que les pertenecen a los chicos adoptados, y que tanto resuenan también en sus padres, eso que es del orden del lenguaje, de un saber que poseen estos sujetos en juego, como: que son adoptados, que hay padres biológicos, etc., eso sí rige. Y, en el momento en que, por las razones que sean, aparece cualquier síntoma en el chico/a, o las  dificultades entre ambas generaciones al llegar la adolescencia, o conductas disruptivas o agresivas…según sea la gravedad de los mismos, la filiación como “tú eres mi hijo/padre” puede tambalear. Es decir, puede hacer que, padres e hijos adoptados se planteen el mismo dilema: sé que no naciste de mí/que no nací de ti ¿Cabe aquí un “menos”: eres menos hijo, sois menos padres…? (Estamos pensando en casos difíciles, desafortunados, pero hay que poder confrontarlos también)

Del lado de los padres, pueden decirse incluso: si ahora lo siento así, puedo “renunciar” a este hijo de otros, como antes los otros, sus “verdaderos” padres lo renunciaron? (son cosas escuchadas en la clínica! Si bien pocas, por suerte) Fijaos que aquí aparece otra dimensión de la “verdad” (subjetiva)- ahora ligada a lo biológico- contraria a la que antes había aparecido. Y aún más, si hay otros hijos- biológicos generalmente, o también adoptados- se piensa en ellos, que se han de proteger frente a la influencia de este hermano (ahora con letra cursiva…). Entonces, algunas veces- muy pocas, desde el punto de vista estadístico, pero que suelen crear alarma entre la gente que trabaja en  adopción y en general- algunas veces se concluye que ese chico/chica que no acepta los límites que la familia, la escuela o la comunidad impone…no lo hace porque, en verdad, no es su hijo (vuelta a la sangre, siempre desde el mito, es decir desde la palabra que se sabe). Y si no lo es (el hijo de sangre) puede entonces “devolverlo”, como se le suele decir cuando se lo acaba colocando a la Administración Pública (DGAIA) para que lo guarde y custodie en uno de sus centros de menores.

Del lado del hijo adoptado, también puede verse el mismo conflicto. Para empezar, si en nada ha consentido a las leyes/normas de los padres; si no ha podido hacerse con ninguna identificación a ninguno de sus ideales; si agrede sin cesar a la comunidad de acogida…es que no ha consentido la filiación: él tampoco ha adoptado a los padres. Y ahora, ante la máxima radicalización de la tensión y el desentendimiento con los padres, quiere él también dejarlos (es un entre dos) Generalmente el proceso se acompaña por parte del chico, con reiterados pensamientos y/o acciones dirigidas a reencontrar a sus genitores.

En cambio, en otros casos atendidos o conocidos (que son por suerte la mayoría) el síntoma o la dificultad del hijo adoptado, por grave que se presente en un momento determinado, bien, es el problema del hijo, de los padres y de la familia, y como tal se lo afronta, haciendo lo que se puede, como cada padre o madre en dificultades con su hijo, sea biológico o adoptado, siempre y cuando entre ellos se hayan filiado (lo cual no ocurre en todos los casos, ni siquiera en la paternidad biológica, como ya hemos dicho: también hay quién se desentiende) Del lado del hijo, suele haber la contrapartida de dejarlos hacer…de dejarse ayudar por los padres o por quienes ellos acudan: Es en estos momentos en que se habrá sabido si hubo o no filiación.

Para terminar, reflexionemos sobre algunas cuestiones más concretas que pueden darse o temerse cuando se adopta un hijo, y en lo observado durante el llamado seguimiento de los niños/as, ya en su hogar definitivo.

 

– La franja de edad- 0 a 3 años es la más frecuente del recién llegado (de ahí la importancia del libro sobre la experiencia en la adopción de niños mayores)

Es cierto que algunos pequeños adoptados- no todos- llegan a sus hogares con déficits en su desarrollo. Vamos a decir por qué algunos y por qué no todos.

  • Que un ser humano desarrolle su percepción, su inteligencia, sus afectos, no sólo depende de la maduración biológica, ni siquiera sólo de una normal alimentación. Sino del otro que le pide que crezca, que espera de él que se haga grande, que atienda, que entienda, que hable: es “el deseo del otro” el que también hace crecer. Y justamente porque desean al niño, y lo desean despabilado y en el futuro independiente, entonces lo estimulan de las más variadas formas. No hace falta saber pedagogía o psicología para hacerlo. Los padres o los cuidadores sencillos desde siempre han inventado juegos muy precisos para cada edad: “cinco lobitos”, “palmas- palmitas”, aparecer-desaparecer… tienen que ver con lo que toca aprender en cada momento evolutivo.
  • Puede ser que alguna vez llegue un niño adoptado con un problema neurológico, o cromosómico que justifique por sí sólo un retraso en su desarrollo, y también algún niño autista. Pero esto es lo menos frecuente, porque cuando los futuros padres adoptivos hacen las entrevistas con los equipos que harán su informe de idoneidad, entre todos trazan el perfil del niño que se quiere adoptar: edad y con o sin deficiencias físicas, mentales o sensoriales. Y eso suele ser respetado por los países dadores, en general (hay algún país que está peor en este sentido, como parece ser Rusia), con envío de informe pediátrico, etc.
  • Sin embargo es verdad que algún pequeño adoptado- aún siendo normal– no ha adquirido los ítems propios de su edad cronológica, porque, como se ha dicho, tal vez no han tenido esos otros que quieran eso exclusivamente para él, sino más bien cuidadores para el conjunto de los niños internados… Esto es algo que ha sido muy estudiado desde hace mucho tiempo: las investigaciones de Spitz tienen ya muchos años.
  • Pero en cuanto tiene un padre o una madre para él, que lo quieren y que le piden que crezca y le ofrecen cosas apropiadas para conseguirlo, entonces, si el niño tiene una estructura normalizada, no psicótica, suele comenzar a ganar terreno, y a veces de forma muy rápida por lo que he podido ver en mi práctica. Lógicamente en esto hay diferencias: un niño no es igual a otro, ni una familia igual a otra.
  • Pero también, y por las mismas razones, hay algunos niños adoptados que llegan prácticamente sin ningún retraso. Aquí, además de la cuestión de las diferencias individuales, ocurre que algunas veces estos pequeños han podido hacer algún vínculo personal con algún cuidador o con alguna familia sustitutiva que se le aporta hasta llegar el momento de su adopción, y conseguir a través de ese vínculo amoroso, aunque transitorio, lo que él necesitó para desarrollarse; y aunque luego el niño también tenga que hacer el duelo por esas figuras amables, se supone que habrá sido beneficioso para él y transferirá lo bueno de ellos a sus nuevos padres.

Y en el terreno más propiamente emocional, también veremos diferencias: hay niños cuya “matriz madre”, por ejemplo, ha sido muy hostil o abandonadora para él- aunque sea pequeño- En algunos de esos casos hemos visto rechazar en los primeros momentos a su nueva familia, a sus muestras de cariño. Porque él acopla esa “matriz” hostil a la madre que ahora lo filia y cree que es lo mismo que lo anterior…Tendrá que hacer un proceso de separación del dolor pasado, y de diferenciación entre ambas figuras…Lo mismo podría ocurrir con el padre, etc. En cambio, otros niños se apegan casi inmediatamente. En fin, niños distintos, experiencias singulares…más de lo mismo. Cada padre o madre deberá encontrar la forma de ayudar ese hijo/a que ha llegado.

 

– Los niños mayores

Otras personas o familias adoptan niños de más edad, digamos, en edad escolar. En estos casos, el niño o niña traerá más avanzada su evolución psicomotriz, lingüística y en parte su desarrollo intelectual, mejor o peor por lo que hemos dicho. Y por supuesto que, siguiendo las mismas razones que hemos expuesto, si hay el deseo y el interés de sus nuevos padres, y con la plasticidad propia de la edad joven, pueden obtener estas áreas, aún un avance mayor. Lo que no será fácilmente soportable para el niño, más si ha venido con una base escasa, es encontrarse con una exigencia desmedida y poco realista a veces, por parte de sus padres adoptivos; porque eso probablemente será interpretado por el chico como que no se lo está aceptando… finalmente sentirá que no se lo está filiando, ya que el hijo que están tratando de conseguir no es él o no es como él…

Un temor que aparece con frecuencia en la adopción de niños mayores es, en cuanto a lo emocional: que sean demasiadas las malas vivencias acumuladas y que el niño las conserve en su memoria. Lo primero, sí, es posible; es una cuestión de cantidad que está implícita en la adopción de un niño más grande; lo cual no significa que esas malas experiencias no puedan ser  habladas, y en tanto habladas, sustituidas, combinadas con nuevas palabras que el niño reciba, y entonces mejoradas. Sobre todo a partir de que por fin él es hijo de alguien que quiere ser su padre o su madre. Y el hecho que él sea capaz de recordar esas malas situaciones vividas, para nosotros que somos psicoanalistas de cara a un trabajo clínico con ese niño, nos da más margen que si están radicalmente olvidadas, es decir,  profundamente reprimidas.

Hay otra cuestión que a veces aparece también como temor en los padres adoptivos, tanto de bebés como de chicos mayores: es un resquemor respecto a la herencia de los padres biológicos. La transmisión hereditaria de los caracteres físicos es inevitable, incluso si han heredado alguna de las enfermedades de aparición tardía. Lo que sí  podemos decir es que en absoluto está probada la herencia de los rasgos psicológicos o de carácter. Cuando un niño se parece en una cuestión de carácter o de preferencias a sus progenitores o a sus abuelos, no se trata de herencia sino de identificación: el niño se ha identificado sobre todo en la medida en que el otro se lo ha señalado: “eres igual a tu padre en esto que haces”. Y bien, es posible que si el niño o la niña adoptada de mayor, ha vivido con su familia de origen, traiga algunas identificaciones… Pero las identificaciones también pueden sustituirse; o después de un trabajo analítico si hiciera falta, sabemos que quedan reducidas a una mínima expresión, a un solo rasgo, en este caso, de aquella persona que una vez fue su padre o su madre y le dejó sólo una marca…Lo importante es que los nuevos padres no lo fijen a un rasgo X de su familia anterior, si se lo conoce (Conocí un lamentable caso de “devolución” de una niña de 13 años: por miedo a que sea prostituta como la madre…)

Algo importante a tener en cuenta en la adopción: todos los niños, en realidad todos los sujetos, adoptados o no, en alguno o en varios momentos de la vida, hacen- hacemos- un síntoma: en la alimentación o en la escuela; alguna fobia, agresividad o disfunción sexual en la edad adulta, etc. Por tanto no podemos atribuir cada síntoma que pueda hacer el sujeto adoptado, al hecho de la adopción. Si hay un síntoma, y éste persiste y trae malestar al niño y a su familia, eso debe ser tratado. Y en ese tratamiento el sujeto, el niño, le irá encontrando significaciones a sus síntomas, puede que las vincule  a su vida anterior a la adopción, o tal vez al modo de relación con sus padres actuales. En fin, él encontrará, como todos, que si tiene un síntoma, será algo particular de él; que es un hijo adoptado, si, pero no es sólo eso; es quien es, distinto de otro; o tan particular como lo es cada cual.

 

– La adolescencia 

Y para terminar, podemos pensar en este tiempo de la vida del chico adoptado; pero en la misma línea de lo que estamos diciendo. Para el chico adoptado, su adolescencia será un momento de crisis como para los no adoptados. Y lo que hace que la crisis de la adolescencia sea tan radical, que a su vez es lo propio de la adolescencia ¿qué es? Que el niño ha crecido y se encuentra con una nueva forma de goce, con una sexualidad distinta de la infantil, porque incluye al otro sexo. Que entonces sus padres dejan de ser ideales, y empiezan a ser cuestionados, entre otras cosas porque ahora sabe que él mismo podría ser padre o madre (altura!)…Que a veces esto toma un cariz tan dramático, que los  actos de riesgo son posibles, que la pulsión agresiva dirigida contra sí mismo o contra los otros es posible, que el abismo abierto entre el adolescente y sus padres es tan hondo, que, podemos decir sin equivocarnos porque la práctica nos lo confirma que, cuando el adolescente es un hijo adoptado, allí, en la adolescencia de ese hijo, como hemos dicho, se jugará la verdad de la filiación: es decir, se sabrá- après coup– si hubo o no filiación. En ese mismo cuestionamiento general, si el chico ha sido adoptado, también pondrá en cuestión su propia adopción; e insistirá en obtener “pruebas” del amor de sus padres adoptivos. Y así como los padres adoptivos muchas veces habrán achacado tal o cual síntoma del niño al hecho mismo de ser adoptado, ahora, en la adolescencia, probablemente sea el chico quien crea que por ser él un hijo adoptado, los padres no lo complacen todo lo que él querría, etc.  Pero ciertamente, eso es lo que hay que poder desmontar, tratar de quitar consistencia a esta idea de que los problemas se explicarán sólo por la adopción, porque no es ni mucho menos tan cierta…Porque si no, la propia rebeldía o el malestar adolescente contra los padres, podría conducirlo más fácilmente, como se había dicho, a idealizar a los “padres de sangre” y a decir que quiere irse con ellos, etc…Por mi experiencia, cuando las cosas son habladas y encauzadas en la familia o con ayuda si hace falta, el adolescente no suele plantearse ir a buscar su vida anterior…Lo cual no significa que no surja la curiosidad, que decíamos que sí; y que los padres llegado el caso tienen que ayudarlos a satisfacer. Pero eso es distinto de reclamar a los padres biológicos…

 

La adopción no es fácil, pero su éxito no es imposible. Entendiendo por éxito: que ese hijo adoptado pueda sentir que es alguien (lo cual es importante para cada uno), que se inscribe en una generación: ser hijo de unos padres, nieto de unos abuelos, a quienes él dará a su vez su propia descendencia. Y que sienta que puede hacer cosas en la vida.

 

Inés Rosales

La terapia psicoanalítica

A veces algo se le hace difícil de soportar a una persona: un hecho de la vida cotidiana que en otro momento había sobrellevado sin demasiadas dificultades; culpas, ansiedades, miedos o pensamientos dolorosos que aunque se sepa que no están suficientemente justificados, insisten en hacerse presentes; malestares corporales a los que la medicina no encuentra causa orgánica; angustia o rechazo ante las exigencias laborales o académicas, amorosas o sexuales; y en síntesis, cualquier síntoma que en un momento dado irrumpa en la vida de un sujeto, trayendo malestar a ese hombre o mujer, adolescente, niña o niño.

Una terapia psicoanalítica permite a esta persona desligarse de sus síntomas, y a la vez interrogarse sobre las causas de los mismos. De este modo, a medida que va hablando, va construyendo un saber que él/ella posee sobre sí mismo aunque sin ser consciente de ello: es esto, precisamente lo que permite su mejoría.

El terapeuta psicoanalítico acompañará con sus intervenciones, pero sobre todo con su escucha, este proceso que no consiste más que en hablar de lo que se sufre, se sueña o se recuerda, y en ser escuchado de una cierta manera.

 

Terapia psicoanalítica con niños

La propuesta anterior se reitera de cara al tratamiento con niños y adolescentes, con la única diferencia que, cuando se trata de pequeños, se les da la opción de que también hablen jugando o dibujando.

Problemas como fobias infantiles, enuresis, encopresis, anorexia, bulimia, fracaso escolar o dificultades en el comportamiento, pueden encontrar en el psicoanálisis una respuesta positiva para el niño/a, y una orientación para que los padres puedan situarse de una nueva forma frente a su hijo.

 

Inés Rosales