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SEMINARIO DE TEXTOS Y CASOS

SEMINARIO DE TEXTOS Y CASOS                                                                      Docente: M. Inés Rosales

Clase Nº 7: El Haiuno, significante que marcó un punto en el cuerpo: función del análisis. Cap. 13 y 14 del SEMINARIO 19 de J. Lacan “…o peor”

Diré lo que creo que son las intenciones de este Seminario 19 de Lacan, para luego intentar transmitir cómo aparecen éstas en las clases que me tocan exponer

1- Pasar decididamente del Mito (aunque apoyándose en él) al Matema (Lacan usa por primera vez esta palabra, precisamente unos días antes de comenzar este Seminario, en el marco de sus conferencias en S. Anne “El saber del analista”, del 2-12-1971, no publicada aquí), entendiendo por Matema, la utilización de signos algebraicos o fórmulas tomadas de las Matemáticas y/o de la lógica para dar cuenta de conceptos difíciles de capturar por el lenguaje que usamos. Dicho de otra manera: aquí Lacan muestra su empeño explícito por matematizar su transmisión, porque lo que quiere transmitir toca una cierta dimensión de lo Real, de lo Imposible de abordar por el lenguaje, y el intento de acercarse a ello por algo que en sí mismo pertenece a eso Real, como es el Número (si bien el abordaje no puede ser más que a través de lo Simbólico)

2- Progresar en la cuestión de la sexualidad, sexuación o repartición posible entre los sexos (o géneros?), a través de lo que el año pasado había comenzado a idear y a trabajar: las “Fórmulas de la sexuación” (Sem. 18 “De un discurso que no sea del semblante”). En este Sem. 19, las profundiza, las desmenuza (de derecha a izquierda, de arriba a abajo) y les saca un gran partido teórico, por las vinculaciones que hace entre el contenido de estas fórmulas y otros conceptos muy importantes. Esta trilogía de estudio sobre la sexuación y sus fórmulas: Sem 18 y 19, se completa con el Seminario XX, Aún, que, lamentablemente no daremos el año que viene porque ya lo hemos trabajado aquí hace algunos años (por causa de la política de publicación de los Seminarios que se da Miller- ignoro por qué elige no seguir una cronología, sino que aparecen de forma que suena arbitraria: el XVIII y el XIX aparecieron en 2009 y en 2012 respect., mientras que el XX en 1981! No estábamos ni preparados entonces! Podríamos repetirlo pronto…? Puede que sí, pero insto a que, si se ha podido mínimamente aprovechar esta base- con el 18 y el 19- los interesados vayan a trabajar el XX en carteles)

3- Articular, precisamente éstas fórmulas en su conjunto, y sus matemas en particular con: la cuestión que vamos viendo del Uno, del Haiuno; de la Existencia (no como Existencia “natural”, ni siquiera en sentido metafísico/ filosófico, sino- lo veremos- como Existencia Lógica) y la cuestión del análisis, más específicamente del discurso analítico, también como fórmula, como distribución de lugares por medio de sus matemas.

Por tanto, en las clases que me tocan, me centraré en estas cuestiones principales para tratar de hacernos con ellas lo más posible, que son: las fórmulas de la sexuación y eso que a través de ella se muestra, con las equivalencias que os he nombrado entre el Uno, la Existencia, y lo que- o algo que- se construye en el discurso del analista. Para lo cual, no me detendré tanto en los relatos, las anécdotas y a veces los divertimentos con que Lacan va salpicando sus clases -los cuales son siempre muy interesantes y sin duda terminamos viendo la articulación con lo que quiere transmitir- pero hago la opción de ir al material más “durillo” para ver de capturarlo y que no nos resulte luego tan hostil. Para lo cual tendré que volver sobre conceptos aparecidos en clases anteriores, para que funcione el après-coup.

  • Cap. XIII, “En el fundamento de la diferencia de los sexos”

Para introducir lo que nos toca ver, retrocedemos al Cap. II, La función Φ(x), pág. 33 (arriba) …todo lo que se articula como significante está dentro del alcance de Φ(x), la función de la castración” (si se habla, se está dentro de esa Función). Sin embargo, unos párrafos más abajo aclara que “…lo que escribo Φ(x) tiene por efecto que ya no se pueda disponer del conjunto de los significantes… Y quizá ésta es justamente una primera aproximación a lo que ocurre con la castración, desde el punto de vista de esa función matemática”, es decir la Φ(x). Qué quiere decir? Que si bien no hay nada en el lenguaje, ni en la cadena significante que no quede comprendido dentro de esa función del falo, resulta que, en tanto es también Función de castración, eso hace que no podamos tener el conjunto de Todos los significantes.

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Fijaos que esto ya nos está poniendo intuitivamente en lo que escriben sus 4 fórmulas, y de la aparente “contradicción”- al menos lo sería desde el punto de vista aristotélico- que hay, mirando la columna de la izquierda (luego las veremos más detalladamente): entre la de arriba que dice que Existe una X que no está en esa Función fálica (la X es la variable Sujeto, y sabemos que el Sujeto es equivalente a un Significante que lo representa…para otro significante); y la de abajo que dice que Todos lo están en esa Función= Para todo X, Φ(x) (Lacan pasa decididamente de la Contradicción aristotélica, porque se basará en otras lógicas que se han ido viendo, como la de Frege, etc. Volveremos)

Ahora sí, pág. 177 de nuestro Cap. XIII, se entenderá por qué dice que “El análisis nos conduce a formular esa F. Fálica [por lo dicho: en tanto el Sujeto en análisis habla, es que pasa por esa Función] respecto de la cual es cuestión de SABER [lo que hay que saber es] si EXISTE una X que la satisfaga”. Podemos decir: ¡Y claro que sí…que por ser ese Sujeto- X- un hablante, debe satisfacer, o sea decir que sí a esa función! Pero veremos que esto lo dice así, porque eso implica lo que a L le interesa: que si existe una X (Suj.) que la satisfaga, tendremos que poder “articular qué puede ser la existencia” (3er renglón). Importante! Porque ahora la cuestión de la Existencia aparece en estrecha dependencia, íntimamente vinculada a la F. Fálica: Si se existe dentro de esa Función (no está contemplada como fórmula), o si se existe, o 1 existe por negarla, es decir, por estar fuera de esa Φ(x) (esta sí está escrita, es la privilegiada, lo veremos)

Y vuelve a recordarnos (clases anteriores) que la noción de existencia – palabra que parece que no estuvo siempre en el griego antiguo…volveremos- surgió a partir de que se introdujo “lo Real matemático como tal”, que es el Número, y con él, lo veremos, el 1 (Uno)

Entonces, de momento tenemos estas vinculaciones:

Función fálica o Φ(x)—-Existencia—1 (Real del número)

Punto 1: Vuelve al título …o peor. Recordamos- 1ª clase- que en los puntos, o sea en el primer término de la disyunción O, tenemos que poner “Un decir”: un decir o peor. Y aquí dice (debajo) que ese “un decir” se puede escribir en forma de Función (Fálica): habría una equivalencia. Pero en la página 12, Cap. 1, ya dijo de entrada que ese “un decir” es el decir “no hay relación sexual”! O sea ahora lo que tenemos es que un decir que “no hay relación sexual” y la Φ(x), serían solidarias, porque se trata de la Función por la cual se hace imposible la relación sexual entre 2 sexos (en principio, porque es la ÚNICA función que hay, se sea hombre, mujer, transexual…); pero a la vez que posibilita algo de esa relación, de alguna manera… Lo contrario sería…peor: lo peor sería intentar que 2 se funden o se fundan en 1 (Ana Martínez decía en su clase que es el estrago de las psicologías del afecto, etc). Aquí vuelve al juego de palabras y al mito de Aristófanes (Banquete) en que un Ser primitivo que no necesitaba de 2 sexos fue partido en 2, etc. (P. 178 arriba)

Un decir—-No hay relación sexual—-Función Fálica (de momento)

No me detengo en la anécdota del apagón (P 178) que hubo cuando preparaba el seminario por una huelga, la cuestión de los explotados que prefieren serlo ellos antes que explotar sexualmente a sus mujeres, y que le sirve para decir que la relación sexual no se presenta bajo la forma de la explotación, porque es anterior. Sino más bien al revés: es eso (creo que eso que no va en la relación sexual) quien organiza la explotación; que sería lo…o peor. Pero entiendo que dice que no quiere meterse allí, porque sería como pedir un cambio de discurso para que las cosas fueran mejor, es decir “un discurso que no fuera semblante”, pero eso no es muy posible, porque no habría en absoluto lazo social (pág. 179, podemos hablar después…)

Entonces dice que del discurso analítico sí se ocupará; y allí, el que cumple la función del a (el analista), es el que sostiene la posición del “semblante” (Id. pág. 179)

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Claro que esto puede angustiar al analista…el objeto a se desplaza…como si hiciera cambiar el “sentido”; pero no va de “sentido”, que “no garantiza nada”; bueno, es lo que hace difícil la posición del analista. Recuerda que la primera vez que mostró el objeto a fue en su grafo ( graf25); allí ocupaba un punto fijo, no se movía. En cambio ahora, en la posición de semblante es más inestable, se desplaza…de ahí la angustia: puede aparecer en cualquier parte, donde menos se lo espere. Vemos claramente que aquí el a está funcionando, más “anclado en lo real” (P. 180 arriba) (cuando lo real se desborda sobre lo imaginario- dirá 2 años después en La Tercera) Pero siempre teniendo en cuenta que Lacan hace la opción de tomar el Real como un Real matemático, y como tal, fuera de los sentidos que quisiéramos dar…B. Russell decía que las Matemáticas no tenían ningún sentido…, allí el sentido y lo verdadero dan lo mismo…la Mate resiste a todo eso y sigue hasta el siguiente resultado, y eso para Lacan es el éxito, es operar como lo Real…y ni siquiera se tiene tiempo para“pensar”.

Entonces Lacan empieza otra vez a interrogar eso Real que está implicado en lo real del número (P. 180, 181) como a partir del S XVII también hicieron los matemáticos: interrogar el Uno (clases anteriores), el primero de los números “naturales”.

A partir de aquí, veamos cómo L avanza en relación a lo que es ese Uno, Haiuno.

Vuelve a decir que el Uno no piensa…no se piensa “luego existo” (vuelve a insinuar la cuestión de la Existencia), pero en cambio sí “dice algo”. También vuelve aquí a evocar el Parménides, porque allí el Uno dice lo que tiene que decir, porque no se trata del Ser, que queda recusado. Intuimos que Lacan está vinculando este Uno también al “un decir” de los puntos …o peor; algo así como “decir Uno” o peor. Antes decíamos que en esos puntos poníamos la Φ(x) y el “no hay relación sexual”. Ahora también estamos pudiendo intuir más equivalencias para poner allí: el Haiuno, Uno del Un decir o Decir Uno…o peor; y además relacionado con la Existencia.

Y a partir de aquí, hace un avance y una pesquisa muy importante en relación al Uno.

– Dice que si hay Uno (P. 181) dos no hay. Había explicado por qué matemáticamente puede decirse que el 1 no alcanza el 2. Por la llamada “ley de la accesibilidad” (cap anterior, 175): es una ley matemática que dice: un número es “accesible” cuando se puede llegar a él a través de la suma o de elevar a la potencia números anteriores a él. 3 es “accesible” porque se llega con 2+1; 9 también con 3 elevado a la potencia 2. En realidad todos los enteros son accesibles MENOS el 2: sus números anteriores son 1 y 0 y no hay forma de sumarlos ni potenciarlos para llegar al 2.

– Entonces: Si hay sólo 1 y no hay 2 (porque no lo alcanza), “En nuestro caso se interpreta de inmediato: no hay por tanto relación sexual” (fin de P. 181), porque haiuno, no hay el otro…el otro sexo. Este 1, entonces, que no se desplaza, tiene poco que ver con el sentido (es Real!) Por eso, si queremos ocupar la posición de analistas, tenemos que saber no deslizarnos por ahí… (P 182 arriba)

-Esto también hace que no podamos repartir en 2 series: hombre y mujer,  atributos fijos  que pertenezcan a uno y a otra. (Y aquí rompo un poco con la literalidad del texto, aunque lo tenemos en cuenta, pero lo armaré a mi manera porque también iré hacia atrás: Recordemos su base lógica, que trabajó en el Cap IX, pág 140. Vemos que lo que nos sirve (L toma lo que le sirve…hace Matemática aplicada!) no es la teoría de CLASES sino la TEORÍA DE CONJUNTOS (lo va diciendo en P 185- 186) Las clases se reparten por atributos: flores rojas, casas de madera, etc.: cada grupo o clase es aquí un 1 de atributo). El conjunto en cambio va de elementos (da lo mismo que tenga dentro una flor roja y una casa de madera, la cuestión es si es de 4, 25, n elementos, si es numerable o no, vacío, infinito, etc.) Aquí el Uno es 1 de diferencia, el nuestro! Esto nos sirve para entender: que no nos sirve clasificar por el atributo activo o pasivo, si son hombres o mujeres, como intentó hacerlo Freud (que tampoco le convenció!) Esa lógica de Clases aplicada a la diferencia sexual nos falla, no lo vemos en la vida en general, ni en el acto sexual- que dice L que ahí la mujer “trabaja duro” (ella no es pasiva!!!); ni lo vemos en actividades tradicionalmente masculinas como la caza o la pesca, donde vemos al cazador pasivizarse: espera paciente, imita a la presa, se somete a sus movimientos, se identifica pasivamente con el animal…

– El otro aspecto muy importante para optar por la T de Conjuntos (no la de Clases), es (lo vimos con Ana Martínez, vuelvo a ello), la existencia del Conjunto Vacío (una Clase vacía no es posible…clase de qué?). Que pasa con el C. Vacío?: Según otra posibilidad matemática, se puede pensar que un Conjunto se contenga a sí mismo o que no se contenga a sí mismo (que se “cuente” a si mismo como un elemento más, o no. Lo trabajó Russell) Bueno, pues a Lacan le interesa el C. Vacío que se contiene a sí mismo como 1 elemento.

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 Entonces tenemos que el Uno del Haiuno puede verse representado por un C. Vacío de 1 elemento, que es él mismo: es ese Uno que a veces Lacan nombra como “Uno en más”, pero gestado, creado, sostenido por un Vacío, por algo que falta, algo en menos…que no está allí; pero que eso le permite ser UNO.

– Con este avance, entonces, ahora sí (P 187 debajo) lleva a ese Uno que se cuenta en más, y lo pone “en esa fórmula del lado de lo que funda al hombre como tal. Y ese es el único elemento” que lo caracteriza:

graf3Existe una X, tal que NO Φ(x)

O sea que el Uno lo encontramos en el Existe (Existencia), pero NO dentro de Φ(x), sino Uno que Existe por Fuera, en la Negación de esa Función fálica o de castración, en el NO, en el Vacío que le hace a esa Función. Y eso- esa fórmula que organiza, que da lugar al conjunto de las 4 fórmulas de la sexuación, que veremos- eso es lo que, dice L (misma 187, un poco más arriba) es “lo que enuncio como, no que suple, sino que se despliega en un lugar de remplazo de la relación sexual” Muy interesante porque aquí destaca no sólo el aspecto de imposible de esa relación, sino también de hacer algo posible, de alguna manera…pero, yo creo, a través de lo que esa Excepción, ese Haiuno que dice que no (el un decir!), genera que sea posible también decir que sí a algo entre los que hacen de partenaires…!

-Pero aquí viene otro problema interesante: Si, es cierto que esa Excepción, esa Existencia del Uno solo que dice que NO, fundará la fórmula siguiente- también “masculina” de que Todos dicen que sí al Falo (Para todo X, Φ(x)). Pero eso hace que L se encuentre con otro obstáculo: El entrar el hombre en esa función, “¿significa….que lo especifica sexualmente?” (Final pág 187) Si es así, F de X funciona como un atributo: si estás allí en F. Fálica, eres hombre…es decir, en este contexto (cuando se hace el Todo) estaría operando la Teoría de Clases, no la de Conjunto!: Toda casa con tejas, entra; todo hombre que dice que sí, entra…Efectivamente, se acabó el 1, el elemento…es la Clase ahora. Y, si, le causa problemas y se lo pregunta (P 188): ¿que es ese Todo hombre, que también funda ese lado izquierdo de lo que él está construyendo (fórmulas) como “articulación de suplencia” (es decir, como una estrategia matematizada para ver qué hacemos con la relación sexual que no hay… Y promete volver a plantear todo a partir de la función del Haiuno (con la que se siente más cómodo!!!)

Si nos preguntamos por el título que da Miller a este capítulo. Qué hay “En el fundamento de la diferencia de los sexos” En el fundamento hay lo que inicia todo el movimiento que conducirá al “no hay relación sexual”: es ese Existe al menos 1 que dice que no…lo cual es equivalente al “Uno de la Existencia”, Haiuno, Uno del Un decir (que no), y si no…peor.

FIN DE CAP

Cap. XIV: Teoría de las cuatro Fórmulas

(P. 189) Efectivamente, éste es el cap. donde hace el gran despliegue, desmenuzamiento, explicación a distintos niveles y con diferentes tipos de lógica (con cuantificadores y con lógica modal) de sus 4 Fórmulas luego llamadas “de la sexuación”. Pero antes, muestra el discurso del analista, pero denominando los “lugares” de forma distinta respecto de la presentada en el Sem XVII- El Reverso- que luego, al final, intentaremos averiguar qué quieren decir aquí esa denominaciones (Sólo conserva igual el lugar de la Verdad en S2

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Y lo muestra después de iniciar una reflexión sobre el Saber del analista- Ya que este capítulo es una Charla en S. Anne…

Dice que el analista, de una manera o de otra, sabe eso que dice Lacan, por su propia experiencia; porque es la historia no de la verdad sobre el saber, sino del “saber la Verdad”. Puede que lo sepan, por ej, si han hecho el Pase- fallido o no-, o por sus análisis didácticos. Lacan aquí vuelve a preguntarse por qué alguien que ha hecho un análisis quiere ser él también un psicoanalista, lo cual, dice, lo ve a-normal y una especie de aberración! Omitiré todos los divertimentos y burlas respecto del Didáctico (P. 194-95) (los que son canallas al comenzarlo y tontos al acabarlo), sobre el “saber” de los médicos y su “conjura”, antes los cuales “perdió la batalla”, sobre todo cuando lo echaron de la IPA, etc, etc.

Y vamos a algunas cosas que pueden interesarnos para progresar: P. 191, dice que ese “saber sobre la verdad” (que NO la verdad sobre el saber) se articula a partir del Haiuno…ese que está separado del dos…Por eso la Verdad sólo puede “semidecirse”. Pero que el psicoanalista (P 192) tiene una relación compleja con lo que sabe. Se trata de Verdrängung (represión) o de Verwerfung (rechazo), aunque no se sea loco?

La cuestión, dice (P. 195) es que, “para abordar algo concerniente al saber sobre la verdad”, lo mejor que encontró fue el matema. Y en este sentido recuerda que Pierce, para designar los dos valores de Verdad , usa (no F y V), sino 0 y 1. Y que es a partir de la T de Conjuntos (la referencia que toma L para hablar del Uno, después del Parménides), que se puede plantear “un saber que toma la Verdad como simple función”; y que además “entraña un real que nada tiene que ver con la V (ni la filosófica ni la “subjetiva”), sino con la matemática”. O sea, Lacan no deja de recordarnos que de la única forma como se pueden abordar estas cuestiones cercanas a lo Real que está tratando, es desde lo matemático. Y la matemática-dice-en un momento (final P 195) “hizo dar un paso a esta pregunta central en lo tocante a la verdad, a saber, cómo y por qué Haiuno”. Queda claramente vinculado el Saber sobre la V, con el saber sobre el Haiuno. (P 196, arriba) y también dice- ahora muy claro lo que se intuía- que “en torno a ese Uno gira la cuestión de la Existencia”….”Es cuestión de saber lo que existe. No existe más que Uno”.

Entonces, rompo un poco más el texto, y trataré de mostrar, primero las fórmulas de la sexuación, haciendo un mix entre los 2 esquemas que presenta aquí: el de P. 198 y P. 203, a mi manera…Con las explicaciones que va haciendo sobre cada fórmula:

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Pueden mirarse como 2 columnas verticales: las 2 de la Izquierda (lado hombre) y las 2 de la derecha (lado mujer) (Aquí L los nombra así. En Aún irá matizando…). O como dos filas horizontales: las 2 de arriba y las 2 de abajo

Comenzamos por columna izda.

La primera fórmula es la que organiza todo lo que se puede o no decir- matemáticamente- de la sexuación: Que tiene que existir una X (Variable de Sujeto) que haya dicho que NO a someterse a la F. Fálica o de Castración, que la haya negado, o dicho que “no es verdadera” para él esta función. Lacan se apoya en el mito del P. primordial de T y T, que tenía acceso a Todas las mujeres y por tanto sólo él (el 1 solo) no sometido a la prohibición del incesto. Desde la lógica aristotélica se trataría de una proposición particular negativa: Como si dijéramos: algún hombre- o un hombre- no es mortal. Lo importante para Lacan de esta fórmula- pág. 198- es que “la existencia está enlazada a undecir no”. Y en P. 199 lo dice más claro: “Es el Uno solo que se determina por efecto de decir que no a la F. Fálica”. Recordemos que la Existencia del 1, del Haiuno, solo, comenzaba con un vacío, con una Falta, podríamos decir con una negatividad: era ese Conjunto vacío que se numeraba 1, de 1 elemento que era él mismo, vacío…

Esto, para Lacan, dentro de la lógica Modal (Necesario, Contingente, Posible e Imposible), es lo Necesario: lo que no cesa de escribirse: es necesario la existencia de un Padre que niegue la Función (Función que será la propia, pero que empieza con su propia excepción de ella)

Pero, dice L, esto no se sostendría “ni un instante” si no se conjuga con todas las otras fórmulas.

La segunda fórmula, abajo, de la misma columna Hombre, es generada por la anterior, y dice que Para todo X (Suj, estructuralmete “masculino”), Φ(x), o sea, todos se someten a la castración. Para Aristóteles sería la Universal afirmativa: todo hombre es mortal. Pero para él entonces, entre la 1ª y la 2ª habría una Contradicción. Si, Lacan lo pone: Contradicción entre una y otra; pero a Lacan le da igual, porque él se apoya para esto, por ej en Pierce. Además porque decir: “1 que dice No” es en el orden de la existencia, que no entra, justamente en la Función, y es perfectamente numerable (es 1). Mientras que Todos, Todas las X, lo son en el orden de la Función (la Clase, que decíamos), y por lo tanto no son numerables (Pág. 196 Lacan ha dicho bastante de esto: “los hombres” son conjunto No numerable). Justamente, cuando decimos: todos los hombres son buenos, o son mortales, pues, no son contables…Porque lo son los vivos, los que ya están muertos o no han nacido! O sea, que, de acuerdo a esta lógica, no es incompatible decir que uno existe fuera de eso (porque lo hago existir como 1, en el orden numérico), con decir que todos (sin número, como “concepto”) están dentro de eso…También es compatible con la lógica Saussuriana del Ste: El conjunto de Todos los Stes. (Universo del discurso) se forma gracias a que uno sale fuera del Conjunto y hace el papel de la “diferencia”. Dado que un Ste se define por su diferencia con otros significantes…

Desde la lógica modal, Para todo X Φ(x), es lo Posible: Desde el mito, un Padre es Necesario; pero los hijos que se someten todos a la castración del Padre, son solo posibles…justamente porque no se numeran…Dicho como Lacan (P. 205): lo Universal siempre es sólo posible; decir “todos los hombres son mamíferos, eso quiere decir que todos los hombres posibles pueden serlo”

La tercera fórmula, primera de la columna Mujer, derecha. Es, como la de al lado (mirando en línea horizontal), en el orden de la Existencia. Pero mientras en el lado masculino la Existencia está afirmada: Sí existe Uno que dice que No…en la mujer la Existencia está negada: No existe ningún X…que qué? Pues que No esté en Φ(x) (Función también negada) Pero qué quiere decir? Lacan lo enuncia así (P. 198: “No existe esa X que diga que no es verdadero que la función fálica sea la que domina la relación sexual”: para que haya o para que no haya, pero no hay ninguna que diga que No es cierta esa función. Si lo comparamos con Para todo X Φ(x), dirían lo mismo desde el punto de vista de la extensión: todos dicen que sí, es equivalente a ninguno dice que no. Pero lo que tenemos que valorar con Lacan, es esa Existencia de La mujer que está negada, y está también negada como Uno de la excepción- Dice que NO existe Uno, no hay una X… Y negado como Conjunto Universal La mujer. . salvo Conjunto Vacío. Lacan, P. 202, arriba lo dice así: “… en “No Existe una X que no está en Φ(x)”, está el vacío, la falta, la ausencia de cualquier cosa que niegue la Función Fálica”. Agrega que no es que sea Otra, es que “no existe en esa Función”! Ella es lo que en su grafo escribe como:

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Vemos que no es el Otro, entonces…
Entonces, no hay el Universal Para toda Mujer, Para todo X, salvo poniéndose en la otra columna (masc), que es lo que hace efectivamente ella y
todo el mundo para poder acceder al falo y al lenguaje…Pero del lado Mujer no hay eso No- Numerable del Todos…Todo lo contrario: ellas SI SON NUMERABLES, porque si bien no son UNO de la Existencia, sí se cuentan Una por Una…Por eso, esta fórmula toda negativa, en el orden de la Existencia, genera la de abajo que veremos enseguida.

Antes ver cómo lo dice la lógica Modal: “No Existe una X que no esté en Φ(x)” es Lo Imposible. Hace imposible cualquier existencia, excepción, o todo en la Función. Por eso se dice que “no cesa de no escribirse” Imposible cualquier tipo de inscripción. Aquí, extrañamente, Lacan pone La Virgen!!!! (P. 200) La función “VIR, dice, que encima es VIR, también de Viril! Ella no ha sido poseída por un hombre, pero engendró. No termino de ver muy consistente esta estructura que Lacan encuentra, y que la encuentra, en el lado femenino, casi equivalente a la del Padre de la Horda en lo masculino!. Dice que, precisamente es de la vir-virgo-virgen, que se ve bien que “no existe x que se determine como sujeto en el enunciado de decir no a la F. Fálica”…La virgen no se determinaría como sujeto diciendo que no…Yo me pregunto, si no se determina como sujeto, cómo se determina? Pues…es conjunto vacío: no se determina por elementos. Por eso, por un lado es Viril, por otro está situada del lado mujer en la primera fórmula… (la Virgen es mujer). Por eso dice L, que, mientras ese Padre es Uno, la Virgen es entre 0 y 1, y no es numerable, como lo expresa “La leyenda Dorada”, o las 11 mil vírgenes (Edad media, recopilación de vidas de mártires de Jacobo de la Vorágine): como metáfora de que eran muchas, incontables, de lo cual Lacan se burla, respecto de la no virginidad de casi ninguna de las mujeres de su época…

La cuarta fórmula (lado femenino) Para No toda X, Φ(x). Ni todo de ella ni toda ella se siente obligada a decir siempre que SI a la ley, o a “la Función Fálica, respecto de que ésta fundaría la relación sexual”. Pero No toda también quiere decir que no toda dice que NO… Porque no es que ella niegue esa función: “en absoluto que no” (y es verdad, en el Para no todo, lo negado es el todo, pero NO LA FUNCIÓN, que está afirmada! Algo así como: la Función es…pero para no-toda…No toda considera que la F. Fálica funde siempre la relación sexual…Ella podría irse de esa función…para regresar, supongo. Pero fijaos que L aún no habla en términos de dos goces posibles: G. fálico- dentro de la Función- o un Otro Goce – algo fuera de esa Función, al que por momentos algunas mujeres, no todas, tendrían algún tipo de acceso…eso en este Sem aún no; es el avance que hará en Encore, Sem. 20: repartir un lado u otro de la sexuación según la modalidad de goce. En nuestro Seminario 19 aún no: aquí es quienes “creen” en esa Función como capaz de fundar lo que haya o NO HAYA de la relación sexual (los masculinos), o quienes no acaban de ponerse “con todo” allí (las femeninas)

Desde la lógica Modal, ese Para no Todo X…es lo contingente: puede ocurrir o no. Algunas sí, otras no o casi nunca…muchas combinaciones.

Entre las 2 femeninas (P. 202, final), Lacan dice (y lo escribe): entre “Para no todo X, Φ(x)” y “No existe una X que no esté en Φ(x)”, tenemos “lo indecidible” (no pertenece a las Modales, sino a unos teoremas o matemáticas de “lo indecidible”, que él no nombra (pero Miller sí…). Pienso- volviendo a la Vir- si sería como preguntarse: ¿Pasar de la Virgen- como modelo de esa fórmula de arriba- al No-toda? Pues, tal vez! (es lo Contingente)…pero de momento no lo puedo decidir…”. Pero Lacan sólo dice que allí (en la columna femenina), lo que está en juego es la falta, la falla, el deseo.

Si miramos las 4 Fórmulas por líneas, tenemos:

La línea superior dominada por la Existencia: Ya lo hemos dicho: de la izquierda (masculino) se afirma, de la derecha (femenino) se niega, como se niega toda posibilidad de Excepción

La línea inferior dominada por la Función: que le dice todo que sí- masculino- ; que dicen no todo a esa función, lo femenino. Entre ambas está, por un lado “la discordia”, por otro lado el “objeto a” (que busca el Todo sometido a la castración, en la No-toda. Y (P. 205) “Con el objeto a estamos en relación” (Una de cal y otra de arena)

Para terminar, referirme brevemente a la cuestión del Discurso del Psicoanalista que pone al comienzo del Capítulo, cambiando de nombres a los lugares:

Al a, que era el Agente, ahora dice también que es el lugar o la posición del semblante de ese objeto que ocupará el analista. Y que se dirigirá a un Sujeto que ahora le pone goce. Sorprendente! Pero no tanto, porque, a partir del Seminario 16 (de un Otro al otro), vimos que Lacan va variando: ya no se trata (sólo) del Sujeto como representado por un Ste., sino del parletre, que es el sujeto tomado por lalengua y por el goce. Junto al S1 (Producción), más sorprendente que le ponga plus-de-gozar! (como equivalente al objeto a!) Por qué? Creo que por lo que intuíamos al principio: porque eso que el Sujeto o el parletre construirá en su análisis, es ese Uno sólo, el Haiuno…sin Otro, el S1 que ni se repite ni tiene par…que no alcanza el Otro, o el Dos…y se queda sólo, construido al final de su travesía analítica… es Un Significante, EL significante que marcó un punto en el cuerpo…el significante de un Goce que nunca fue…pero algo equivalente al de la primera experiencia de satisfacción de Freud, que queda también sola, sin huella mnémica anterior… (Por eso tal vez Lacan habla en el Prefacio que al final, en el encuentro con lo Real del Ics puede experimentarse una “Satisfacción”…) Y la Verdad que pone junto al Saber? Si, pero es el Saber la Verdad, que estaba buscando en su pregunta: Cuál es el Saber del Analista, qué tiene que saber? Pues: esa verdad, que no es toda sino que se dice a medias, creo que es que sólo Haiuno, y lo que ese Haiuno funda: que no es el “con ellos” ni el “dos”, sino lo que hace que no haya relación sexual, y que al mismo tiempo, los partenaires puedan hacer algo entre ellos, sabiendo que en cuestión de sexo: hay 1, y algo más que uno, pero no 2 y aún menos, que dos hagan uno. Poder tolerarlo es función del análisis y será el pequeño saber la verdad del analista (en lo que falta del Seminario se aún más de esto…encore!)

“¿Qué opinaría Freud de esto?”. Sobre sexualidades y más…

¿Qué opinaría Freud de esto?”. Sobre sexualidades y más…

Comunicación para la Jornada de los Colegios Clínicos en Gijón. 27 de mayo de 2017

¿Qué opinaría Freud de esto? es el comentario inicial que aparecía en el Facebook de la FFCLE del 12-3-2017 en relación a un artículo que allí se publicaba, escrito por una psicóloga escolar. Ella lo titulaba así: “Soy una niña…¿por qué tengo nombre de niño?”. Y allí se proponían 11 items que supuestamente permitirían reconocer al niño/a transexual. Por ejemplo: hablar sobre sí mismo en el género contrario, cambiarse el nombre por otro de distinto género, etc. No me voy a ocupar de este tema de la supuesta transexualidad infantil, ni mucho menos de ese artículo; pero sí quiero destacar uno de esos ítems, el nº 10, que me resultó especialmente curioso, en tanto no es nada curioso, sino más bien corriente para el Psicoanálisis de inspiración freudiana; y que al mismo tiempo me inspiró para escribir esta comunicación; dice así: “Emilia pregunta: ¿Cuándo me saldrá un pene? Mientras que Andrés dice: ¿Se me va a caer la colita cuando sea mayor y tendré vulva?” Creo que nos resultará obvio preguntarnos si ese supuesto indicador de eso que se busca ¿es tan distinto de los viejos complejos de envidia del pene y complejo de castración para unas y otros…?

Evidentemente no tengo nada que responder a la pregunta inicial sobre lo que diría Freud si viviera en esta contemporaneidad ¿Cómo saberlo? Pero sí como lectora de Freud y de Lacan y practicante del psicoanálisis quiero plantear cuatro puntos más, que pienso en relación al tema que nos convoca, que nos convocó ya en Barcelona en febrero en una Jornada conjunta entre Foro y Colegio clínico, y también en el curso sobre SEXUALIDADES que estamos dictando en ACCEP. Y luego, una breve teorización en relación a estas cuestiones.

  1. Cuando los teóricos de la identidad de género vienen a decir que no se nace hombre ni mujer…pues ¡Aleluya, eso es freudolacaniano! Ciertamente que la anatomía no es el destino. Pero, oh paradoja! Cuando algunos trans buscan afanosamente un cuerpo modificado, operado, en fin, su sexo reasignado (ya no es sólo género), entonces resulta que…la anatomía deviene imaginariamente el destino; un destino buscado y, como un nuevo semblante, encontrado.
  2. Cuando Freud propone una elección de objeto para cada conjunto: homosexuales y heterosexuales; y nos deja muy claro que el recorrido que conduce a ello es tan arduo y difícil para unos y para otros, elijan lo que elijan; es en tanto nos muestra que a los sujetos de ambos grupos- homo y heterosexual- los guía en su elección el Edipo y el inevitable golpe contra la roca viva de la castración, que es para todos y cada uno…Pues entonces, aquí no está la anatomía como destino, pero sí la castración; y aquello que (con Lacan) de ella deviene, que es- para homosexuales, heterosexuales y más- la falta de proporción sexual. Y ésta es la cuestión para la cual: cada tipo de elección de objeto no será más que una estrategia entre otras- que se podrán ver- para poder hacer con esta inexistencia.
  3. Por esto, cuando Lacan indica que cada parletre se hace su propia sexuación, colocándose donde quiera o pueda, del lado masculino o del lado femenino…bien, aquí y muy claramente el indicador está lejos de ser la anatomía y ni siquiera la elección de objeto. Aquí lo que comanda es el goce, la modalidad de goce, femenino o masculino, de cada sujeto, que hace que éste busque/encuentre su ubicación, su fórmula sexuada.
  4. Y si volvemos a pensar en la reasignación de sexo– un sexo asignado desde la ciencia médica que hormona u opera, y desde el registro civil que inscribe otro nombre de pila- yo al menos no pienso en abstracto si la transexualidad comporta o no una psicosis. Sabemos que un discurso – que es actual y por lo tanto Amo- provoca modificaciones en la subjetividad de la época; y tanto los datos que nos va aportando la clínica contemporánea – tanto cuando se tiene la ocasión de escuchar a estos sujetos reasignados, como cuando se los ve desempeñarse en la vida con su nueva identidad y su recreada anatomía…- bueno, eso no nos permite concluir que se trata de una psicosis, salvo cuando se es psicótico. Por lo tanto no vale pensar en general, sino obviamente en cada caso, como lo hacemos cada día con cada sujeto en consulta. Pero lo que sí me hace pensar es: si algunos de estos sujetos que van a demandar que se les reasigne el otro sexo– a operarse por ejemplo- si se encontraran antes pudiendo hacer un trabajo con su inconsciente, es decir, en un análisis… ¿no barajaría alguno la posibilidad de tomar su goce como criterio para sexuarse del lado hombre o del lado mujer? Al menos, para el propio cuerpo ¿no les resultaría menos sangrante que tomar como criterio de sexuación una anatomía rehecha, modificada o evirada?
  5. Lógicamente digo todo esto desde el terreno del Psicoanálisis donde estamos situados. Del lado del derecho, de los derechos y libertades individuales y colectivos de los ciudadanos, bienvenidos tanto los que se eligen según su goce, como los que prefieren transitar quasi biológicamente al otro sexo. Pero ¡ojo- vuelvo al psicoanálisis- no hacerse ilusiones! Que siendo rigurosos como Lacan lo era, no hay Otro sexo al que dirigirse. A ese Otro, ni a su cuerpo en tanto tal, ninguno tiene acceso- salvo parcial y fantasmáticamente.

 

Y es aquí donde quiero introducir alguna reflexión inspirada en Lacan de los años 70:

Esa asimetría entre cómo se deviene hombre y cómo se deviene mujer, que Freud comenzó a ver a partir de 1925 desde su propia narrativa edípica, Lacan la encuentra magistralmente desde la lógica de sus fórmulas de la sexuación: ninguna concesión a la más mínima simetría, ni por lo universal y particular, ni por lo negativizado y positivizado. Allí hay dos lados asimétricamente diferenciados: de un lado- el masculino- la excepción que permite la afirmación del todo fálico; y del otro- el femenino- una doble negación que permite negar el todo fálico. Esto para los hablantes más o menos neuróticos.

Pero lógicamente, tampoco hay simetría alguna para los sujetos situados en esas otras sexualidades– neuróticos o lo que fueren.Ya en Ideas Directrices para un Congreso sobre sexualidad femenina, Lacan dice una frase curiosa: habla de la “naturalidad con que semejantes mujeres [las homosexuales femeninas] proclaman su calidad de hombres”, a diferencia, dice, de ciertos “delirios transexualistas” masculinos.

Pero aún más: Con esto Lacan indica no sólo la asimetría entre posiciones adoptadas por mujeres y hombres de “otras sexualidades” en relación a las identificaciones y al deseo sexual, sino que, sobre todo, se va acercando a una lógica mucho más rigurosa (la de su Seminario “…o peor”, y luego “Aún”, entre 1971 y 1973) en la que mostrará que cada Uno no siempre es el Otro para ese otro, por ejemplo: el hombre NO ES el Otro sexo para una mujer. Por qué? Porque se trata del Uno, sólo Uno; 1- 1- 1, el Hayuno (como lo llama en “…au pire”- Seminario que preparará ACCEP), entonces, si sólo hayuno no hay Otro (no hay Dos, dice también) Entonces tendríamos el hombre– en representación de ese Uno, Uno fálico, Un sexo, que sí hay. Y la mujer, que es el Otro, el Otro sexo que no hay. De ahí que para una mujer, el Otro sexo es también la mujer; de donde resulta: la mujer como Otra de sí misma. Por eso usa ese término “naturalidad” para las lesbianas: si ellas pueden afirmar con naturalidad su lugar masculino, es porque, desde ahí, desde el lugar del Uno fálico que la homosexual femenina quiere encarnar en la parada sexual, puede tomar más directamente a Otra mujer como objeto, como el Otro sexo, el que no hay; y ahí encontrará esa Otra para sí misma– que parece finalmente, lo esencial de la mujer-, pero que resultaría perfectamente “natural” para las lesbianas.

Lacan da un paso más y en 1972, en el Seminario “Aún”, lanzará otra provocación/verdad: que “heterosexual es todo aquel que ame a las mujeres”. También, dentro de esta misma lógica, dirá su otra frase escandalosa: la mujerno existe. Para aclarar enseguida que sí existen las mujeres; justamente porque responden a ser Uno, Una, Una por Una. Pero al mismo tiempo ellas- vuelta a la paradoja- una por una tienen esa posibilidad de salirse del goce del Uno, del Uno fálico, y migrar, aunque sea por un momento, hacia el Otro…goce. Pero en efecto, si eso ocurre, es sólo por un momento; porque después, de eso, ellas casi nada saben ni dicen. Y por descontado, ese momento no es la relación sexual. Esa no hay, al no haber el Otro sexo con el que hacer la relación o proporción.

Frente a este panorama, sólo queda para el parletre la pequeña estrategia particular; estrategia para poder arreglarse con el Otro sexo que no hay y con la proporción sexual que no existe: algunos querrán buscarlo en un partenaire que posea atributos anatómicos diferentes de los propios; otros se propondrán como siendo ellos mismos el Otro sexo para aquel que sólo es su semejante, anatómicamente hablando; habrá quienes crean que al Otro sexo lo encontrarán en ellos mismos migrando de género o procurándose una nueva anatomía y con ella un supuesto nuevo destino. Pero, en el fondo, no dejan de ser estrategias más o menos fantasmáticas para poder tolerar la falta de relación sexual.

Y volviendo a la pregunta inicial: yo no sé qué opinaría Freud ni tampoco Lacan del artículo de esa psicóloga sobre los supuestos niños transexuales- de lo cual ha quedado claro que no me he ocupado aquí. Pero esto es lo que se me ha ocurrido decir sobre algunas de las cuestiones que nos convocan; mal o bien, pero gracias a lo que creo entender de ellos.

 

M. Inés Rosales Manfredi

Barcelona, 12 de mayo de 2017

 

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Curso 2014-2015 (ACCEP)

ACCEP (Associació Catalana per a la Clínica i l’Ensenyament de la Psicoanàlisi), inscripta en el marco internacional de las Formaciones Clínicas del Campo Lacaniano, se propone la enseñanza del psicoanálisis en su doble vertiente teórica y clínica, siguiendo el camino trazado por S. Freud y J. Lacan.

ACCEP es miembro de la Federación Española de Asociaciones de Psicoterapia (FEAP) y ofrece la posibilidad de realizar prácticas en instituciones y centros de salud mental con los que mantiene convenios.

Próximo curso 2014-2015

Formación Contínua
ACCEP14-15

Master
ACCEPMaster-encarte-2014-2015

Programa master M1
Programa(M1)-MasterACCEP2014-2015

XIV Jornadas Colegios Clínicos del Campo Lacaniano

Barcelona 31 de mayo 2014.
Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), calle Montealegre 5.

El diagnóstico en Medicina y muy particularmente en Salud Mental es un juicio sobre el sujeto; puede invalidarlo o justificarlo, librarlo de la cárcel, o contribuir a su condena, privarle de sus bienes o proporcionarle una ayuda económica. Pero las categorías diagnósticas, lejos de ser entidades inamovibles, están influidas por el discurso social de la época y evolucionan según criterios sociales, éticos, científicos y económicos.

El diagnóstico en psicoanálisis, se basa en la clínica psiquiátrica de los grandes pioneros, que construyeron sus clasificaciones cimentadas en la observación y la escucha de las producciones de los pacientes, generalmente psicóticos, y ha derivado en las tres grandes estructuras: neurosis, psicosis y perversión. Lacan habla de elección del propio sujeto como forma defensiva frente a la castración, que lo aleja de la idea de patología.

En las entrevistas hacemos una previsión de la estructura del sujeto y cuando aceptamos la demanda de analizarse se introducen la transferencia y el síntoma analítico poniéndose en marcha un dispositivo de palabra desvinculado de los fenómenos y centrado en la estructura. No haremos un diag- nóstico por la fenomenología, sino por la relación entre S/ (efecto de lenguaje) y el Otro. La clínica analítica pasa por el desciframiento del inconsciente que tiene una función diagnóstica y permite orientar la dirección de la cura.

El sujeto podrá articular, mediante los significantes pri- mordiales, los hitos fundamentales de su historia y la brújula del síntoma –que lo representa como goce cifrado del incons- ciente en la transferencia– nos permitirá localizar la posición del sujeto en la estructura.

El sujeto aparece entre líneas, bien diferente del sujeto de la conciencia amo de sus pensamientos. En nuestra clínica parte del desconocimiento de sí mismo que plantea un saber no sabido sobre su verdad particular, la verdad inconsciente del deseo del sujeto, que por el síntoma se convierte en algo legible.

Carmen Lafuente.

XIVJornadasCCCL-programa-1

Comisión científica:
Juana Deval (Valencia), Rebeca García (Madrid), Carmen Lafuente (coordinadora, Barcelona), Xabier Oñativia (País Vasco), Montserrat Pallejà (Tarragona), Victoria Torres (Astu- rias), Camila Vidal (Galicia), Rosa Roca (colaboradora).

 

Programa:

9:30-10:00 Recepción

10:00 – 10:15 Apertura. Carmen Lafuente (Directora Estudios de ACCEP, Barcelona)

10:15 – 11:45 Primera mesa. Coordina Camila Vidal (Presidenta de la Asociación Psicoanalítica de Galicia)
· Sobre un Centro asistencial de práctica clínica que no excluye al sujeto. Ana Alcaide, Fabiana Andreatta, Adriana Ferrari (Barcelona)
· Los poderes de la palabra. Manuel Baldiz (Barcelona)
· Dificultades actuales del tratamiento de las neurosis. Andrés Fernández (Barcelona)

11:45-12:15 Pausa

12:15-13:45 Segunda mesa. Coordina Juana Deval (Presidenta del Col·legi de Clinica Psicoanalitica de Valencia)
· Mujer, pero defectuosa. Carolina Barrios (Madrid)
· El primer amor. Lydia Grimaldi (Madrid)
· Escenas de exclusión e inclusión. M. Inés Rosales (Barcelona)

14:00-16:00 Comida

16:00-18:15 Tercera mesa. Coordina Rebeca García (Presidenta de la Junta de Estudios del Colegio de Psicoanálisis de Madrid)
· La letra con sangre entra. Francisco Estevez (Asturias)
· El ganador supremo. Nieves Gonzalez (Madrid)
· Hombre nuevo, un nuevo hombre. Carmen Nieto (Madrid)
· Hamlet: cuatro siglos sin diagnóstico. El sujeto a la espera. Manel Rebollo (Tarragona)

18:15-18:30 Clausura. Montserrat Pallejà (Presidenta del Seminari de Psicoanàlisi de Tarragona)

 

Colegios Clínicos participantes:
ACCEP de Barcelona, Colegio de Psicoanálisis de Madrid, Col·legi de Clínica Psicoanalítica de Valencia, Foro Psicoanalí- tico de Asturias, Jakinmina del País Vasco, Foro de Galicia y Seminari de Psicoanàlisi de Tarragona.

Comisión organizadora:
Ana Alcaide, Fabiana Andreatta, María Inés Rosales, Montse Ruiz y Rut Sonabend (coordinadora)

 

Objetos (a) del cuerpo y decires de sujetos

Según el corte significante en lo real del cuerpo, el objeto a que nombra Lacan en su Seminario de la Angustia, se manifiesta de cinco formas diferentes. A veces se presenta en su función de causar el deseo. Otras veces, bajo determinadas condiciones y en cualquiera  de sus manifestaciones, fijará  la angustia. Ésta a su vez, haciéndole de señal ante el sujeto, hará por tanto de “traducción subjetiva” de tal objeto.

Intentaré poner a prueba nuestra propia clínica en su capacidad para apuntar, mostrar o develar de alguna manera algo de esos objetos o formas de aparición del a. Para esto no traigo esta vez un caso construido, ni la dirección de la cura correspondiente, sino que lo encontrado o buscado son dichos y decires de diferentes sujetos en análisis, pequeños párrafos o viñetas clínicas que permiten ver u oír cómo se manifiestan esos objetos que a veces han causado el deseo del sujeto –fantasma mediante-  y otras veces sólo se han hecho patentes cuando la angustia los ha señalado, de la forma como ella señala: no-sin ese objeto. Lo que creo podrá apreciarse en estos ejemplos es además, ciertos caracteres del objeto a de Lacan según los desarrolla en el Seminario 10 y que resumo en dos:

  1. Que ese objeto (que en verdad no es más que vacío y por tanto nombrado por esa primera letra a) es a la vez un objeto que se separa, se aísla, se corta… ¿De donde? ¿Del Otro? Sí, por efectos del lenguaje; pero decir esto no es suficiente porque en este Seminario Lacan se mueve por donde se mueve la Angustia: entre lo imaginario y lo Real (La angustia se mueve mal en lo simbólico porque en el terreno del significante hay engaño, mientras que ella es un afecto anclado en la certeza, al menos de sí misma, que es lo contrario al engaño). Y, entre lo imaginario y lo real, el cuerpo es el protagonista. Por tanto mostrará con insistencia, sin preocuparse de parecer a veces hasta biologista o anatomista, que los objetos a se desprenden del cuerpo. Del cuerpo real. Claro que tomado desde el psicoanálisis, como un cuerpo que está también, y fundamentalmente, inscripto en el habla.
  2. Que el lenguaje produce fundamentalmente cuatro cortes corporales, más uno que da sentido a los anteriores. Son las cuatro formas que toma el objeto al caer: oral, anal, escópico e invocante, presididos por – fi, que no hace par con ninguno, a diferencia de los otros, pero se vincula con todos al darles la forma castratoria del corte y la caída.

 

– El primero de estos objetos o representantes del objeto a, objeto freudiano que Lacan nombra la mama, muestra con ventajas su carácter amboceptor: pertenece a dos organismos (de la madre y del hijo) y de los dos se corta de forma y lugar diferente, se separa y se pierde. El punto de angustia, dice Lacan, se halla en el Otro, en la madre. Se entiende que su pecho, algo que era íntimo para ella y que tenía su función en su vida erótica, de pronto deviene no sólo diferente en forma, tamaño y función, sino y sobre todo, deviene exterior, pasando a ser parte de otro que no es ella: del niño. Correlativamente, la angustia del sujeto, del niño, no es la separación de la madre sino la propia angustia de ella, angustia del Otro y que en el niño se presenta como temor al agotamiento del pecho.

Una de mis primeras pacientes había vivido su maternidad con mucha angustia. Yo en esa época había tenido un hijo y lo estaba amamantando. Una vez ella repentinamente se giró en el diván, me miró el pecho, creyó ver una mancha y me dijo: “¿Ha dado el pecho? Pues, no se lo ha vaciado”. Si se escucha como denegación, el decir o la enunciación de la sujeto sería “sí se lo ha vaciado”, equivalente a “se lo ha agotado”, forma como se le revela al sujeto el corte entre el Otro y el objeto, entre la madre y la mama: momento de angustia que remite a aquella primordial, estructural del tiempo cero de la operación significante que arroja un resto…Pero, contraria y paradójicamente, si al “no se lo ha vaciado” se lo entiende a la letra, eso también angustia! Se suele decir que si el pecho no se vacía, no volverá a producir leche. De modo que aquí la amenaza sería la ausencia de vacío: que el vacío no haga su función estructurante, esto es, que falte la falta. Lo cual apuntaría a la angustia más certera, la que de verdad no engaña, que es la angustia de no castración. No olvidemos que es en –fi, agujero central de la castración (el llamado tercer piso) donde vienen a desembocar los cuatro objetos.

Allí desemboca también este mismo objeto oral para otra paciente, el cual se le presenta en su función de objeto causa de su deseo. Pero recordemos antes lo que Lacan nos enseña: que el punto de deseo en relación al piso oral está para el sujeto en la mama, en tanto es al niño a quien le pertenece y a él se le separa. Por eso el pecho cumple con la condición de ser objeto parcial y corporal producido o caído por un corte, que vendrá a causar el deseo y posiblemente a organizar el fantasma que jugará su parte en los encuentros con el otro sexuado; y no sólo para el sujeto masculino, según veremos. Esta segunda paciente envidiaba profundamente a su marido porque, decía: “él tiene mis pechos, y eso debe dar un placer indescriptible” Atribuía al pecho de una mujer el ser el objeto privilegiado del deseo de todo hombre, y el más apto para gozar y hacer gozar. Ella se lamentaba de esa pérdida de goce por ser mujer. Como es fácil de entender, para esta sujeto se jugaba mucho en el campo de lo oral; por ejemplo, lo que ella consideraba su síntoma: siendo hija y nieta de aceituneros tenía lo que llamaba “fobia de contacto” y asco a las olivas, lo que le creaba no pocos obstáculos en sus relaciones familiares…

 

– Sobre el segundo objeto, también freudiano, objeto anal o escíbalo, sabemos que entra en la subjetividad por la vía de la Demanda del Otro (la madre que pide al niño su caca) y que el deseo en juego, que es para Lacan el deseo de retener, es una defensa de otro deseo, el que, dice, sería el natural, el deseo sexual. Por tanto aquí la angustia se produce en la cesión. Los obsesivos son los que mejor dan cuenta de estos movimientos, y de la máxima solidaridad entre el piso anal y el de la dimensión fálica, la de la falta por excelencia, -fi, la que en el nivel corporal se presenta como angustia ante la detumescencia del órgano en el momento del orgasmo masculino.

Un analizante que a los 37 años comenzaba por primera vez a vincularse sexualmente a una mujer y como resultado de un arduo trabajo en el análisis, habiendo derribado ya varias barreras, se encontraba ante una nueva dificultad que describía así: “Ahora puedo penetrarla, pero con frecuencia durante el coito pierdo y recupero varias veces la erección, como si en el momento de sentir mucho placer me retuviera. Es que ella es tan generosa y comprensiva que a veces es como si me sintiera obligado a darle todo el placer que necesite…” Queda bastante claro que como no puede darle todo, se retiene y no cede nada, es decir, le da una mierda.

 

– El objeto escópico, ojo o mirada, se aparea con el anterior porque en ambos domina el yo ideal. Forma el 4º piso del grafo de los objetos, y es el primero de los dos objetos lacanianos, es decir, que Lacan agrega a la lista de los tres anteriores recortados por Freud. En este nivel espacial de lo escópico y lo especular se vela la castración, y en el yo ideal no se ve reflejado el a como –fi. El fantasma, con fuerte componente de escena visual, contribuye a ello, y ello a su vez contribuye con el fantasma que hace posible el vínculo sexual aunque no haya proporción sexual.  En lugar de advenir el a como lo que es: caída, falta, aparece como un punto 0 de la contemplación y de la buena forma. Sin embargo, ese tiempo que bien puede ser el del enamoramiento no dura siempre; y en otro momento, Lacan nos hace ver cómo el deseo se agarra de algo que es equivalente, dice, a la mancha o lunar o cualquier otra parcialidad que también es punto 0, aunque ahora se vuelva inquietante.

Otro paciente, cuyo recuerdo más antiguo es la mirada fija de su madre sobre la de él, niño, cuando viajaban en tren el día que ambos huyeron del lado del padre maltratador, dice siempre que los ojos son la parte del cuerpo que más ama en las mujeres y en él mismo. Y confía en conquistarlas a través de su mirada. Pero trae un día a sesión que no pudo culminar la seducción de la chica tan esperada, al no poder sostener el mirarle a los ojos “porque me quedé colgado de un lunar, y ya no pude quitar la vista de él”. Lacan dice- y creo que se puede ver en este ejemplo- que en el nivel escópico el punto de deseo coincide con el punto de angustia, en ese punto 0.

 

– La última forma del objeto a, traído a la lista por Lacan, es el objeto invocante, voz o superyo. Es el que mejor revela la dimensión angustiante del deseo en el Otro, cuando se borran las fronteras con el goce del Otro. La voz, como el shofar de los hebreos, puede aparecer como un objeto separado del cuerpo de quien la emite. Cuando la cadena significante deviene sonido, emisión, esa voz cae de la cadena articulada, como si excediera al Otro que va a dar significado al mensaje; como un sonido puro que queda sin significado… Por eso la voz puede ser a veces causa de deseo, y otras veces se presentará como el no-sin objeto señalado por la angustia, cuando cobre forma de superyo atormentador. Y esto último no sólo en la clínica de la psicosis.

Hace tiempo presenté el caso de un joven analizante a quien le angustiaba su propia atracción a atravesar los límites. Él se ocupaba mucho de su propia voz, decía que era muy grave, la localizaba en un tono musical (la mayor), y con frecuencia le sonaba extraña. Tocaba y veneraba el dijeridú, instrumento de viento de una sola nota cuya emisión se completa con la voz del que lo toca. Pero fue la voz de su madre la que le sonó en la dimensión de superyo insensato el día que por primera vez iba a salir con una chica, recién entrado en la adolescencia. ¿Llevas preservativo?- le dijo “Me lo dijo en un tono agudo y me sonó terrible, como si ella me empujara a lo que me daba más miedo…” Sintió que la voz del Otro le empujaba a gozar de lo que después se vio en el desarrollo del análisis, era una amenaza para el sujeto: la novia maravillosa, pero mujer  imperativa de su fantasma, que le haría atravesar todos los límites.

Solo concluir que si ha faltado aquí el punto específico para ejemplificar el llamado objeto fálico, tercer piso de la constitución del a, agujero central de la castración, es precisamente porque, en su condición de falta central, está presente en cada piso, en cada objeto y en cada ejemplo, porque es  la causa sexual de las neurosis. En el cuadro está solo, sin par. Pasado un tiempo, Lacan no volverá a hablar del falo (-fi) como objeto sino como el significante de la falta, y aún, como función fálica.

Inés Rosales

Deseo del analista, transferencia y contratransferencia

Traigo aquí una cuestión que para los analistas lacanianos es condición sine qua non para pasar de analizante a analista (para pasar en el propio análisis de cada uno, eso que se llama el “pase clínico”, independientemente que luego se decida testimoniar de ello o no en ese dispositivo que tiene la Escuela y la mayoría de Escuelas lacanianas, que es el dispositivo del Pase): Es la cuestión nombrada por Lacan del deseo del analista. Pero, como he puesto en el título, la quiero vincular o contraponer (y/o?) a otro concepto, la llamada contratransferencia, porque precisamente es también fundamental para otros analistas no lacanianos, que generalmente pertenecen u orientan su formación y su trabajo dentro de la IPA, Asociación Internacional de Psicoanálisis, en cada una de sus ramas o suborientaciones, la kleiniana, la annafreudiana y la llamada Tradición Independiente (Winnicot, Balint, Byon y muchos más). Para ellos, lo veremos, la CT está ligada también al análisis del analista, así como para nosotros lo está el deseo del analista. Espero poder dar cuenta porqué los lacanianos no solemos usar ese significante, lo cual, lo digo de entrada, no significa no reconocer esos efectos que se describen y se nombran como contratransferenciales; para lo cual, también habré de traer la cuestión de la Transferencia como tal, y cómo esta sí se vincula al deseo del analista.

 

La cuestión de la contratransferencia.               

Freud utilizó una sola vez este concepto y casi no lo desarrolló. En 1910 en «El porvenir
de la terapia psicoanalítica», en un punto donde habla de las «innovaciones en el campo  
de la técnica»; allí dice que se le ha hecho visible la «contratransferencia que surge en el
médico, bajo el influjo del enfermo sobre su sentir inconsciente». Propone reconocerla y
tratar de vencerla profundizando el analista en su autoanálisis; de lo contrario «es difícil que un analista llegue mucho más allá de lo que le permitan sus propios complejos y resistencias». Propone la regla de la abstinencia: dejar de lado todo prejuicio, ideales, etc., y en otra parte propone una «neutralidad benevolente» del lado del analista.

En «El amor de transferencia» ya no la nombra como CT, pero previene al analista de
la posible respuesta al enamoramiento del paciente, efecto posible, dice de la transferencia (muy interesante!)

En «Análisis terminable e interminable» vuelve a prevenirlo de las idealizaciones respecto de la cura, del intento de acelerarla bajo la presión del paciente, y del furor curandi. Y no mucho más.

Sin embargo, durante y después de Freud, es decir, después de los años 20 y 30 y luego
a partir de los 50 con la instalación de la egopsycology en el ámbito de la IPA, y aún en
nuestros días, el concepto de contratransferencia tiene un gran peso en la teoría)

Hubo grandes autores de la contratransferencia como Balint (Siguiendo a Ferenczi): «Transferencia y contratransferencia», 1939; Winnicot: «El odio en la contratransferencia» (caso Pieggle), 1949; M. Littie «Contratransferencia y las respuestas de los pacientes», 1951, y muchos otros y sobre todo otras por las que Lacan se interesa, especialmente cómo tratan ellas la contratransferencia.

En general se suele definir la CT como: el conjunto de sentimientos, asociaciones, reacciones inconscientes, etc., producidos en el analista por su paciente. Algunos autores consideran que los fenómenos de CT deben ser utilizados en la cura, otros que deben ser eliminados. Algunos consideran que han de transmitírselos a los pacientes, otros que deben ser sólo reflexionados por ellos. Para algunos se trata de sentimientos, para otros (Sasz) de un trabajo de intelección muy ardua que debe realizar el analista. En realidad, como decía E. Porge «es una especie de cajón de sastre donde puede entrar cualquier cosa».

¿Por qué tuvo y tiene tanto éxito este concepto? Si leemos los textos de Lacan de los años 50, él se ocupa del fuerte resurgimiento de esta cuestión, sobre todo en su Seminario I «Los escritos técnicos…», y en sus escritos «Variantes de la cura tipo» de 1955 y en La dirección de la cura» de 1958. Aquí viene a decir que el interés de la CT se debió al retomo de la interpretación de preconsciente a preconsciente que había preconizado Ferenczi en los 20, donde el análisis se reduce a una relación dual, donde el analista tiene como ideal ser el espejo del paciente, en cuyo caso ha de preocuparse si lo que se refleja en ese espejo pertenece al paciente o al analista. En el esquema L, Lacan sitúa la CT en el eje imaginario a_a’. En la Dirección de la Cura habla de la CT como de un drama sentimental donde se privilegia la dimensión del yo, y donde se cree que hay reciprocidad de odio y amor.

Pero es en los Seminarios de la Transferencia (59/60) y de la Angustia (62/63) donde Lacan se ocupa durante varias clases (en la Angustia con la colaboración de algunos de sus alumnos) del impulso siempre renovado que la CT estaba también tomando en esos años (como si «no cesara de escribirse»…); y sobre todo se ocupa de los escritos de varios analistas sobre el tema (Paula Heimann y Roger Money-Kirley en La Transferencia y Margaret Little y Lucy Toser en La Angustia, entre otros) y ahora sí, en ambos Seminarios, vinculándola expresamente con la cuestión del deseo del analista, si bien aún no ha llegado a la cima de su conceptualización.

 

– La Contratransferencia en el Seminario de la Transferencia

Me ocuparé de cómo trata la cuestión de la CT en el Seminario de la Transferencia (Seminario de ACCEP), porque me parece la más explícita, la más clara y la más rica. Lo hace en el Cap. XIII “Crítica de la Contratransferencia”

Parte de una idea: Que la posición del Sujeto en el análisis está contenida en la idea del deseo como deseo del otro (esa idea tomada de la histeria, por donde el objeto del deseo siempre aparece en el campo del otro y que es fundamental para entender lo que pasa entre un analista y un analizante) Dice que los otros teóricos del análisis (los referenciados a la IPA) tampoco pueden salirse de esto… Quiere decir Lacan que es la estructura que insiste en cada uno… sólo que de eso no siempre se da cuenta… dicho en los sentidos de la frase. Por eso, dice que cuando esos analistas hablan de la Transferencia, también la plantean desde el lugar donde él trata de centrarla, que es: pensarla “del lado del analista” y no sólo del analizante. Pero cuando esos teóricos la abordan desde ese lugar, hablan de una contratransferencia. Y aquí Lacan recuerda lo que ellos dicen de la CT:

  1. Que se trata de todo lo Inconsciente del analista, que no ha sido analizado en su análisis didáctico. Y eso es considerado nocivo para su trabajo con el paciente. Piensan que si da respuestas no controladas, es que algo de él permanece “en la sombra”.
  2. El resultado: intervenciones fallidas o inoportunas o erradas…
  3. De ahí que se considere que hace falta un análisis didáctico llevado muy lejos.
  4. Algunos- dice Lacan- consideran que el éxito de una buena apercepción por parte del analista estaría en la “comunicación de los Inconscientes” (estilo Ferenczi). Lo cual para Lacan crearía una antinomia: por un lado se pide un analista ideal sin nada de inconsciente, porque todo lo habría develado en el didáctico. Y por otro lado que use una buena parte de su inconsciente (como un “inconsciente-reserva”) para comunicarse con su paciente…

Lacan no desestima todos estos efectos, efectos imaginarios, todos posibles en cualquier análisis, pero en este punto dice algo sumamente interesante: afirma que hay otra necesidad que es aún más legítima, y es “elucidar el punto de pasaje en el que esta cualificación es adquirida” (cualificación de analista-entiendo-), lo que anticipa sus posteriores desarrollos sobre el Pase. Y dirá también que para alcanzar eso del Ics. que es lo más inaccesible a la conciencia en el Didáctico, como proponen, sólo “es posible alcanzarlo, dando el rodeo del Otro”; es decir, en la transferencia, pasando por el lugar y el deseo del Otro. Lo dice también de otra manera: “Toda experiencia del Ics. se realiza en primer término como Ics. del Otro….Cualquier descubrimiento del Ics. propio se presenta como una traducción de otro Ics. De ahí- y es lo interesante para nuestro tema- que Lacan considera que no debería asombrar a los teóricos de la CT que un analista que, a través de su propio análisis, haya llevado muy lejos esta traducción (de su Ics. desde el Ics. de Otro), pueda continuarse en el plano de ese otro que también es su paciente. De modo que Lacan es absolutamente “comprensivo” respecto de todos esos fenómenos llamados contratransferenciales…

Los teóricos de la CT, dice Lacan, tiene el ideal de una apatía estoica (equivalente a la regla de la abstinencia freudiana), de permanecer insensible tanto a la seducción amorosa como a la pasión del odio en relación a su paciente. Siempre conseguido a través de su buena preparación como analistas. ¿Qué dice Lacan sobre esto? Algo también muy sugerente: Dice que “no por conocer su Ics. el analista queda liberado de sus “pasiones”, porque, dice, eso sería suponer que todo el poder del objeto sexual o de otro objeto capaz de provocar aversión, provienen sólo del inconsciente…o que todas las tendencias del Instinto o pulsión de vida deban ser identificadas con el Ics. Muy importante porque ya en esa época L nos insinúa algo que escapa al Ics., algo de la Pulsión que no es capturado por el Ics., es decir por el Lenguaje, en tanto es Lenguaje lo que estructura el Ics.

Entonces finalmente hace la pregunta: ¿Por qué, a pesar de lo dicho, a pesar de que sea legítimo que el analista sienta hostilidad por ese otro que es su paciente que a veces lo inoportuna con su presencia, o por el contrario- la ocasión se presta- sienta una atracción sexual… por qué sin embargo los analistas cumplen con esa apatía analítica?

La respuesta que da nos conduce al tema que vamos a desarrollar: “Si el analista realiza algo así como la imagen popular, o también deontológica de la apatía, es en la medida que está poseído por un deseo más fuerte que aquellos deseos de los que pudiera tratarse, a saber, el de ir a grano con su paciente, tomarlo en sus brazos o tirarlo por la ventana…A veces esto ocurre [aunque] no debe tomarse como corriente”. Y agrega, respecto del analista, que “en la economía de su deseo se ha producido una mutación”. Ese deseo más fuerte, unas líneas después es nombrado como “deseo del analista”. Aunque el concepto no esté aún formalizado en este seminario como unos años después, ya nos da una primera connotación clara: ese deseo, no es un deseo particular… como sería enamorarse u odiar a un paciente particular… porque esos deseos responderían a un determinado fantasma, particular, del analista… Ese deseo más fuerte, que parece provenir de una mutación del deseo de ese analista, parecería que debería ir más allá del Fantasma, lo cual indicaría esa mutación de la que habla (Es lo que veremos en el punto siguiente)

Pero antes, algunas cuestiones más sobre la llamada CT y su utilización. Lacan trae muchos ejemplos de la clínica de los teóricos de su época, y yo traigo un ejemplo de un analista contemporáneo, británico, ahora residente en Australia, Neville Symington. Leeré uno de los ejemplos de un artículo publicado en un texto “The Independent Tradition”, que es de esta orientación dentro de la IPA, publicado por la Asociación Británica de Psicoanálisis en 1983. Aquí no se leen las pasiones del odio o del amor, no explícitamente, pero sí esos otros estados que caracterizan a los analistas cuando se ocupan de esta forma de su CT, como son la identificación al paciente, generalmente a su fantasma,  por medio de lo que ellos llaman “introyección del objeto malo que el paciente les proyecta” y la culpa (traducido por mí para la ocasión):

EL ACTO DE LIBERTAD DEL ANALISTA COMO AGENTE DEL CAMBIO TERAPÉUTICO (The analyst’s act of freedom as agent of therapeutic change)
Neville Symington
(Del texto: “The Independent Tradition”, 1983, de la Asociación Británica de Psicoanálisis)

En este artículo intento explorar un fenómeno con el que están familiarizados todos los analistas. Primeramente lo describiré y luego examinaré cuales son sus implicaciones para la teoría. Me referiré a él como “fenómeno X”. Comenzaré con algún ejemplo clínico.

Yo le cobraba a Miss M un poco más de la mitad de lo que pagaban mis otros pacientes. Ella había sido una paciente clínica y yo solía lamentarme diciéndome por dentro: “Pobre Miss M, x libras es lo máximo que yo puedo cobrarle”

De hecho, yo no lo articulé así, tan claramente. En mi mente era como un hecho reconocido que cada uno sabe, como lo poco confiable del tiempo inglés. Fue parte de los aderezos de mi mente y me resigné a eso del mismo modo como me resigno a desgana al tiempo inglés. Por lo tanto el análisis discurrió con ese supuesto, como su concomitante incuestionado,  hasta que un día se me ocurrió una idea de repente: “¿Por qué  Miss M. no puede pagar lo mismo que mis otros pacientes?”

Luego yo recordé el resentimiento que ella expresaba frecuentemente hacia su jefe, que siempre la llamaba “pequeña Mary”. Una certeza comenzó a crecer en ni: que yo era prisionero de una ilusión sobre las capacidades de la paciente. Había estado amarrado a la auto percepción de la paciente y estaba comenzando a  desembarazarme de esto. Entonces yo traje a colación la cuestión de su pago y, en el curso de una discusión ella dijo: “Si tuviera que paga más, sé que lo haría” 

Con esto me hacía notar claramente que ella tenía la capacidad de pagar más, y que esto podía ser modificado si yo cambiaba mi actitud interna hacia ella. Algunas sesiones después le dije “Estuve pensando sobre nuestra discusión acerca del pago. Yo les cobro a la mayoría de mis pacientes X libras, y en nuestra discusión no he oído nada que me haga suponer que a Ud. No debería cobrarle lo mismo”.

Durante dos sesiones se quejó lastimosamente, pero después resolvió que tomaría el desafío. Pronto consiguió un trabajo con el cual ganaba un tercio más que en el anterior. En el cambio de trabajo se desprendió del tutelaje apadrinador de su jefe, que solía llamarla “pequeña Mary”. Ella pudo lograr esto porque primero había sido liberada de la actitud apadrinadora de su analista. Poco tiempo después, finalmente logró deshacerse de un novio parásito. Vuelvo a pensar que lo logró porque antes se había deshecho de un analista parásito. Estos dos eventos fueron seguidos de otros desarrollos favorables. Pienso que la fuente de estos cambios beneficiosos fue ese momento de libertad interna en el cual tuve ese pensamiento inesperado: “¿Por qué Miss M. no puede pagar lo mismo que mis otros pacientes?” Llamo a este acto de libertad interna: “Fenómeno X”

 

Lacan insiste en reconocer que estos fenómenos se pueden producir, pero no son, ni mucho menos lo esencial del análisis. Sin embargo, al final del capítulo propone, de varias maneras, la explicación de este fenómeno, teniendo en cuenta cosas que ya hemos dicho; vamos a tomar una de estas versiones:

Si nos situamos al comienzo de un tratamiento, vemos que el sujeto es introducido en el análisis como siendo “digno de interés”, para el analista, “es él por quienes estamos aquí”; hasta digno de amor, puede verse el paciente. Como si él fuera un erómenos (griego “amado”, y también “deseado”. Seminario de la Transferencia, El Banquete de Platón, fundamentalmente lo que ocurre entre Sócrates y Alcibíades) Pero, ese es el “efecto manifiesto”. Porque el “efecto latente”, aunque el sujeto no lo sepa es: que por estructura el deseo es deseo del Otro (se había dicho) y por lo tanto el objeto de deseo (agalma) se sitúa siempre en el campo del otro; del otro que es el analista, al que se supone poseedor del agalma, del tesoro que se desea. Pero, decíamos, si el analista tiene su interés por él, el se siente que es ese objeto del deseo del otro… Pero como el sujeto sólo puede desear el deseo del otro, sólo ansía el objeto que está en ese campo del Otro… y qué él confunde con su propio objeto… entonces de erómenos (amado/deseado) deviene erastés (amante/deseante), en sentido activo. Es decir que en ese momento analítico se produce lo que Lacan llama la Metáfora y hasta el milagro del amor, la producción del amor: que es la sustitución por la cual el amado se convierte en amante. Este es un momento analítico muy propicio porque el analizante deviene deseante, se abre al deseo… pero también convulsivo, que puede ser pasional, que implica totalmente al analista, que lo moviliza, porque se lo hace poseedor o depositario de ese objeto fundamental del “fantasma fundamental” del analizante. Pero eso, dice Lacan, no es nada más ni nada menos que la Transferencia y “la implicación necesaria del analista en la situación de Transferencia. Y, provoque lo que provoque en el analista eso no justifica hacer intervenir algo distinto de la misma Transferencia, como si eso fuera “la parte propia del analista”; ni siquiera ve necesario nombrar esos fenómenos como CT, como si fuera la imperfección que hay que purificar o “la parte culpable del analista”, (Ej. de Neville Symington: analista apadrinador, analista parásito, de lo cual lograría deshacerse por haber comprendido su CT =  Fenómeno X)

Vuelve a decirnos Lacan que lo que aquí debe planearse es la cuestión del “deseo del analista” y hasta cierto punto su “responsabilidad”… Yo diría la responsabilidad de poner las cosas en el lugar que le corresponden y de intentar saber cuál es ese deseo más fuerte, que no es el particular del analista. Entonces, voy a intentar decir algunas cosas sobre ese sintagma deseo del analista, no ya con la contratransferencia, sino vinculado a la Transferencia.

 

Primero algunos datos sobre:

El devenir del concepto deseo del analista en la enseñanza de Lacan.

Este concepto progresa en paralelo a los avances sobre la estructura del deseo como tal y del objeto.

Antes de que aparezca el sintagma deseo del analista, hay en la enseñanza de Lacan una
búsqueda permanente de aquello que permite dirigir, hacer avanzar o concluir la cura.
Daré dos ejemplos:

En su escrito «El estadio del espejo como formador de la función del yo…», 1949,
cuando para él el deseo es deseo de reconocimiento, al final de este escrito sin embargo
dice lo siguiente: «En el recurso, que nosotros preservamos, del sujeto al sujeto, el
psicoanálisis puede acompañarlo hasta el límite extático del ‘tú eres eso’, donde se le
revela la cifra de su destino mortal, pero no está en nuestro solo poder de practicantes el
conducirlo hasta ese momento en que empieza el verdadero viaje». Podemos pensar que
si no depende sólo del poder del analista conducir al sujeto hasta ese final ¿Dependerá
del deseo y no de cualquier deseo? Eso aún no lo dice aquí sino muchos años después.
En otro momento, 1955/56, final del Seminario de La psicosis, Lacan ya ha introducido
la falta en el Otro por medio del significante fálico. Si hay Otro de la falta, hay Otro del
deseo. A partir del significante fálico ya no será tanto deseo de reconocimiento, sino
deseo de deseo (modalidad histérica del deseo como deseo del Otro). En este contexto
en el que hace una apuesta por el falo, por el significante, en el capítulo XXI se
pregunta por el analista y la cura. Y dice «La relación del significante y del significado
siempre fluida, siempre parece lista a deshacerse. El analista sabe, más que cualquier
otro, lo que esta dimensión tiene de inasible, y hasta que punto él mismo puede dudar
antes de lanzarse a ella. Aquí hay que dar un paso adelante, para dar a lo que está en
juego un sentido verdaderamente utilizable en nuestra experiencia». Es decir, el deseo
del analista (no nombrado así) aquí tendría que ver con una opción por el significante en la cura, presidido por el significante fálico o significante del deseo como deseo del Otro.

Es en 1958, en «La dirección de la cura cuando aparece por primera vez el sintagma
«deseo del analista», y esta vez vinculado a la Ética, y ya nunca más separado de ella,
ya que la experiencia psicoanalítica será una experiencia ética o no será. Y también
vinculado a los progresos a realizar en torno a la cuestión del deseo. «Está por
formularse una ética que integre las conquistas freudianas sobre el deseo, para poner en
la cúspide la cuestión del deseo del analista».

En su Seminario IV/»E1 deseo y su interpretación» (1958/59) vuelve a nombrar el deseo
del analista como aquel deseo que debe conducir al sujeto hacia otro que no es el
analista (anticipa el triángulo de Sócrates señalándole a Alcibíades que no es él su deseo sino Agatón, del Seminario de La transferencia).

El Seminario de La ética (1959/60) es el cumplimiento de lo prometido el año anterior.
Aquí sitúa el deseo del analista como un «no ceder ante el deseo», lo que, a nivel de la
cura se traduce por un lado en permitir que el sujeto advenga «allí donde eso era»; y por
otro en lo que es equivalente: conducir una cura hasta su final. Es decir que es un
principio ético que afecta las dos vertientes del deseo: deseo de saber y deseo en
relación al acto.

En «Observaciones sobre el informe de D. Lagache, 1960 avanza otros pasos. Dirá que
el sujeto, para realizarse como deseo debe reducir los ideales e ir más allá de las
identificaciones. Y que sólo el deseo del analista puede garantizar eso en la cura.
Es en el Seminario de la Transferencia, 1960/61, donde comienza a articular la
transferencia y el deseo del analista. Aquí descubre la naturaleza engañosa del amor y

del amor de transferencia, porque encubre el deseo.. Habla del deseo del analista como «pivote de la cura», porque su función es provocar el pasaje del amor al deseo.

En 1962/63 en su Seminario de la Angustia el deseo del analista le preocupa mucho aunque no lo termina de cernir y vincula su progreso a la teorización sobre el deseo y sobre su objeto a minúscula.

Y ya estamos en 1964. Dos escritos «Posición del inconsciente» y «Del trieb de Freud y del deseo del analista» y finalmente el Seminario XI de Los cuatro conceptos…. De aquí a 1967  con la Proposición de octubre de 1967). En estos años y en estas obras, este concepto sí alcanzará la cúspide de su formalización. Estos son los textos en los que me baso para presentarles el segundo y último punto que es la articulación entre T y deseo del analista. Pero antes decir que a partir de 1967 el uso de este sintagma declina. En “El reverso del Psicoanálisis (1970) cuenta con un nuevo instrumento “el discurso del psicoanalista”. Pero en la Nota a los italianos (1974 se vuelve a traer como “un deseo de saber inédito” sobre la falta de relación sexual. Y dirá más “No hay analista a no ser que ese deseo le surja”

– Transferencia y/o deseo del analista

Aquí veremos por un lado al deseo del analista cómo opera en la cura, sobre todo en la
transferencia, y por otro lado cómo surge al final de una cura. ¿Quiere decir que lo
veremos del lado del analista y luego del lado del analizante? Si y no, porque si
surge, al final, ya no es más analizante, sino analista.

En «Del trieb de Freud y del deseo del analista» de 1964 Lacan dice que «En última instancia lo que opera en un análisis es el deseo del analista». Desde el principio hasta el final. Pero ¿Cómo opera en la transferencia? Porque en un sentido transferencia y deseo del analista se oponen, y aquí  tendríamos que poner una «o» disyuntiva: o transferencia o deseo del analista, por ejemplo cuando Lacan dice en Los cuatro conceptos que: mientras “la T aparta la demanda de la pulsión”, como si fueran fuerzas contrapuestas y cada una tirara para su lado; en cambio el deseo del analista vuelve a juntarlas (se verá mejor).

Sin embargo, en el Cap. XII del mismo Seminario se decía que «La T es la puesta en
acto de la realidad del inconsciente», y que esa realidad es la «realidad sexual», que es
una verdad insostenible, entre otras cosas porque vehiculiza la castración y la muerte.
Entonces no es cualquier cosa lo que la T pone en acto… Y esto (la realidad sexual) no está alejado de la pulsión sino todo lo contrario. Lacan llama a esto «la pulsión de la realidad de inconsciente». En este sentido deberíamos decir Transferencia y deseo del analista, no
porque sean equivalentes sino porque trabajarían solidariamente. Bien, a veces sí, a veces no.

Lo que hay que ver, es que en la T se dan dos vertientes: una significante y otra de objeto.
La vertiente del significante (se habla del significante de la T) es la primera en aparecer
en la cura, la que provoca su lanzamiento: es la del SSS, de las sucesivas demandas, del
despliegue de la cadena, los sueños, los lapsus: la época dorada del inconsciente.
También de la alienación significante al Otro. El analizante se somete a la regla
fundamental de la asociación libre y su inconsciente aparece como saber, pero
conectado a un Sujeto que lo encarna en primer término, el analista. La T está aquí en
una vía de repetición. Pero esto mismo que hace arrancar la cura se convierte en un
obstáculo por dos razones:

Primero, porque la pura repetición automática, la pura metonimia de los significantes sin que nada los detenga haría, nos dice Lacan, que la T y por lo tanto la cura fueran interminables.

Segundo obstáculo, porque si bien esta asociación libre con la suposición de saber va produciendo significaciones y efectos de sentido, lo único que se revela en todo esto es el Wunsch, el deseo inconsciente capturado en el Otro (deseo del otro). Pero en cambio, lo que causa este deseo permanece oculto porque eso escapa a la dialéctica de la alienación significante, ya que su trama no es toda significante. En esta vertiente la T se opone al deseo del analista (que sería hacer brotar esa causa). Aquí la T aparece separando la D de la pulsión, o separando la D de la realidad sexual, lo cual es equivalente; Aquí la T hace como si la D fuera D de algo que el analista es o tiene (pecho, caca…) en lugar de ser lo que es: D vacía del ser que no se tiene. Aquí entonces la T aparta la D de la pulsión que en verdad es pulsión de un objeto vacío; y la dirige a la Identificación o al amor (aquí pueden darse todos los fenómenos descriptos en el punto anterior, de pasiones transferenciales o contratransferenciales…)

Pero si el deseo del analista está allí en esa cura, podrá ese analista conducir la misma T a un cambio de vertiente, es decir, hará que en ese lazo entre analizante y analista se
introduzca el objeto, lo que no es todo significante. Eso sería posible si el analista en primer lugar consigue salirse, desplazar el SSS desde su persona, al menos hacia elinconsciente como tal (es decir que el analizante pueda admitir que si alguien sabe alguna cosa, es su  inconsciente). Así el analista se desmarcaría, al menos durante algunos momentos cruciales, de ese lugar del Otro como saber donde lo había colocado el analizante.

Hay dos hitos en ese desplazamiento del SSS de la persona del analista hacía otro lugar.
Pero ya veremos como cada uno se convierte en un nuevo obstáculo para la cura (Todo
el tiempo se están venciendo y creando obstáculos y paradojas en la dirección de una cura).

Primer hito, cuando en medio del despliegue inconsciente, irrumpe de pronto el analista
como una presencia, dice Lacan, y ajena al saber. También aquí aparece el amor. Pero en ese momento ya no se trata de lo que sabe (incluso en el Seminario de la T dice que el amor también se despierta porque el analista no sabe lo que el analizante desea… lo que hace que el Sujeto se pregunte: si no sabe lo que deseo ¿Qué es lo que quiere de mi? Y el suponer que quiere su mismo objeto, su agalma, convoca el amor… lo hemos visto). Ya no importa lo que sabe, sino su presencia, que él está ahí, y el sujeto sólo quiere serle amable.

Posiblemente viene el silencio y el cierre del inconsciente que traba la asociación libre. Este es un punto en que la T (como amor) aparece como resistencia. Momento entre  imaginario y  real, también favorable para la aparición de los fenómenos que describíamos en el punto anterior. Podría llevar a la suspensión del análisis. O, por el contrario,  podrían caber nuevas maniobras si el deseo del analista siguiera operando. Y sería: aprovechar ese amor de transferencia; ya que el amor lleva al paciente a trasladar sobre el analista el objeto que es causa de su deseo (el suyo particular) y creer que el analista es amado porque él lo contiene, ese agalma, ese tesoro que Alcibíades atribuía a Sócrates. Sin embargo este es un nuevo engaño. Salvo que el analista pueda volver a desviar esa causa fuera de él. Mostrar que hay causa del deseo, pero es otra cosa, que no es el analista, que el analista sólo se ha prestado durante un tiempo a encarnarla, a hacerle de semblante, como dice Lacan. Es decir, se estaría reconduciendo la T hacia la vertiente del objeto, de un objeto que no estaría entonces en la persona del analista; y se estaría haciendo pasar del amor al deseo.

El otro hito por el que se desplaza el SSS de la persona del analista hacia otro lugar, es
el momento en que al haber movilizado el inconsciente, el síntoma se ha levantado o se
ha modificado (entonces, era en el síntoma donde había un saber…) Pero recordemos que los síntomas son reductos de ese goce que fue interdicto, como pequeños islotes donde algo del goce que no es posible se conserva, lo suficiente como para que el sujeto deniegue un poco la castración. Por eso no suele querer renunciar a su síntoma, y puede oponer al saber inconsciente que ha atentado contra él, la llamada por Freud «reacción terapéutica negativa», ligada a la pulsión de muerte y al masoquismo primario, es decir al goce. Aquí también el material inconsciente, asociativo, puede quedar interrumpido. Pero utilizando esto, también podría relanzarse la cura si el deseo del analista consigue hacer surgir otra vez, en la transferencia y en la cura, un material distinto a la repetición significante que el sujeto se encuentra ahora rechazando, y que es nuevamente algo del orden del objeto.

Como vemos, eso que es el deseo del analista como operador está permanentemente
ligado a las paradojas de la transferencia, tratando de mantener esa tensión y esa
pulsación constante entre apertura y cierre del inconsciente, aunque siempre apuntando
hacia el objeto, ya que el objeto a es la causa del deseo y es lo que traza el camino al
deseo del analista que para Lacan coincide con el fin del análisis.

Pero ¿Qué es eso que determina el fin del análisis? Freud se lo plantea en «Análisis
terminable e interminable» y dice que es en la castración donde se juega la salida de la
cura: en su aceptación o en su rechazo. Pero al mismo tiempo ve en esto un impasse, una “roca viva”. Porque, como hemos visto, el sujeto prefiere a veces tolerar el síntoma antes que aceptar la castración. Y porque puede que el paciente se niegue a abandonar al analista; diríamos que quiere mantener a toda costa el SSS que le garantiza ese deslizamiento interminable sin tropezar con nada de otro orden. Así, la cura se haría interminable.

Por otra parte recordemos que para Freud el deseo nace de la castración, de la ley del padre que prohíbe a la madre. Pero Lacan da en eso un paso más: ve que un deseo nacido de la castración, o tratado en la cura sólo desde ahí, finalmente es un deseo idealizado que busca la identificación y el amor (que es lo que buscaría el niño del padre a la salida del Edipo); pero no le haría saber nada al sujeto de la verdadera causa de su deseo (más bien le haría suponer que la causa es el Nombre del Padre); ni tampoco le hace saber del goce que está implicado en esa causa, que no es un artificio (como sí lo es el N de P), sino una causa real.

Esta causa real del deseo es con la que operaría el analista durante todo el análisis, como se ha visto (tratando siempre de dialectizar la Transferencia), pero más decididamente, (con un deseo decidido), si se llega al final. Esta causa es lo que Lacan llamó, y en esta época sí formalizó, a como lugar vacío. Vacío porque durante el análisis se le habrá ido despojando de los semblantes, representantes, “objetos parciales”, identificaciones y recubrimientos posibles, con los que el sujeto intentó llenar este agujero que quedó… ¿cuándo? Cuando el Sujeto se barró al entrar en el lenguaje, cuando el Otro lo perdió a él como objeto, cuando la madre apareció castrada sin niño- falo, cuando finalmente le apareció la falta de relación sexual o el menos del goce esperado, etc.; se puede decir de muchas maneras. Si el sujeto desea es porque hay ese vacío y tiende él; porque supone- pero sólo supone- que allí hubo un goce o “experiencia de satisfacción” (Al final quizá sepa que nunca lo hubo…)

Cuando esa división se produjo en el sujeto, este se alió con el más particular de sus objetos que fabricó con alguna condición de goce, e intentó de alguna manera rellenar ese vacío; y así armó su fantasma, eso que ya Lacan había nombrado Fantasma Fundamental. Según lo que Lacan teoriza como final del análisis en esos años en que formaliza el deseo del analista (64 y 67), sería de este orden: cuando ese objeto “relleno” se vuelve a vaciar al final de un análisis, el fantasma queda atravesado; es decir, el sujeto queda destituido (sin el sostén de su fantasma…), el agalma que ha creído ver en su analista (que no era otra cosa que su propio objeto), ya no tiene más razón des-ser… cae en el des-ser, y el hasta ahora analizante y nuevo analista ve que lo que él demandaba o hablaba en el análisis (la Demanda) va a desembocar en ese lugar vacío de la pulsión; y desde ahí va a operar con otros sujetos; es decir, el deseo del analista ahora está en ese analizante que ha devenido analista.

Sobre esto quiero decir dos cosas: 1- No es que esto que se ha descrito se cumpla de la manera exacta como se ha dicho. Es sólo una manera de sistematizar algo, teniendo en cuenta una estructura, que luego se articulará de una u otra forma según las particularidades de los sujetos que lleguen hasta el final de su análisis y devengan analistas. Pero algunas de estas cuestiones sí se escucharán o se tomarán en cuenta cuando se intente testimoniar de los análisis acabados desde el dispositivo del pase. También cada analista que haya conducido un análisis hasta el final, se presente o no su paciente al pase, incluso devenga o no analista, sabe hasta qué punto estas cuestiones se ponen en juego, y cuáles son sus límites en cada caso. Y 2- Como se ha dicho, hemos visto la cuestión del deseo del analista en relación al final del análisis desde los desarrollos de Lacan entre 1964 y 1967. Pero sabemos que se contemplan otras formas de terminar un análisis con producción de analista, como es que en el final se de una identificación al síntoma que habrá quedado como un rasgo, como una letra, como Nombre del sujeto; y que pertenece a los desarrollos que hace Lacan después de los 70 con el Nudo Borromeo. Incluso ese final de análisis que desde el Prefacio a la Edición inglesa de los Escritos, de 1976, Lacan parece postular como un paso del Ics Lenguaje a un Ics Real, con una especie de  “experiencia de satisfacción” que acompañaría este pasaje. Y aquí también L se estaría preguntando por ese deseo, pero lo hace sin nombrarlo como deseo del analista, sino de una forma singular (difícil!): habla de “otra razón que los impulsa a instalarse” (como analistas, luego de su análisis), otra distinta del dinero: “siendo la urgencia de dar esta satisfacción [“que marca el final del análisis”], interroguemos cómo alguien puede consagrarse a satisfacer esos casos de urgencia” Entiendo que aquí el deseo del analista sería deseo de dar o llevar al analizante a esa satisfacción del final (que a su vez ese analizante la desearía con urgencia), de ver que su verdad era “verdad mentirosa” (construida), y de vislumbrar esa otra dimensión- real- del Inconsciente.

No lo desarrollo aquí porque me he limitado a la formalización del deseo del analista, que se da en ese intervalo de tiempo que hemos tomado. Por otra parte, pienso que la identificación a un resto y a una escritura del síntoma, y el asomo al final de una modalidad del Ics como apareciendo cuando se agotan las asociaciones, los lapsus o los sueños, no sólo no se oponen, sino que deberían poder articularse a la cuestión del atravesamiento del fantasma que hace advenir el deseo del analista. Pero eso lo dejo para que lo hagan otros colegas, si lo desean.

Inés Rosales