El niño y su relación con los otros. Lo que los niños eligen

(Desarrollado en el marco de un Seminario sobre Psicoanálisis y Educación, en Soria, curso 2009-10)

Temas:

  • ¿Qué y cómo los niños eligen y los eligen?
  • ¿Qué queda en el adulto del niño que fue?
  • Concepto de neurosis infantil en el adulto y neurosis en el niño
  • Manifestaciones sintomáticas más frecuentes

- Lo primero que he pensado es que estábamos en un Seminario de Psicoanálisis y Educación, y que por eso tendría que decir algo sobre la relación entre ambos términos, aunque seguramente los colegas que estuvieron antes ya lo hablaron; pero yo quiero reflexionar brevemente a mi manera, sobre porqué el introducir conceptos del psicoanálisis puede servir a personas que tienen a su cargo la educación de los niños (y de las niñas; todo lo que diga vale, lógicamente para ambos, salvo cuando se expliciten las diferencias); encuentro al menos dos razones:

1ª) Porque un niño, ciertamente es a la vez objeto y  Sujeto de la enseñanza y del aprendizaje, y como tal tiene derechos y deberes. Pero también, como ya habréis visto, es un Sujeto del Inconsciente; esto quiere decir que tiene un Inconsciente, que es la principal hipótesis del Psicoanálisis, permanentemente contrastada en la clínica y en la vida cotidiana. Qué quiere decir que el niño tiene un Ics.? En primer lugar quiere decir que, como todos, está dividido: o sea que una parte de él puede querer una cosa, pero otra parte de él puede que desee lo contrario. Cuando un mal alumno dice: “Sí, este trimestre quiero portarme bien, hacer los deberes, estudiar…”, es verdad…sólo que otra parte de él quizá no lo desea (con un deseo inconsciente, que apunta a su verdad más íntima, y que tendrá que ver con lo que tenemos que hablar luego, sobre las elecciones de los niños). A veces eso que le pasa constituirá una inhibición (no poder aprender, o no poder encarar el estudio) y/o un síntoma (algo que finalmente le cree malestar a él mismo). Bien, en este caso tenemos que intentar saberlo para poder ayudarlo (Volveremos sobre la cuestión del Inconsciente)

2ª) Otra razón de la utilidad de los conceptos psicoanalíticos en relación a la Educación es: que entre los profesores y los alumnos se establece un vínculo de saber (ya sé que el saber del profesor está decaído, subestimado en nuestra época para muchos escolares, pero no para todos, o en todo caso habrá que apostar cada vez por revalorizarlo y porque el enseñante se haga merecedor de ello…) Digamos que al profesor se le supone que sabe o que no sabe (sabe o no su materia, transmitirla, etc.) Y muchas veces, ligado a esto, se establece también un vínculo de amor…o de odio, que es su contrapartida. Y bien, en Psicoanálisis saber y amor son los elementos de la Transferencia, concepto psicoanalítico fundamental. La Transferencia es suponer que el analista sabe lo que me pasa. De modo que el sujeto que se psicoanaliza le transfiere al analista el propio saber de su inconsciente. Por eso le ama…y a veces le odia. Pero sin esa Transferencia o suposición de saber no puede haber análisis. Creo que en la Educación, si bien se trata de una modalidad diferente de Transferencia, y de una modalidad distinta de saber, también hace falta que el niño crea y confíe que el maestro sabe, para querer aprender y aprehender  ese saber del maestro.

Saber que esas dos cuestiones se ponen en juego en el trabajo con los alumnos (que son Sujetos del Inconsciente, y que se establece un modo de Transferencia con el profesor) puede ser de gran utilidad. En todo caso podemos decir que, ciertamente el psicoanálisis no puede ofrecer una respuesta suficiente o total a las cuestiones de la educación. Pero si es posible pensar en ella con el psicoanálisis. Es decir, se trata de colaboración. Gracias al psicoanálisis, los maestros pueden reflexionar conceptos fundamentales, en sus alumnos y en ellos mismos, que estaréis viendo en este Seminario: teorías sexuales infantiles, libido, transferencia, inconsciente, pulsión…, lo cual implica una preparación apropiada del educador.

 

- Vamos a adentrarnos a pensar, entones, en el niño como Sujeto del Ics., y ya dentro de nuestro tema: ¿Qué es lo que un niño puede elegir, o de qué elecciones se trata en el Sujeto, desde que viene al mundo?

Las elecciones de las que os voy a hablar, evidentemente no son las elecciones conscientes: elegir un juguete, una ropa, ni siquiera un amigo…éstas en todo caso se derivarán de las que nosotros vamos a tratar, que son unas elecciones primarias, inconscientes, e incluso, aunque parezca contradictorio, elecciones forzadas, como decía Lacan. Entonces, otra vez nos topamos con el Ics. Ya lo habréis visto, pero repasémoslo para verlo desde nuestro tema.

¿Qué es? Decimos dos cosas del Ics.: que es el discurso del Otro y que está estructurado como un lenguaje. Las 2 fórmulas son equivalentes, porque quieren decir que nuestro Inconsciente está hecho de lo que el Otro nos ha hablado desde que llegamos al mundo humano, que es sobre todo un mundo de lenguaje (nuestra principal diferencia con los animales) Por eso el Ics. tiene estructura de lenguaje. Y lo que caracteriza al lenguaje, a la palabra, al significante, es que, dependiendo del contexto de la frase, una palabra puede querer decir una cosa, pero en otro contexto quiere decir otra cosa (ej. si digo “ven a mi casa”, casa es hogar. Pero si digo “eso no casa con mi forma de ser”, casa quiere decir concuerda…) Por eso lo que decimos ante el psicoanalista, quiere decir también otra cosa, que es lo que se escucha en el dispositivo analítico: el paciente dice una cosa, y el analista en ocasiones, escucha otra: es el fundamento de la interpretación. Y es esa propiedad del lenguaje (que una palabra remita a más de un significado), lo que provoca la división del  sujeto que tiene un inconsciente; en el ejemplo veíamos: que una parte del niño quiera cumplir con sus deberes, y otra parte se niegue a hacerlo, por otras razones más íntimas, más inconscientes, menos sabidas…pero que seguramente tienen que ver con algo del lenguaje, con algo que se ha dicho de él, con algo que se decía de sus padres, etc., etc. Por ejemplo, la fuerza o la debilidad que en esa familia tome la palabra deber, deber ser, tú debes ser tal cosa o tal otra… Puede que esa palabra tome una fuerza o una presión insoportable para el niño; o por el contrario, que nada signifique si está en una familia poco adaptada a las normas… En fin, si el niño fuera a un analista, eso se trataría de averiguar…

- Entonces, preguntarnos de qué forma comienza un niño a ser Sujeto del Inconsciente (o a tener un Ics.) es lo mismo que preguntarnos de qué forma se hace hablante; y esto nos dará la pauta de lo que es: la primera elección que todo niño hace. Vamos a tratar de explicarlo:

Cuando un niño nace, tiene un montón de necesidades confusas, que él no discrimina: no sabe si es hambre, frío, caca, nada, porque no tiene ninguna experiencia anterior, no tiene palabras para nombrar lo que siente, entonces no sabe qué es. Él solo llora, grita. Pero quien le recibe (llamémosle la Madre, puede ser otro), al grito del niño le va dando valor de mensaje y de pedido (Demanda), o sea, le va interpretando esas necesidades, y le va poniendo nombres, palabras: ahora lloras porque tienes hambre y te doy ñam-ñam, o leche; ahora lloras porque tienes caca y te cambio; ahora frío y te tapo. Le habla y le da, pero también le pide (también ella le demanda): come, déjate alimentar…  Y al hablarle y al darle y pedirle, a esas necesidades primitivas que él no discriminaba, las está transformando en Demandas. Al cabo de un tiempo el niño sí sabrá que tiene hambre, y que si llora será  la forma de pedir lo que después ya dirá ñam-ñam, teta, bibi o lo que sea…Aquellas necesidades primitivas, ya no serán puras, confusas como eran, porque se han convertido en demandas, es decir, en palabras, y el niño se estará convirtiendo en un sujeto de lenguaje.

Ésta es, pues, la primera elección que tiene que hacer el niño: elegir al Otro con su lenguaje; elige y acepta que sea el Otro quien decida qué es lo que él quiere cada vez (aunque no sea seguro que sea eso… da igual, él se entrega a ese Otro que es la madre); elige y consiente hacer de su llanto un pedido, una demanda de algo cada vez, y elige y acepta a su vez el pedido de la madre, que es, según el momento: come, haz caquita aquí en el orinal, etc.…Esta elección primera se resume en: elegir al Otro y al lenguaje que viene de él, y que Lacan la llama la “alienación al Otro”.

También desde el psicoanálisis se dice que el niño o la niña, en esa posición, es como el falo de la madre… es decir, es lo que viene a cubrir una falta sentida así desde la sexualidad infantil de la madre, según Freud.

Bien. Pero ¿podría el niño haber elegido otra cosa distinta? ¿Podría no haberse “alienado” al Otro, podría negarse a llenar la falta de la madre y a hacer él mismo de falo de la madre?, ¿podría negarse a ser hablado?  Dijimos que esta elección primera era una “elección forzada”. En este momento de su vida, elegir otra cosa, sería más que la psicosis, creo yo; sería casi la muerte del niño (a veces, por suerte muy rara vez, pero ocurre que el recién nacido no se deja alimentar, no responde a lo que se le ofrece, y puede que muera enseguida de nacer…) Pero para que el niño elija la vida en el sentido del lenguaje del otro, hace falta que el niño a su vez sea elegido por el Otro para empezar a hacerlo un Sujeto que habitará el lenguaje. Aunque esa elección del Otro, ya estaba incluso antes que el sujeto naciera, desde el mismo momento en que se empieza a hablar de él.

Entonces, este es un tiempo necesario de alienación al lenguaje del Otro, donde ambos, madre e hijo se hallan unidos en una especie de unidad ideal, unidos y hasta con-fundidos: cada uno cree que lo que él desea es lo que el Otro le pide y viceversa. Es la época en que la demanda de la madre hace que el niño libidinice objetos y partes de su cuerpo: así aparecerá el objeto oral (la boca o el pecho de la madre, o cualquier otro objeto que se chupe), el objeto anal (el culito, la caca, o todo lo que ensucie) como objetos propios de la sexualidad infantil, promovidos por la madre a través de lo que le pide al niño (que coma, que haga caca…)

Es una época de unión tal con el bebé, que muchas mujeres después recordarán como confusa, con una sensación de que no se podían despegar, algo entre el placer y el displacer… Y parece como si algo se supiera de esa necesidad de producir una salida, una separación de esta unidad, porque el mercado de trabajo manda que al cabo de 3, 4 meses, la madre se reintegre en su trabajo. Porque, efectivamente, de esta alienación necesaria en un momento, el niño deberá poder salir en otro momento.

Salir (o no) de esto que Lacan llamó también: “El circuito infernal de la demanda”, será la siguiente o segunda elección del niño (Fijaos en algo interesante: la primera elección es entrar, la segunda es salir, separarse) Pero, ¿cómo se sale, y qué estaría eligiendo el niño al elegir salirse de esta trampa del otro?

Se sale a través de una estructura que Freud nos enseña a reconocer, y que él llamó el Edipo. ¿Cuál es la verdad del Edipo? Que el niño se enamore de la madre y que desee la muerte del padre, eso es el mito. Pero lo que este mito nos deja como estructura, la verdad que arroja, es lo que a nosotros nos va a servir para pensar cómo el niño escapa de esa prisión con la madre. Esa estructura edípica es sencilla: en un momento dado del desarrollo del pequeño en que madura su percepción, él advierte que entre  él y la madre se introduce algo; percibe que la madre no sólo lo mira a él, sino que mira o se interesa también por algo que está más allá de él… comienza a percibir que la madre tiene otro interés, otro deseo que no es sólo él: Se da cuenta de la existencia de un tercero. Este tercero, generalmente es el padre y nosotros vamos a llamare así. Aunque en las familias monoparentales, donde sólo está la madre, este lugar tercero, esta función simbólica que llamamos “función paterna”, puede estar ocupado por otra persona o por otra cosa… a veces por ejemplo por la profesión de la madre, por la que ella vuelve a interesarse, y que cumple con esta función de separar un poco esa unión confusional entre madre-hijo.  Bien. Al ver entonces que la madre desea otra cosa o persona fuera de ellos dos, es como si el niño interpretara que él ya no es el falo de la madre. Y que si la madre desea algo, entonces es que a la madre le falta algo… y a él también, porque ya no la llena, ya no se completan mutuamente. Y esto, por un lado, es como un momento depresivo para el niño. Pero al mismo tiempo, si todo va bien, el niño se apoyará en ese deseo de la madre que ahora descubre que tiene,  y comenzará a desear él también otra cosa fuera de la madre… lo que hay más allá de la madre, y que Lacan dirá que el niño o niña comenzará a desear el falo (como aquello que representa tener un deseo propio). Si hay padre, comenzará a interesarse por el padre, o por la persona que sea, además de la madre. En última instancia, podríamos decir que esta segunda elección del niño, que consiste en salirse de la Madre (con mayúsculas) implica al mismo tiempo elegir al Padre (como equivalente a lo que está fuera de la madre y le permite separarse de ella): es lo que Lacan formaliza como “Metáfora paterna”.  Más tarde, cuando comience la Escuela, si todo va bien, el interés o el deseo, o la elección del niño se dirigirá a los otros niños, a los aprendizajes, a la cultura en general…En este sentido la Escuela tiene una función muy importante, aunque no siempre se sea consciente de ello: la de apuntalar esa separación necesaria de la madre, o de lo edípico, o de lo familiar en general

Pero en otro orden de cosas, en un orden más íntimo de la realidad psíquica de ese sujeto, al elegir salirse del circuito infernal de la Demanda con la madre, y comenzar a tener un deseo propio, también estará comenzando a elegir dos cosas más, vinculadas entre sí:

1- Estará eligiendo no ser psicótico: si el niño se queda alienado con la madre, no accederá tampoco a un lenguaje propio, que tenga un sentido para poder relacionarse con los otros… Se quedará con un lenguaje, sí, porque hasta ahí lo entró la madre; pero será el lenguaje incomprensible de los psicóticos: que usan frases sin sentido y neologismos en vez de usar las palabras pactadas en cada idioma, en cada lengua materna. En cambio, si elige no ser psicótico, es decir, abandonar la unidad ideal con la madre, entonces no tendrá más remedio que elegir esa división que produce el lenguaje, que dijimos que era el mismo inconsciente; pero esto es equivalente a elegir ser neurótico. Esta elección es lo que se llama la Neurosis infantil. Y esto- aunque suene extraño- es lo contrario de la Psicosis. Por eso, cuando vemos un paciente adulto o adolescente “límite”, de esos que es difícil saber si se trata de un psicótico o un neurótico- grave pero neurótico al fin-  lo primero que tratamos de investigar es si hubo o no “neurosis infantil”; es decir, si él nos puede o no dar cuenta, de alguna manera, de que no se quedó apresado; que tiene recuerdos de su infancia, es decir, que tuvo lenguaje y deseos propios, incluso que tuvo síntomas de pequeño… Por eso, los psicoanalistas hablamos de que la estructura común a la mayoría (casi seguro, a todos los presentes) es la normal-neurótica. Porque, tal como lo hemos ido explicando, todos estamos divididos por el lenguaje que dice lo que dice, pero también dice otra cosa… que nos hace querer una cosa, pero tal vez desear otra que es a veces lo contrario. Y que hace que, en algún momento de nuestra vida, todos hagamos un síntoma.

Pero, al elegir ser neurótico, también estará empezando a elegir en qué tipo de neurosis se decantará, o se decantarán sus síntomas cuando aparezcan… ¿Histeria? ¿Neurosis obsesiva? En general, es más frecuente que las mujeres se inclinen hacia la histeria, y los hombres hacia la neurosis obsesiva. Pero lo más frecuente es que los pequeños, niños o niñas  tiendan a hacer fobias…Quien más quien menos, de niño ha tenido algún miedo poco justificado: a la oscuridad, a los extraterrestres, o simplemente a algún animal; o bien ha tenido conductas evitativas, exceso de timidez, ganas de huir de determinadas situaciones. La fobia es la neurosis propia de la infancia. Incluso el llamado TDAH, cuando va acompañado de no poder estar el niño en un mismo lugar, resulta muchas veces una modalidad de fobia, de huída permanente del espacio donde le toca vivir, de temor a permanecer…Lo cual se habrá de ver en cada caso de qué escapa ese niño con sus movimientos imparables…Me trajeron a supervisión el caso de un niño con ese diagnóstico (del que nosotros creemos que se abusa, y que además no constituye una “estructura clínica” como la psicosis o las neurosis… más bien podría ser sí un síntoma de cualquiera de esas estructuras) Y precisamente tenía una madre tan tremendamente absorbente, tan controladora, tan descalificadora del padre, que sin duda el niño, con sus movimientos hiperactivos, vivía tratando de escapar, de evitar, podríamos decir,  volver a quedar atrapado en el “círculo infernal de la Demanda” de esa madre…Y también el llamado “fracaso escolar”, muchas veces tiene igualmente como trasfondo una fobia: a lo escolar, a dejarse prender en la relación transferencial con el maestro, etc.

Entonces, si la fobia es la neurosis infantil por excelencia, en un momento dado, hará de “plataforma giratoria” que decantará al sujeto hacia la histeria o hacia la neurosis obsesiva, que ya serán entonces, las neurosis del adulto, con el tipo de síntomas propios de cada una, etc.

2- Y la otra cosa que estará eligiendo el niño al salirse de la madre y comenzar a vislumbrar un deseo propio, es una elección de objeto, como le llamaba Freud. Y esto a su vez en dos sentidos: a) Según Freud, cuando el niño o la niña  resuelven su Edipo, de forma inconsciente ya se habrá producido su elección  por un objeto heterosexual o por un objeto homosexual (aquí entendiendo por objeto a la persona que elija) y b) También habrá elegido, entre los objetos libidinales de su cuerpo, aquellos que la madre libidinizaba con su demanda, uno de ellos como preferente para gozar con él ¿cuándo? Ya en su etapa infantil habrá mostrado su preferencia, por chupar, o por interesarse por su caca, o por mirar los genitales de otros niños, o hacerse mirar, etc. Pero luego, al poder hacer otro uso de su sexualidad, a partir de la pubertad y sobre todo en la edad adulta, será ese el objeto preferido de su fantasma ¿Qué quiere decir? Que los neuróticos necesitan fabricarse un fantasma erótico (tener una fantasía sexual) para poder relacionarse con el otro sexo. Porque, al haberse hecho hablante, el sujeto ha perdido el instinto animal. Por eso, ni un hombre puede acostarse con cualquier mujer ni una mujer con cualquier nombre. Cada uno puede con algunos…¿con quiénes? Con los que creemos que tienen un rasgo común entre ellos, que consuena con nuestro fantasma que, como hemos dicho, contiene un objeto preferente (oral, anal, algo de la mirada o de la voz), que es un objeto elegido o fabricado desde la infancia, aún cuando no siempre el sujeto sea consciente de ello. A su vez, esto generalmente estará relacionado con la neurosis elegida: en las histéricas el objeto preferencial es más bien oral (de ahí que los problemas con la alimentación suelen ser más frecuentes en las chicas) y en los obsesivos el objeto preferente suele ser más bien el anal. Esto sería lo que queda en el adulto del niño que fue.

Cuando un sujeto elige esta estructura -la más frecuente- entre normal y neurótica, también elegirá querer o no querer saber sobre él mismo, sobre el porqué de sus síntomas o de sus malestares cuando los tenga… Eso hará que el sujeto sea más o menos afín a su inconsciente; más o menos afín a un posible trabajo analítico. A veces, este rehusamiento del niño a querer saber lo que le pasa, puede hacer que lo extienda a no querer saber nada, y que rechace también el aprendizaje y cualquier otro saber que le puede otorgar la escuela…