La terapia psicoanalítica

A veces algo se le hace difícil de soportar a una persona: un hecho de la vida cotidiana que en otro momento había sobrellevado sin demasiadas dificultades; culpas, ansiedades, miedos o pensamientos dolorosos que aunque se sepa que no están suficientemente justificados, insisten en hacerse presentes; malestares corporales a los que la medicina no encuentra causa orgánica; angustia o rechazo ante las exigencias laborales o académicas, amorosas o sexuales; y en síntesis, cualquier síntoma que en un momento dado irrumpa en la vida de un sujeto, trayendo malestar a ese hombre o mujer, adolescente, niña o niño.

Una terapia psicoanalítica permite a esta persona desligarse de sus síntomas, y a la vez interrogarse sobre las causas de los mismos. De este modo, a medida que va hablando, va construyendo un saber que él/ella posee sobre sí mismo aunque sin ser consciente de ello: es esto, precisamente lo que permite su mejoría.

El terapeuta psicoanalítico acompañará con sus intervenciones, pero sobre todo con su escucha, este proceso que no consiste más que en hablar de lo que se sufre, se sueña o se recuerda, y en ser escuchado de una cierta manera.

 

Terapia psicoanalítica con niños

La propuesta anterior se reitera de cara al tratamiento con niños y adolescentes, con la única diferencia que, cuando se trata de pequeños, se les da la opción de que también hablen jugando o dibujando.

Problemas como fobias infantiles, enuresis, encopresis, anorexia, bulimia, fracaso escolar o dificultades en el comportamiento, pueden encontrar en el psicoanálisis una respuesta positiva para el niño/a, y una orientación para que los padres puedan situarse de una nueva forma frente a su hijo.

 

Inés Rosales