TÚ ADOLESCES – Creces, cambias, sufres…

Extraído del libro: HABLANDO CON ADOLESCENTES, de Manuel Baldiz y M. Inés Rosales. Editorial Biblioteca Nueva. Capítulo 1.

 

Ya irás sabiendo hasta qué punto los psicoanalistas nos ocupamos de las palabras: son nuestro instrumento de trabajo porque el inconsciente de cada cual está hecho de lenguaje, es decir, en tu caso, de todo lo que se dice y se ha dicho de ti, incluso desde antes de que tú nacieras…

Entonces, como te decíamos en la Introducción, vamos a pensar en las palabras adolescencia y adolescente. Y lo vamos a hacer desde la etimología y desde el sonido (Intentaremos ser breves, y tú un poco paciente. Te interesará)

Etimológicamente provienen del latín: adulescentia y adulescent o adolescent, que a su vez derivan del verbo adolescere, que significa crecer.  Pero gráfica y fonéticamente (por las letras y por el sonido) este verbo, que traducido sería adolescer, se escribe y suena muy parecido a  adolecer, que significa padecer de algo,  o carecer de alguna cosa. Y ambos contienen la partícula dol que remite a dolor. Adolescencia entonces, parece conllevar crecimiento, cambio, dolor y falta (¿Sientes que podrías estar de acuerdo, así, a primera leída?) Las definiciones que dan los diccionarios de la lengua castellana destacan la vertiente de tránsito, de pasaje, entre la niñez y la edad adulta: “Edad que sucede a la niñez, y que transcurre desde la pubertad hasta el pleno desarrollo”                                                                        

Utilizando el verbo como se hacía en latín podríamos conjugar: “tú adolesces”, que querría decir: “tú creces”. Y es verdad, no sabemos si fue recientemente o hace ya algunos años, pero es posible que hayas pegado un buen estirón ¡Y cuántos cambios en tu cuerpo! Además de ganar en altura, peso, masa muscular (con el consiguiente aumento de tu fuerza física), han cambiado tus proporciones: puede que se hayan alargado tus piernas, que se hayan redondeado tus caderas y crecido los pechos si eres una chica, y que tu espalda se haya puesto más cuadrada y te haya salido barba si eres un chico; y fundamentalmente tu aparato genital ha tomado la forma, el tamaño, la anatomía y la fisiología del adulto.

Y como el YO de cada uno está ligado a la imagen del cuerpo propio en el espejo (te contaremos más de esto en otro capítulo), entonces, al mirarte allí y ver qué diferente estás…  empiezas a sentir que tu YO también ha cambiado, y es posible que comiences a preguntarte ¿quién soy?, y a constatar que el niño o niña que eras, irremediablemente se ha perdido; se ha perdido para ti, y también para ellos, tus padres (cuestión sobre la que también volveremos en otro lugar). Posiblemente éstos sean momentos de adolecer, sobreviniendo sentimientos de falta, de pérdida, de inseguridad y de dolor…

 

TÚ CAMBIAS, ÉL CAMBIA…

Pero además están los otros chicos y chicas, tus semejantes, que también funcionan como espejos: tú te miras en ellos, que, al igual que tú, también han crecido y han cambiado. Algunos de los jóvenes de ambos sexos que escuchamos en nuestras consultas, creen que los otros están mejor que ellos ¿Quizá les ven más altos, más fuertes, más delgadas o mejor formadas, con proporciones casi perfectas, o facciones más delicadas o más recias, según el gusto o mejor dicho el ideal de cada uno?  Entonces, si es así, puede que a veces no se gusten tanto y sueñen con ser diferentes o con modificar alguna parte de su cuerpo; y hasta es posible que lo piensen con reiteración, y que miren a los demás y se comparen con insistencia…También en este punto ellos y ellas se duelen, y sienten que adolecen de lo que querrían tener, de lo que creen que el otro o la otra tiene más y mejor.

No sabemos si en algunos momentos esto te pasará a ti, pero, si es así, te vamos a confesar un secreto: Casi podemos asegurarte que ese íntimo amigo o amiga con quien te comparas y que crees que siempre sale ganando, también piensa que quien tiene las cosas (sean físicas o de otro tipo) que a él le faltan, de las que adolece, ¡precisamente eres tú! ¿Por qué pasa esto?

El Psicoanálisis nos enseña que lo que se desea nunca está del todo disponible, no se encuentra, está como perdido para cada uno… Entonces, se tenga lo que se tenga (belleza, dinero, gran inteligencia, etc.), nunca es suficiente para el sujeto, porque nunca es eso que busca sin cesar, y que supone (pero sólo supone) que quizá el otro sí  tenga la suerte de poseerlo. Y aunque se vayan obteniendo cosas, lo que en un momento se cree que es el verdadero objeto deseado ¡va cambiando constantemente! y va tomando diferentes nombres ¿Has visto que a veces piensas que lo que a ti te falta es tal o cual cosa, y, después de obtenerla empiezas a pensar que lo que en realidad quieres es lo de más allá?  Bien, esto es así; lo cual no significa que no intentes conseguir lo que te gusta, ni mucho menos. Pero sí está bien poder pensar que lo que se va consiguiendo nunca es todo, porque todo no puede tenerse, ya que siempre habrá esa impresión de que lo deseado está precisamente más allá; y eso vale para ti y para el más admirado o (¿por qué no decirlo?) envidiado de tus amigos y amigas

Pero no sólo el espejo y tus semejantes en los que te miras te indican que has cambiado. También los adultos te miran y te ven muy diferente de como lo hacían hasta hace unos años. Y si las cosas van más o menos bien, ellos te dan más derechos; pero también ¡te piden más responsabilidades! Y eso es así no sólo en casa y en el colegio (que ahora es enseñanza secundaria). También en lo social en general se te toma muy en cuenta. Fíjate: aunque no gusta pensar en esto, en muchos países la llamada “responsabilidad penal” comienza en la adolescencia. Y en otro orden de cosas, la misma publicidad te tiene muy en cuenta: jóvenes como tú (o tú mismo, vaya a saber…) salen como protagonistas en muchos anuncios; y en todo caso, muchos de estos reclamos van dirigidos a ti. Y es que se te considera un potencial comprador, y muy importante, ¡un consumidor hecho y derecho! Y claro, te quieren vender de todo, porque de alguna manera ellos también saben que tú buscas y no cesas de buscar esos objetos de deseo que, como decíamos, van cambiando constantemente…La ropa de moda, el móvil de última generación, ¡a veces la moto! (¿a que has tenido no pocas discusiones por ella con tus padres?)

No sé si te habrás dado cuenta que esta nueva mirada de los adultos hacia los adolescentes, no siempre es confiada. En ocasiones, a algunos mayores los más jóvenes les resultan un poco intranquilizantes…Y es que, de la misma forma como tú eres visto de una forma distinta, también tu mirada hacia ellos ha cambiado: ya no les ves ni tan grandes (a muchos tú les has sobrepasado en altura, posiblemente), ni tan poderosos (tú ahora tienes ganas de desobedecerles y lo haces a menudo). Tú les desafías de diferentes formas más de una vez, y casi seguro te gusta un poco descubrir que ellos van con más cuidado cuando se dirigen a ti. Pero a veces, este juego de miradas y de mutuas desconfianzas, puede agrandar las distancias que tu crecimiento ha hecho en cierto modo inevitable, causando dolor a ambas partes, a ti y a ellos; y más dolor aún cuando esos adultos son tus padres (tema que trataremos especialmente). ¿Ves? Aquí también se arma la serie: crecimiento – cambio – dolor.

 

PREGUNTEMOS A FREUD

Bueno, pero hay algo más, y muy fundamental que está contenido en los significados posibles de la palabra adolescencia que hemos ido apuntando. Es decir, algo que también y sobre todo tiene que ver con el crecimiento y con el cambio en el cuerpo; con lo infantil de lo que te estás separando; con algo que falta y que se pierde; y con el sufrimiento; pero a la vez, con una forma inédita de gozar: de gozar tu cuerpo y también, cuando eso ocurre, y por algunos momentos, el cuerpo del otro. Nos estamos refiriendo a la nueva sexualidad que este crecimiento te ha aportado; esa que posiblemente traiga ligado (¿o desligado?) al amor… Pero este tema sí que merece un capítulo aparte ¿No lo crees?

No obstante, te vamos a adelantar de qué forma Sigmud Freud (como ya sabes, el creador de la teoría y de la práctica psicoanalítica) concibió a la adolescencia.

Él hablaba de pubertad, que en el diccionario se define como: “Época de la vida en que comienzan a manifestarse los caracteres de la madurez sexual”. Y llama específicamente a uno de sus escritos: “Metamorfosis de la pubertad” (1).

Freud también ponía el acento en el cambio para explicar esta edad; en aquel  que se produce en la sexualidad. Lógicamente a ese cambio sexual lo vinculaba a algo muy real, como es un cuerpo que madura genitalmente hasta hacerse apto para la reproducción.

Pero ¿en qué otra cosa consiste ese cambio en materia sexual? Porque si se dice que la sexualidad del adolescente cambia, es en tanto se supone que antes de la pubertad o de la adolescencia lo sexual ya estaba, aunque de otra manera (¿lo habías pensado o experimentado acaso?).

Pues sí, para Freud hay una sexualidad infantil; y aún más, lo sexual se hace presente desde que el cachorro humano viene al mundo. ¿Cómo es esto? Bueno, eso puede pensarse así porque Freud dejó muy claro que la sexualidad es algo más amplio que la genitalidad (que es la posesión y el uso de los órganos genitales, masculinos y femeninos, ya maduros para poder reproducir)

Una vez hecha esta distinción, podemos entender que Freud hable de diferentes etapas de la sexualidad infantil, a las que también llama fases libidinales (a la energía sexual la llama libido). Te las contaremos brevemente.

Dice que luego del nacimiento, el bebé, niño o niña, concentra todo su placer, su energía, su libido, en la boca y en el objeto que chupa; porque mamar o chupar es su principal fuente vital: por donde consigue el alimento y el placer de succionar, y por donde empieza a conectarse con algo que el pequeño más tarde comprenderá que está fuera de él: la madre o quien la sustituya. Él ama el pecho o el biberón que le da la madre y hasta su propia boca o sus labios, más allá del alimento. Y con su llanto pide más satisfacción aún cuando ya haya saciado su hambre; y se duele cuando el otro no responde, y él siente que su objeto preferido se halla  perdido. Toda su sexualidad (¡ojo!, recuerda: no sus órganos genitales) está puesta en esa zona corporal y en esos objetos que le dan placer cuando los tiene, y dolor cuando se alejan de él. Esto es lo que Freud llama: “Etapa (o fase) oral”

Pasado un tiempo, la madre o quien lo cuida, empieza a exigirle a la niña o niño que sea más higiénico: que controle sus esfínteres, y que haga caca o pipí en el orinal, y ya no en los pañales. Esto le trae un poco de conflicto (y también a los padres), pero cuando consigue hacerlo donde su madre le pide, ¡oh!, ella se pone muy contenta, y le dice “¡muy bien, cuánta caquita!”, etc. etc. (¿Verdad que lo has olvidado? Aunque quizá te suene…). Entonces el niño o la niña descubre un gran placer en soltar su caca en el orinal cuando la madre se lo pide, por amor a ella; o en retenerla, para luego volver a dejarla en los pantalones…¡por odio a ella! Claro, el pequeño ya está aprendiendo que a veces se siente amor, y otras odio (o los dos sentimientos al mismo tiempo ¡qué lío!)Y también probablemente ya ha descubierto que su caca, tan aplaudida y tan bonita, resulta que luego esa misma persona que la alaba ¡la tira al W. C.! ¿Qué pasa aquí? Lo cierto es que, por todo eso, casi toda su libido, sus sensaciones placenteras o su sexualidad infantil está puesta en el ano y en los esfínteres que él hace (¿has observado que algunos niños pequeños, si los grandes se descuidan, son capaces de ponerse a jugar encantados con su caca?). Bien, a esta época corresponde lo que Freud llama: “Etapa (o fase) anal”

En otro momento, ya menos interesado por los placeres que le da su boca o su ano, si es un niño descubre su pene, con las sensaciones que esa parte de su cuerpo le produce. Cuando ve que las niñas y su madre no tienen lo mismo que él, primero intentará negarlo, dice Freud. Luego creerá que la niña lo ha perdido, quizá por haberse portado mal (quizá un adulto la ha castigado de esa manera) y teme que a él le pase lo mismo. (Freud dice que el niño temería en este sentido a su padre, por rivalizar con él por el amor de su madre). Es lo que Freud llama en el niño “Complejo de castración”. ¿Y qué piensa la niña cuando ve la diferencia sexual? Pues…según Freud ella también cree que debería tener pene como los niños…Que quizá se lo han sacado, o tal vez le crezca cuando pase el tiempo…Parece ser que ambos, niño y niña, temen o creen en una posible pérdida.

En fin, resulta un poco mítico todo esto; y es posible que lo sea. Es decir, que no necesariamente se constata tal cual así en la historia infantil de cada uno. Pero a nosotros los psicoanalistas nos sirve para entender algunas fantasías, o algunos síntomas de los sujetos, hombres y mujeres, quienes con frecuencia parecen evocar recuerdos o producir sueños que hacen alguna referencia a esto que dice Freud, y que para él constituye la tercera etapa de la libido o de la sexualidad infantil, a la que llama: “Etapa (o fase) fálica”, tanto para el niño como para la niña.

Antes de continuar, te vamos a contar a propósito de esto, el recuerdo que nos contó un adolescente: Nos dijo que, cuando él estaba en Párvulos a los cuatro años, tenía una banda de niños que se dedicaban a perseguir a las niñas (nadie se hacía daño, ni había conductas agresivas, y todos, chicos y chicas, parecían divertirse) Cuando las niñas, en razón del mismo juego, les decían tontos o les hacían burlas, los niños les respondían: “¡Si vosotras sois unos niños que os han cortado el pitito!”. Y te aclaro que el chico que nos lo contó, no era para nada machista, ni había tenido una educación sexista, sino todo lo contrario: tanto sus padres como el colegio donde asistía se caracterizaban por ser muy progresistas, en el sentido de no establecer ninguna supremacía ni el mínimo privilegio por pertenecer a un sexo biológico o a otro; que es, por otra parte lo que corresponde. Pero, te repetimos, no todos los sujetos pueden dar cuenta con esa claridad de esa etapa, tal como Freud la describe.

Bueno, y después de esas tres fases ¿Qué caminos toma la sexualidad? Freud dice que, pasado ese tiempo que te hemos descripto, el niño entra en la escuela, sus intereses sexuales infantiles se desvían hacia otros intereses superiores como los aprendizajes, hacia sus maestros, sus amigos y sus juegos; y hay como un tiempo de silencio de la sexualidad, al que llama: “Etapa de latencia” (aunque aclara que no se trata de un silencio total…muchos niños y niñas siguen investigando en su propio cuerpo o en de los compañeros… ¡jugando a médicos!)

Pero el tiempo pasa, las gónadas sexuales maduran…Y se produce el despertar de la sexualidad. Y según Freud, todos los objetos que habían estado sexualizados en la infancia (los objetos orales, anales, fálicos), despiertan, si, pero ahora al servicio de la nueva genitalidad, que a su vez, estará dispuesta para la reproducción. Bueno ¿Qué te parece? Contado así parece muy lógico, muy natural: el chico crece, maduran sus órganos genitales y tiende a unirse a una chica. La chica crece, hace el mismo proceso y se encuentra con él. Pasado un tiempo, pueden ser padres de un bebé. Pero el mismo Freud se da cuenta que no todo es tan sencillo en los humanos… ¿Verdad que no? Continuaremos este tema en otro capítulo.

 

Y ¿CUÁNTO DURA?

Así, en abstracto, es imposible determinar cuándo empieza y cuándo acaba la adolescencia; cuáles son sus hipotéticos límites temporales, por abajo y por arriba. Varía mucho según las épocas, según los sujetos y según los criterios que se utilicen para considerar que alguien ya, o aún… adolesce.  Dicho de otro modo: hay tres tipos de variaciones que si te parece, podemos ver algo de cada una, para entenderlas mejor:

1 – Las variaciones históricas. Piensa en la actualidad: Se ha producido algo así como un fenómeno de inflación o de ensanchamiento de la adolescencia, de modo tal que, en general, se inicia más pronto pero también se tarda más en abandonarla ¿Has visto que a algunas niñas de 11 o 12 años  ya les gusta maquillarse y vestirse como chicas mayores? ¿Y qué me dices de muchos chicos que casi llegando a los 30 años siguen viviendo con sus padres? Pensando en ir a la disco, vistiendo y hablando una jerga muy adolescente; o bien no pudiendo situarse en ningún oficio o profesión (más allá o más acá de los problemas reales que se producen en algunos momentos y lugares para encontrar trabajo y que por supuesto hay que reconocerlo para saber dónde empieza la responsabilidad subjetiva, de ese joven, lo cual conecta con el punto que sigue)

2- Las variaciones individuales. Son las que dependen de los rasgos particulares de cada caso. Es decir, que, más allá de la influencia de la época, tanto un chico o chica que adelanta la adolescencia como otro que la retrasa, están respondiendo a cuestiones propias, subjetivas, de su historia individual, que lo llevan a querer ser mayor más pronto o más tarde…

3- Las variaciones conceptuales. Son aquellas que hacen referencia al modo en que entendemos qué es eso de la adolescencia. Según lo que entendamos como más característico o específico de la edad adolescente, situaremos su inicio o su final en un momento u otro de la evolución psicológica; y hasta sería factible en algunos casos hablar de adolescencia perpetua, inacabable.

Los anglosajones utilizan un término que casi seguro conoces: teenagers. Y aquí incluyen las edades comprendidas entre los trece y los veinte, que son las cifras que en inglés terminan en la partícula “teen”: thirteen, fourteen, fifteen seventeen, eighteen, nineteen. Pero comprenderás que es algo bastante arbitrario…aunque no deja de tener cierto interés. Porque la cifra de los 13 tiene su gracia. En muchas chicas esa edad suele coincidir con la menarquia, es decir con el inicio de la menstruación. Pero además, el número 13 tiene leyenda, tradición…Digamos que es un número difícil (¡Oh! Eso también se dice de los adolescentes!) Y a veces hasta es, para algunos supersticiosos, un número maldito, de la mala suerte… ¡Esto sí que no! No es ninguna mala suerte convertirse en adolescente (Bueno, a veces la “mala suerte” es para algunos padres en los momentos en que sus chicos adolescentes se les ponen rebeldes…) ¡Y lo de malditos es pura calumnia! Aunque, entre nosotros… ¿Verdad que alguna vez cierta viejecita cruzó la calle para no toparse contigo y con tu banda? Es que veníais casi arrasando. Tanta energía y  tanta vitalidad, según como y a quien puede dar temor. ¿A que te habías dado cuenta?

Bueno, basta de bromas y pasemos a los 20. Es la cifra que se pone en el otro extremo ¿Sabes que a algunos jóvenes les cae mal cumplir 20 años? Cuando ya han pasado realmente muchos años más resulta incomprensible ese sentimiento. Y sin embargo alguna vez eso ocurre, y el chico siente como que ha concluido algo, como que debe despedirse, hacer el duelo de alguna cosa…

Como medida del fin de la adolescencia, la edad de los 20 es igualmente arbitraria. No obstante evoca el fin de una década, un cambio de dígitos; en definitiva, un salto simbólico ¿Será por eso que da un poco de tristeza?

Fíjate que el origen del sistema decimal se basa en el hecho de que los seres humanos empezamos a contar con las manos, y con ellas podemos contar hasta diez. De ahí  que los cambios de década siempre tengan un valor simbólico muy fuerte. Y aunque el pasaje de la adolescencia a la edad adulta no tiene por qué coincidir con el momento de los 20 años (¡hay veinteañeros muy poco adultos!), puede resultar una cifra adecuada para representar algo de una especie de acabamiento o de final. Un equivalente imaginario de un cuerpo completo con sus veinte dedos de las manos y los pies.

Pero… ¿No nos estamos adelantando demasiado, hablando de un posible final de la adolescencia, cuando recién vamos por el primer capítulo?